martes, 16 de marzo de 2010

"Up": Una maravillosa historia de amor en 4 minutos

Up”, la última película de Pixar, es una cinta llena de magia y ensueño, pero rebosante de humanidad, al mismo tiempo; una historia fantástica, pero a la vez con los pies en el suelo: con enseñanzas muy humanas, muy familiares, muy... cotidianas.

En este cuento irreal, se anudan sentimientos muy reales y valiosos: el cariño en los detalles, el amor de cada día, la ternura en lo concreto; y nostalgia, bondad, alegría; y compartir las tristezas y los gozos, que es compartir la vida entera; y la amistad de un anciano con un niño, y redescubrir en esta amistad la ilusión perdida... ¿Cómo no va a emocionarnos una película así?

Con todo, lo mejor de ella está en los primeros quince minutos. Tiene un arranque espléndido, en el que un niño de apenas diez años -el aventurero y soñador Carl- descubre un buen día a la mujer de su vida: Ellie, una niña aún más soñadora y aventurera que él, que le muestra su pequeño album de aventuras ("My Adventure Book") y le habla de un lugar maravilloso e ignoto... A ese lugar -“Las cataratas del Paraíso”, en plena selva venezolana- sueña con ir algún día, y él promete sobre su corazón que algún día la llevará allí...

Y de repente, llega una auténtica joya en miniatura: la comprimida historia de amor (sin diálogos, en tan solo 4 minutos) entre el protagonista y esa compañera de viaje que, en apariencia, se fue de este mundo sin ver cumplido su sueño. Es, sin duda, un momento excepcional (que el espectador infantil no comprenderá tan bien como el adulto), porque esa historia de Carl y Ellie es una historia sencilla, como tantas otras, pero llena de amor en sus pequeños detalles.

La vemos transcurrir en silencio, contada con ilusión y ternura, desde el comienzo en una boda alegre -que cambia el rumbo de sus sueños infantiles- hasta el triste final de una separación... que sólo en apariencia es definitiva.

Es una auténtica lección de amor en el matrimonio, y por eso creo que puede utilizarse con fines didácticos: para un modesto cine-fórum que sólo necesita 4 minutos para hacernos pensar, y conmovernos.

Os ofrezco aquí esta magnífica secuencia y luego dejaré algunos puntos para un posible cine-fórum: para pensar y dialogar sobre amor, familia y matrimonio.


(Para ver el vídeo en Facebook, pincha en el recuadro de abajo "Ver la publicación original")

Puntos de análisis de la secuencia:
1. Dos familias que se encuentran; y, a veces, la de ella es distinta a la de él...

2. Casarse es compartir tareas, sueños y aficiones; y, sobre todo, proyectos...

3. El primero de ellos es la propia casa: crear un hogar.

4. Olvidar y disimular los errores del otro (escena de las marcas de las manos en el buzón recién pintado).

5. Amar es también soñar con los hijos (escena de las nubes y de la preparación del cuarto).

6. ... Y, también, aceptar que Dios no quiera enviarlos.

7. En ese caso, Dios pone delante otros horizontes y otras aventuras.

8. Sueños grandes y realidades menudas: ahorrar para una ilusión (el bote de cristal)... aunque luego no llegue a cumplirse.

9. Siempre lo mismo, un día y otro, con ilusión renovada (El nudo de la corbata, la limpieza en la casa, la lectura en el salón).

10. Siempre enamorados, como el primer día (escena del baile, cuando son ancianos).

11. Valorar las ilusiones del otro. Y sorprenderlo (el billete a Venezuela).

12. "Hemos vivido una gran aventura: ahora sigue tú". El adiós definitivo.

(¿Queréis añadir algún punto más? Espero vuestros comentarios...)

lunes, 15 de marzo de 2010

Katyn arrasa en los XV Premios de cine Alfa y Omega

La semana pasada se entregaron en Madrid los "Premios de Cine Alfa y Omega 2009". La película “Katyn”, en la que Andrej Wajda cuenta la masacre de 22.000 oficiales polacos -uno de ellos su propio padre- a manos del ejército soviético en 1940, ha sido la gran trinufadora con cuatro importantes galardones: mejor película extranjera, mejor director, mejor película con valores religiosos y mejor película histórica.

La película recuerda el crimen soviético, no reconocido por Rusia hasta el 1990, cometido mientras la URSS invadía Polonia por el Este y los nazis por el Oeste. Y lo cuenta de una manera muy original, a través de los últimos días de los oficiales asesinados. El bosque cercano Kiev donde murieron los militares polacos por orden de Stalin da nombre a la cinta.

La siguiente película más premiada ha sido “Amazing Grace”, de Michael Apted: un homenaje a William Wiberforce, parlamentario de la Cámara de los Comunes, que dedicó su vida entera a la lucha contra la esclavitud y las injusticias sociales. Este filme comparte con “Katyn” aspectos como su carácter histórico y la importancia que tiene la fe para sus protagonistas. Pero sus dos premios fueron de menor entidad: mejor actriz de reparto para Romola Garai, como la entusiasta novia -y luego esposa- del político William Wilberforce; y mejor banda sonora por la "vigorosa y emotiva” partitura de David Arnold.

Los otros galardones en el campo de la interpretación (siempre relacionada con valores cristianos) estuvieron muy repartidos: Melissa Leo se llevó el de mejor actriz por “Frozen River”, Clint Eastwood el de mejor actor por “Gran Torino”, y Frank Langella el de mejor secundario por “El desafío. Frost contra Nixon”.

El premio al mejor guión ha sido para “Despedidas” (Yojiro Takita), la delicada historia de un violonchelista que se ve obligado a trabajar en una empresa funeraria de un pequeño pueblo. En el terreno artístico, “Slumdog millionaire” se alzó con el premio a la mejor fotografía.
De todas estas películas (especialmente de “Katyn, “Amazing Grace, “Gran Torinoy “Slumdog millionaire) os hablé en el post dedicado a Las mejores películas de cine espiritual en 2009, y me alegra ver que, en lo referente a las cintas con con valores cristianos, coincido con el jurado de los Premios Alfa y Omega.

Finalmente, la película “Up”, de Pete Docter y Bob Peterson, ha ganado el premio a la mejor película familiar, y “Still Walking”, de Hirokazu Koreeda, el galardón a la mejor película sobre la familia.

El acto de entrega de los galardones estuvo presidido por el obispo auxiliar de Madrid, monseñor César Franco, y fue presentado por el director del semanario Alfa y Omega, Miguel Ángel Velasco. El director del Departamento de Cine de la Conferencia Episcopal Española, Juan Orellana, leyó los premios en nombre del jurado.

Un análisis detallado de estos premios podéis verlo en CinemaNet.

viernes, 12 de marzo de 2010

Gary Cooper, la Iglesia Católica... y un amigo fiel

En la historia de cada conversión, junto a la insondable intervención divina, se da también la mediación humana: un amigo, un familiar, un compañero de fatigas... que sabe orientar, sin violencia, en el momento oportuno…

Frank James Cooper nació en Montana (Estados Unidos) el 7 de mayo de 1901. Era hijo de unos inmigrantes ingleses, que poseían de un inmenso rancho. El futuro actor aprendió allí a montar a caballo, habilidad que demostraría después en numerosos westerns.

Tras cursar estudios primarios en Inglaterra, regresó a montana y trabajó como dibujante de tiras cómicas en diversas publicaciones. Después decidió probar fortuna en el cine, y en los años veinte logró pequeños papeles en películas del Oeste, en las que ya se acreditaba como Gary Cooper. A mitad de los treinta es una de las máximas estrellas de Hollywood: rueda grandes filmes como “Adios a las armas” (1932), “Tres lanceros bengalíes” (1935) o “Beau Geste” (1939). En 1941 logra su primer Óscar por “El sargento York”, y en 1952, el segundo por “Sólo ante el peligro”.

Precisamente en esos años es cuando tiene lugar su encuentro con el Papa Pío XII. Su esposa y su hija eran católicas, y él accedió a acompañarlas cuando consiguieron ser recibidas por el Santo Padre. En el libro que escribió sobre su padre, su hija Mary recordaba aquel momento: “El entusiasmo nos embargó a todos a medida que se aproximaba la audiencia con el Papa. (…) Estábamos todos en una sala dorada del Vaticano con una veintena de invitados más. Habíamos comprado rosarios, anillos y medallas para que los bendijera Su Santidad, y papá tenía un buen puñado de esos objetos en sus manos. Cuando el Papa llegó a su lado, quiso arrodillarse para besarle la mano, y perdió un poco el equilibrio. Se le cayeron entonces todas las medallas, perlas y rosarios, que rodaron con estrépito por toda la habitación. Algunas quedaron bajo el manto del Pontífice, que supo sacar a mi padre de su monumental vergüenza con una sonrisa y un gesto de comprensión”.

A mitad de los cincuenta –sigue recordado su hija- “comenzó a pensar en su posible conversión. No hablaba mucho de ello, simplemente nos acompañaba a Misa casi todos los domingos. La excusa que daba era que deseaba oír los fantásticos sermones del padre Harold Ford”.

Este joven y celoso sacerdote correspondió al interés de Gary Cooper con una dedicación entusiasta: “No le sermoneó con el azufre y el fuego del infierno –escribe Mary en su libro- sino que supo hacerse amigo suyo. (…). Mi madre le invitó un día a merendar para que pudiera charlar con mi padre. Y, nada más entrar en la sala de armas, se ganó a mi padre manifestando un gran deseo de practicar la caza y la pesca. En los meses siguientes fue su compañero inseparable en el buceo, la caza y todo tipo de excursiones”.

Durante aquellas salidas, el padre Ford fue explicando a Gary Cooper la riqueza insondable de la Fe católica. Y, cuando ya casi estaba decidido, le dio a leer “La montaña de los siete círculos”, una autobiografía del monje Thomas Merton en el que narra su conversión. Aquello fue el empujón definitivo. El ya veterano actor se bautizó en la Iglesia católica en mayo de 1959, apadrinado por su amigo Shirley Burden, que era también converso.

A las pocas semanas de su conversión, empezaron a manifestarse los primeros síntomas del cáncer que le llevaría a la tumba. Luchó en silencio con su enfermedad, mientras rodaba sus últimas películas: “El árbol del ahorcado” (1959), “Misterio en el barco perdido” (1960) y “Sombras de sospecha” (1961). Con la salud ya deteriorada, en 1960 recibió un Óscar especial de la Academia “por su larga y extraordinaria carrera”. Durante 35 años, había intervenido en más de cien películas, la mayoría como protagonista. Murió el 13 de mayo de 1961 y fue enterrado en el cementerio católico de Santa Mónica.

En octubre de ese año, Thomas Merton escribió una carta a su hija Mary en la que le decía: “Como todo el mundo, yo también adoro las películas de Gary Cooper. Aunque sea monje, me encanta verlas. Incluso tuve la secreta esperanza de que, si algún día ‘La montaña de los siete círculos’ se llevaba a la pantalla, tu padre sería el protagonista del filme. Por muchos motivos, me hubiera gustado mucho que hiciera ese papel”.

La influencia de su conversión fue enorme en el mundo de los artistas. Ernest Hemingway, que fue un gran amigo suyo, recuerda que pocas semanas antes de la muerte del actor hablaron largo y tendido sobre el catolicismo. Al final, con la voz muy seria, Gary Cooper le dijo: “Tú sabes que tomé la decisión correcta”. Según reconoció después, Hemingway no olvidaría nunca aquella conversación. Aquel moribundo tumbado en la cama le había parecido la persona más feliz de la tierra.

viernes, 5 de marzo de 2010

“The Blind Side”, un filme cristiano candidato a los Oscars

The Blind Side” es, sin duda, la gran sorpresa del año. Estrenada de modo discreto en Estados Unidos, la película alcanzó de repente un formidable éxito de taquilla y ha terminado por ser una de las cintas más vistas el pasado año. El filme costó 29 millones de dólares, y en poco más de 2 meses superó los 210 millones de dólares en la taquilla de Canadá y Norteamérica. Muchos atribuyen ese éxito a la brillante interpretación de Sandra Bullock, y como consecuencia, esta actriz se ha convertido de la noche a la mañana en la intérprete más taquillera de Hollywood. Como señalaba la revista "Variety", Bullock ha conseguido el curioso récord de ser “la primera actriz en superar los 200 millones de dólares en una película protagonizada por una mujer”.

Todo esto tendría sólo un moderado interés si no fuese porque “The Blind Side” es… una película de inspiración cristiana. Desde su estreno, surgió en los medios de comunicación norteamericanos un profundo debate acerca de los valores y las creencias en el cine, y muchos espectadores cuestionaban abiertamente a las grandes productoras: “¿por qué no se ve más a menudo un cine así?”. Se referían, por supuesto, a un cine que represente los valores cristianos. No es extraño, por eso, que varias instituciones ligadas a distintas confesiones cristianas hayan organizado un gran movimiento de apoyo al filme, y hayan conseguido movilizar masivamente a las audiencias, como ya ocurrió con “La Pasión de Cristo”, “Prueba de fuego” o “Bella”.

La verdadera sorpresa del filme –más sorprendente aún que su éxito en taquilla- ha sido el haber logrado ¡dos nominaciones importantes a los Óscars de la Academia!: el de mejor película y el de mejor actriz...
 Si bien el primero parece difícil, el segundo es mucho más que una mera posibilidad. De hecho, en la pasada edición de los Globos de Oro -considerados “la antesala de los Oscar”- Sandra Bullock se llevó por esa interpretación el premio a la Mejor Actriz del año. Ahora mismo, las encuestas la señalan como la candidata a llevarse el Óscar, que sería el primero en su carrera como artista. Hollywood podría reconocer así el creciente auge del cine cristiano en la industria del cine. Un cine familiar, que no está ni muchísimo menos reñido con una excelente calidad técnica y narrativa.

Basada en hechos reales, “The Blind Side” (aún no tiene título español) narra la historia de un joven afroamericano sin hogar, Michael Oher, que encuentra ayuda y cobijo en una familia blanca, dispuesta a prestarle el apoyo necesario tanto en su relación con los demás como en su aspiración de convertirse en estrella de fútbol americano. El apoyo le vendrá, sobre todo, de su madre adoptiva, Leigh Anne Tuohy, una madre luchadora y devotamente cristiana que infundirá en él autoestima, afán de superación, capacidad de perdón y una profunda fe en Dios. Por su parte el chico también influirá en la vida de los miembros de la familia Touhy, cada uno de los cuales atravesará experiencias muy significativas de amor y redención personal.

La cinta, del director John Lee Hancock, presenta de modo muy atractivo la evolución de Oher: de adolescente desarraigado y abatido por los golpes de la vida, a ser una estrella de fútbol en los Ravens de Baltimore.

Con todo, el punto fuerte de la película es, sin duda, la interpretación de Sandra Bullock, que ofrece aquí la mejor actuación de su carrera. Este trabajo le ha valido primero el reconocimiento unánime de la crítica; y después -hace un par de meses-, el Globo de Oro como mejor actriz dramática. La pregunta es: ¿conseguirá también el premio de la Academia?

La respuesta, este domingo 7 de marzo, en la gala de los Oscars.

miércoles, 3 de marzo de 2010

La conversión de Eduardo Verástegui

En la vida de cada persona, Dios ha dispuesto el momento de la luz, del encuentro, de la conversión. A veces aparece de repente, sin un motivo previo, como en San Pablo. Otras, como en San Agustín, viene precedido por años de oración y de sufrimiento: la oración y las lágrimas de una madre que arrancan del Cielo una gracia formidable. Esa es también la historia de Eduardo Verástegui.

Nacido en Tamaulipas (México) el 21 de mayo de 1974, Eduardo fue el primer hijo de José Verástegui y Alicia Córdoba, un matrimonio de agricultores que habían contraído matrimonio un año antes.

Tras una infancia agitada, en 1991, con sólo 17 años, abandonó los estudios para irse a México D. F. y probar fortuna en el mundo del espectáculo. Trabajó como camarero durante un par de años y en enero de 1994 puso en marcha el grupo musical Kairo junto con tres amigos. Su primer disco fue “Signo del tiempo”, que se hizo muy popular entre los adolescentes. Su single “En los espejos de un café” se repuso durante meses en les emisoras de radio. Después llegaron otros dos discos: “Gaudium” en 1995 y “Cara a cara” en 1996. Estaba en la cresta de la ola cuando decide separarse del grupo y continuar su carrera musical en solitario.

Por aquella época, fue contratado como actor en varias telenovelas mejicanas: interpretó a Daniel en “Una luz en el camino” (1997), a Manuel en “Soñadoras” (1998), y al Dr. Ramiro Belmont en “Tres mujeres” (1999). Simultáneamente, trabajó también como modelo para diversas marcas internacionales: Calvin Klein, Coca-cola, Verssace…

Creció entonces su fama de vida licenciosa, de “latin lover” y de amigo de fiestas nocturnas. Sus padres sufrieron mucho en aquellos años, como recordará tiempo después el propio Eduardo. Su madre, al ver que no hacía caso de sus reconvenciones, empezó a rezar por él, pidiéndole a la Virgen de Guadalupe que su hijo se convirtiera.

Creo que las oraciones de mi madre han tenido mucho que ver en mi actual estilo de vida –reconocía en una entrevista-. Ya sabes lo que se dice: 'No hay nada más poderoso que las oraciones de una madre por sus hijos'. Después de ver mi caso, estoy convencido de ello. Todo el cambio que he experimentado en mi vida, las personas nuevas que se me acercaron en mi crisis, no me cabe duda que han sido fruto de las oraciones de mi madre”.

Con 28 años consigue dar el salto a Hollywood y ser contratado como actor en la película Chasing Papi (2003). Un buen día su vida da un giro de 180 grados cuando su profesora de inglés le hace reflexionar sobre el vacío de su vida: “Cuando caí en la cuenta de que tenía razón, empecé a temblar por dentro todas las noches”. Un sacerdote mexicano se cruza en su camino y le ayuda en esas horas de angustia. Le proporciona lecturas que le hacen descubrir la hermosura de la vida cristiana. Sobre todo, se queda fascinado al leer una biografía de S. Francisco de Asís.

Es el principio de su conversión. Comienza a asistir a misa todos los días. Con ayuda de otro sacerdote, D. Francisco, se decide a hacer una confesión general. “Tras una larga preparación –cuenta el propio Verastegui- hice una confesión de casi tres horas que me dejó exhausto, pero plenamente feliz”. Es lo que el actor considera su segundo momento de conversión. “Comprendí que no había nacido para ser actor u otra cosa, sino para conocer, amar y servir a Jesucristo”.

Empujado por el fervor de la conversión, decide vender todos sus bienes e irse a Brasil como misionero; pero su confesor he hace ver que Dios le quiere en medio del mundo: es ahí, en el ámbito de las películas y en su trabajo como actor, donde puede encontrar a Jesucristo y donde —mejor que nadie— puede darle a conocer: “Ahí Cristo es más necesario, si cabe, que en la jungla”.

Convencido de esta misión, funda con Leo Severino y Alejandro Monteverde una productora “para la realización de filmes de grandes valores espirituales y morales”, y la denominó Metanoia (conversión, en griego). En su primera rueda de prensa, declaró: “Nunca más volveré a trabajar en un proyecto que ofenda a mi fe, a mis convicciones morales o a los de mi raza”. Y, en efecto, su película Bella (2006) fue un canto a la vida y a la dignidad de la persona humana, y un valiente alegato contra el aborto. De hecho, más de cincuenta mujeres —según afirma el propio Verástegui— decidieron continuar con su embarazo después de ver la cinta, “y ésa ha sido mi más preciada recompensa”, afirmó.

Antes de iniciar la promoción de la película, fue al santuario de Nª Sª de Guadalupe para ofrecer a la Virgen su película y pedirle a Ella que hiciera un gran bien en favor de la vida. Contra todo pronóstico, ese modesto filme ganó el primer premio en el famoso Festival de Toronto. En los meses siguientes, y apoyado por cientos de voluntarios, consiguió una gran promoción de la película en las semanas previas a cada uno de los estrenos. País por país fue trabajando uno a uno los mercados cinematográficos para que todoslos que quisieran pudieran verla. En España y en México llegó a colarse entre los filmes más taquilleros de 2008.

Cuando la cinta terminó su carrera, otros proyectos le aguardaban en su cartera: un cortometraje maravilloso (The Butterfly Circus, El circo de la mariposa) con el que ha ganado diversos premios (podéis verlo aquí); un proyecto sobre la vida de Jesús (Kingdom Come), del que os hablé en otro post, y que ahora lucha denodadamente por salir adelante.
Comprometido con la causa “pro-vida”, ha participado en campañas de apoyo a madres desasistidas y ha proclamado a los cuatro vientos que “el aborto es un crimen contra la mujer y contra la humanidad”. En esta línea, ha colaborado con diversas iniciativas pro-vida, como “Red madre” o “Derecho a vivir”.

Recientemente ha confesado que volvería a vender “perritos calientes” en su Tamaulipas natal antes de rodar una película de la que pudiera avergonzarse algún día: “Si el día de mañana voy a casarme y tener hijos, que mis hijos estén orgullosos de su padre. Si he decidido llevar una vida íntegra, debo serlo hasta el final. No me gustan las medias tintas. Sea quien sea quien esté detrás del mejor proyecto, no voy a hacer nada que vaya contra mis principios; porque si acepto, eso es venderme y volveré a acabar viviendo una mentira”.

Cuando le preguntan qué es lo que más ha aprendido de sus padres, no duda en responder: “Mi fe. Es un regalo que Dios me dio a través de ellos”.

martes, 23 de febrero de 2010

Las 100 películas más inspiradoras: un comentario

Ayer publiqué en este blog el listado que el American Film Institute ha dado a conocer como los “100 Most Inspiring Films Of All Time”. Los títulos en español podéis verlos aquí. Son películas que han contribuido a inspirar en las audiencias actitudes y valores positivos.

El número 1 lo ocupa "Qué bello es vivir" (1946), del siempre estimulante Frank Capra. Un canto a la esperanza, que representa lo mejor del espíritu navideño y que ensalza también los valores familiares. Además, cuenta una historia de heroísmo individual, verdaderamente ejemplar, que termina con ese apoyo firme de la comunidad a quien ha gastado su vida en servicio de todos.

El número 2 lo ocupa "Matar a un ruiseñor" (1962), que transmite hermosas lecciones sobre la integridad, la justicia, el sentido del deber, el valor de la familia y la importancia de servir a los demás.

Otras películas incluidas en las primeras posiciones son: "La lista de Schindler" (nº 3, 1993), la historia real de un católico poco ejemplar que, sin embargo, fue capaz de salvar a varios centenares de judíos con altas dosis de generosidad; "Salvar al soldado Ryan" (nº 10, 1998), una cinta de heroísmo y valor, en medio de miserias y debilidades; o "El milagro de Ana Sullivan" (nº 15, 1962), el relato –basado también en un caso real- de una maestra que se empeñó en enseñar a comunicarse a una niña ciega y sorda, y logró un auténtico milagro gracias a su tesón y a su entrega.

Aunque algo más abajo (nº 23), y con diálogos un poco fuertes, "Cadena perpetua" (1994) es un drama carcelario que afronta bellamente tres temas fundamentales: la amistad, la esperanza y la redención. El momento en que el protagonista “regala” unos minutos de música clásica a los presos refleja mejor que mil discursos esa libertad interior que ninguna cárcel del mundo podrá amordazar jamás.

Ayer os decía que, aun gustándome mucho este listado del AFI, había algunos puntos que no terminaban de convencerme. En concreto, me parece que el filme "Carros de fuego" está en un lugar demasiado bajo (nº 100, el último lugar), cuando es una historia que rezuma inspiración y espíritu altruista. A la vez, otra cinta más efímera (como "Philadelphia") está claramente aupada para apoyar una causa concreta: el lobby homosexual.

Por otra parte, se echa en falta en ese listado una grandísima película como "Un hombre para la eternidad" (1966), ganadora de 6 Óscars y de otros muchos galardones. En ella se percibe la grandeza de un hombre que es capaz de renunciar a los cargos más altos antes que quebrantar sus principios; por eso se opone a las veleidosas pretensiones de Enrique VIII. Curiosamente, Tomás Moro se nos aparece como el mejor amigo del monarca: el único que le muestra lealtad, sinceridad y aprecio. Pero, enfrentado a su conciencia, sabe que Dios está por encima de toda doblez o subterfugio, y prefiere el silencio –jamás la crítica ni la abierta oposición- antes que conservar la propia honra o aun la vida. En este drama profundamente cristiano (tal vez por eso esté ausente en esa lista) se ventilan temas de gran calado y sorprendente actualidad: un laicismo que pretende someter a la Iglesia, el dilema moralidad versus legalidad, el seguir la voz de la propia conciencia en vez de la que marca “el espíritu de los tiempos”.

Cuando pienso en esa película, siempre me acuerdo de aquellas palabras del productor David Puttnam, uno de los cineastas europeos más reconocidos en Hollywood:

Recuerdo haber visto 'Un hombre para la eternidad' cientos de veces, no por sus cualidades fílmicas, que las tiene, sino por el efecto que producía en mí: el hecho de permitirme esa enorme presunción de salir del cine pensando: ‘Sí, yo también hubiera dejado que me cortaran la cabeza para salvaguardar un principio’. Sabía de sobra que no era así, y probablemente nunca encontraría a nadie que lo hiciera, pero el cine me permitió ese sentimiento; me permitió que, por un momento, sintiera que todo lo decente que había en mí se había puesto en pie”.

lunes, 22 de febrero de 2010

Las 100 películas más inspiradoras de la historia

Desde 1998 el American Film Institut viene publicando listados con “las 100 mejores películas” en diversas categorías. De todas esas listas, la que a mí más me gusta es la que recoge “las 100 películas más inspiradoras de todos los tiempos”.

Previamente a su publicación, el AFI elaboró un elenco de 300 películas que el 16 de noviembre de 2005 entregó a un jurado de 1.500 críticos y artistas cinematográficos. En un programa especial de la CBS, emitido el 14 de junio de 2006, el AFI dio a conocer el listado definitivo, que desde entonces puede verse en su página “100 Years… 100 Cheers”. Un acceso directo puede consultarse también en Myfavoritezines.

Todo listado es discutible. Desde mi punto de vista, algunas que están muy abajo deberían estar más arriba y al revés. Y algunas que no están deberían estar y viceversa. Pero, en general, debo decir que coincido bastante con este listado. En el próximo artículo haré algunos comentarios a este elenco.

En todo caso, y como las traducciones de los títulos no siempre han respetado el sentido original (no pocas veces resulta absolutamente diverso), ofrezco a continuación el listado con los 60 primeros títulos en español. De los primeros quince ofrezco un enlace a una reseña crítica:

1. Qué bello es vivir (1946)
2. Matar a un ruiseñor (1962)
3. La lista de Schindler (1993)
4. Rocky (1976)
5. Caballero sin espada (1939)
6. E.T. (1982)
7. Las uvas de la ira (1939)
8. El relevo (1979)
9. De ilusión también se vive (1947)
10. Salvar al soldado Ryan (1998)
11. Los mejores años de nuestras vidas (1946)
12. Apollo 13 (1995)
13. Hoosiers: más que ídolos (1986)
14. El puente sobre el río Kwai (1957)
15. El milagro de Ana Sullivan (1962)

16. Norma Rae (1978)
17. Alguien voló sobre el nido del cuco (1975)
18. El diario de Ana Frank (1959)
19. Elegidos para la gloria (1983)
20. Philadelphia (1993)
21. En el calor de la noche (1967)
22. El orgullo de los Yankees (1942)
23. Cadena perpetua (1994)
24. Doble triunfo (1978)
25. Fuego de juventud (1944)
26. Los viajes de Sullivan (1941)
27. El mago de Oz (1939)
28. Solo ante el peligro (1952)
29. Campos de sueños (1989)
30. Gandhi (1982)

31. Lawrence de Arabia (1962)
32. Tiempos de gloria (1989)
33. Casablanca (1942)
34. Luces de la ciudad (1931)
35. Todos los hombres del presidente (1976)
36. Adivina quién viene a cenar (1967)
37. La ley del silencio (1954)
38. Forrest Gump (1994)
39. Pinocho (1940)
40. La guerra de las galaxias (1977)
41. La señora Miniver (1942)
42. Sonrisas y lágrimas (1965)
43. Doce hombres sin piedad (1957)
44. Lo que el viento se llevó (1939)
45. Espartaco (1960)

46. En el estanque dorado (1981)
47. Los lirios del valle (1963)
48. 2001: Una odisea en el espacio (1968)
49. La reina de África (1951)
50. Juan Nadie (1941)
51. Seabiscuit (2003)
52. El color púrpura (1985)
53. El club de los poetas muertos (1989)
54. Shane (1993)
55. Fugitivos (1958)
56. Ben-Hur (1959)
57. El sargento York (1941)
58. Encuentros en la Tercera Fase (1977)
59. Bailando con lobos (1990)
60. Los gritos del silencio (1984)

Y ahora, una pregunta: ¿qué tres de ellas -o cuatro- os parecen las "más inspiradoras de la historia"? Espero vuestra opinión.

miércoles, 17 de febrero de 2010

La conversión de Alex Guinness, de la mano del "Padre Brown"

Hoy, Miércoles de Ceniza, me parece un día muy apropiado para recordar la conversión al catolicismo de Alec Guinness, uno de los mejores actores del siglo XX. Este relato, contado por él mismo en sus memorias, puede llenarnos de optimismo a la hora de afrontar esa conversión personal que nos pide la Cuaresma.

Nacido en Londres en 1914, el joven actor destacó pronto por su capacidad para retratar una amplia gama de personajes. Su interpretación de 'Hamlet' en el escenario londinense (1938) dejó una huella histórica, y cuando dio el salto al celuloide, su éxito fue aún mayor. ¿Quién puede olvidar su retrato magistral de 'Fagin' en la películla Oliver Twist (1948), o el humor sutil en la comedia Ocho sentencias de muerte(1949), en la que interpretaba... ¡ocho papeles!?

Años más tarde, ganó el Oscar al mejor actor por su actuación como el coronel Nicholson en El puente sobre el río Kwai (1957). Aunque, para las modernas generaciones, su imagen está ligada al personaje de Obi Wan Kenobi, en La guerra de las galaxias (1977).

En 1959 fue nombrado caballero por la reina Isabel de Inglaterra. Y, sin embargo, en su autobiografía, señaló que su conversión a la Iglesia Católica había sido algo mucho más importante que su carrera como actor. Aquello comenzó, según recuerda, gracias a la interpretación del personaje del Padre Brown, de Chesterton, cuando se rodó la versión cinematográfica.

“Todo empezó cuando rodamos la película sobre el Padre Brown (1954), dirigida por mi buen amigo Robert Hamer. Estábamos en los exteriores de Borgoña cuando tuve una pequeña experiencia de cuyo recuerdo siempre he disfrutado.

Hacia el anochecer me encontraba aburrido y sin saber qué hacer. Vestido con mi negra sotana, subí por el serpenteante y polvoriento camino hacia el pueblecito. En la plaza, los niños chillaban en medio de infantiles batallas, con palos por espadas y tapas de cubo de basura por escudos.

En un café Peter Finch, Bernard Lee y Robert Hamer disfrutaban del primer Pernod de la velada. Al saber que no me necesitarían hasta cuatro horas más tarde, me volví a mi hotel. Para entonces ya era de noche.

No había caminado mucho cuando escuché unos pasos apresurados y una voz aguda que me llamada «Mon Pere!» [¡Señor Cura!]. Un chico de siete u ocho años me tomó de la mano y la apretó fuertemente, balanceándola mientras mantenía un parloteo incesante.

No me atreví a hablar por miedo a que mi horroroso francés le pudiera asustar. Aunque yo era un absoluto desconocido, el chico me tomó por un cura y, consecuentemente, por alguien digno de la mayor confianza.

De repente con un «Bonsoir, mon Pere!» [«Buenas noches, Padre»] y una deslavazada reverencia, despareció por el agujero de un seto. El chico había disfrutado de un alegre y tranquilizador paseo a casa, y a mí me dejó con un extraño sentimiento de euforia. Mientras seguía caminando, se me antojaba que una Iglesia que podía inspirar tal confianza en un niño, haciendo de sus sacerdotes -incluso cuando eran unos desconocidos- tan sencillamente accesibles, no podía ser una institución tan intrigante y aterradora como solía ser descrita. Aquel día empecé a sacudirme de encima mis anquilosados prejuicios, tan largamente aprendidos”.

A los pocos días de este incidente, un hijo de Alec Guinness, Mateo, que tenía 11 años, quedó paralítico a causa de la poliomelitis. El pronóstico era incierto. Movido por un impulso interior, cada noche, al terminar el rodaje, Guinness comenzó a frecuentar una pequeña iglesia católica en su camino a casa. Pedía intensamente a Dios la curación de su hijo, y prometió que no se interpondría en su camino si el niño, que había sido matriculado en el colegio de los jesuitas, deseaba hacerse católico.

Felizmente, Mateo se recuperó. Y un año más tarde, anunció que deseaba convertirse al catolicismo. Alec recordó su promesa a Dios, y accedió a la conversión.
Pero Dios quería hacerle un regalo aún mayor. Movido por la fe de su hijo, Alec Guinness comenzó a estudiar el catolicismo. Tuvo largas conversaciones con un sacerdote católico y, finalmente, se decidió a hacer un curso de retiro en una abadía trapense. Aquello le dio fuerzas, pero aún no había llegado su momento.

A principios de 1956 -y animado por la actriz Grace Kelly, que era católica-, asistió varios domingos a la Santa Misa mientras rodaba una película en Los Angeles. La doctrina de las indulgencias le frenó aún por unos meses, pero finalmente dio el paso. Fue recibido en la Iglesia Católica por el obispo de Portsmouth en el verano de 1956. Como señaló poco después: “No ha sido algo precipitado ni tampoco un impulso emotivo: ha sido una decisión que me ha costado la vida entera”.

Seis meses después, mientras rodaba en Sri Lanka El puente sobre el río Kwai (octubre 1956 - abril 1957), su esposa le llamó al set para comunicarle que también ella había tomado la decisión de convertirse. Fue una sorpresa que Alec festejó con todo el equipo de producción. Y, como sucede a veces a los conversos, en aquellos días se sintió movido por un fuerte impulso evangelizador. (Fue justamente el filme por el que recibió el Óscar).

También surgió en él una profunda Fe. En sus memorias recuerda cómo un día, mientras estaba en Sri Lanka, dedicó la jornada que tenía para su descanso en caminar hasta una ermita muy lejana y así poder rezar ante el Santísimo Sacramento.

Sir Alec Guinness, murió el año 2000 a la edad de 84 años. Gracias al padre Brown de Chesterton, que lo llevó “de la mano” (en el encuentro con un niño) hasta las puertas de la Iglesia, murió alegre y feliz en el seno de la Iglesia católica.
En sus memorias escribió: “Si de algo debo lamentarme es de no haber tomado antes la decisión de convertirse al catolicismo”.

lunes, 8 de febrero de 2010

Las 25 mejores películas románticas

A nadie se le escapa que este domingo, 14 de febrero, es San Valentín. Todo el mundo lo comenta, y en todos los medios de comunicación hay artículos y propuestas para esta fecha. En ese fantástico blog que es "La mirada de Ulises" acaba de publicarse un artículo muy apropiado para ese día: “El amor también es interesante en las historias”.

Ciertamente, no hay que esperar al Patrón de los enamorados para tener un detalle con la mujer o el marido, con la novia o el novio. El amor es algo que hay que regar todos los días, como la flor de El Principito, de Saint-Exupery: un tesoro escondido en el campo (en el trajín de las tareas diarias), que requiere vender todo lo que se posee (entregarse por completo a la otra persona) para poderlo disfrutar de veras.

Sí, el amor no es cosa de un día: hay que alimentarlo cada jornada, y renovarlo cada día. Y evitar la rutina, y decir “te quiero” con la ilusión de la primera vez. Volver a ser novios, aunque se cuenten por decenios los años de matrimonio.

Todo eso es cierto. Pero también lo es que las fechas tienen su significado. Por eso he querido sumarme a esta celebración con una lista de 25 películas románticas que han superado la barrera del tiempo. Este fin de semana es una ocasión espléndida para sorprender a nuestra pareja con un filme que vimos hace años o que vemos ahora por primera vez. El cine siempre ha sido “una fábrica de sueños”; y en ocasiones, una forma de demostrar el cariño.

Que lo disfrutéis. Y, si esposible, decidme cuál de ellas es vuestra preferida. Me encantará conocer vuestra opinión:

1. Casablanca (1942), de Michael Curtiz
2. Vacaciones en Roma (1953), de William Wyler
3. Lo que el viento se llevó (1939), de Victor Fleming
4. Cyrano de Bergerac (1990), de Jean-Paul Rappeneau
5. Ninotchka (1939), de Ernst Lubitch
6. Sonrisas y lágrimas (1965), de Robert Wise
7. Matrimonio de conveniencia (1990), de Peter Weir
8. Cumbres borrascosas (1939), de William Wyler
9. Luces de la ciudad (1931), de Charles Chaplin
10. Rebeca (1940), de Alfred Hitchcock
11. El hombre tranquilo (1952), de John Ford
12. Bodas y prejuicios (2005), de Gurinder Chadha
13. Mejor... imposible (1997), de James L. Brooks
14. Breve encuentro (1945), de David Lean
15. Sabrina (1954), de Billy Wilder
16. West Side Story (1961), de Robert Wise
17. Algo para recordar (1993), de Nora Ephron
18. Mientras dormías (1995), de Jon Turteltaub
19. Ghost (1990), de Jerry Zucker
20. La princesa prometida (1987), de Rob Reiner
21. La Bella y la Bestia (1991), de Gary Trouslade y Kirk Wise
22. Lo que queda del día (1993), de James Ivory
23. Sentido y sensibilidad (1995), de Ang Lee
24. El camino a casa (1999), de Zhang Yimou
25. La vida secreta de las palabras (2005), de Isabel Coixet

miércoles, 3 de febrero de 2010

"¿Dónde estaba Dios?" (El sentido del dolor en "Tierras de penumbra")

Hace dos semanas publiqué el artículo "Dios, Haití y los barberos" partiendo de una pregunta que se había suscitado en los medios de comunicación: "En aquella inmensa tragedia, ¿dónde estaba Dios?".

Es una pregunta que muchos se han hecho en las grandes catástrofes, y también -aunque menos- en las masacres que los hombres hemos provocado directamente: la del 11-S, la del 11-M, etc.

Esta cuestión se plantea también, y más de una vez, en la película "Tierras de penumbra", biografía novelada del escritor británico C. S. Lewis. Hay una razón para ello: este autor quiso dar respuesta a esa pregunta en su libro "El problema del dolor" (1947). A lo largo del filme, se ve a Lewis desarrollar en sus conferencias dos ideas clave en torno al dolor: una, que “el sufrimiento es el cincel que Dios emplea para perfeccionar al hombre”; y dos, que es precisamente el sufrimiento lo que “nos lanza al mundo de los demás”.

Sin embargo, será al sentir en propia carne la punzada del dolor -por la muerte de su adorada esposa, Helen Joy Davidman- cuando comprenda el verdadero alcance de sus pensamientos. Como resultado de esta nueva reflexión, escribirá el más personal de todos sus libros: "Una pena en observación" (1960); en él hallará finalmente la respuesta a la pregunta que siempre se había formulado: "¿Dónde está Dios cuando las personas sufren?".

En esta secuencia del filme, donde nuevamente plantea la pregunta, se hace patente su profunda visión del hombre: del dolor y del amor humanos. Un discurso para disfrutar, meditar y vivir.