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lunes, 8 de febrero de 2021

Spots del confinamiento (2): Bankinter, “El banco que ve el dinero como tú”

El confinamiento por la pandemia en marzo pasado (¡hace ya casi un año!) produjo en todo el mundo una inmediata y drástica reducción del consumo. Las tiendas y las grandes superficies no podían abrir, y la población no podía comprar –salvo lo indispensable- ni gastar en ocio o entretenimiento.  

Ante esta situación, la respuesta de las marcas fue muy dispar. Muchas, anunciaron que pausaban su publicidad. Pero algunas, las más responsables, afrontaron la doble situación de crisis sanitaria e hibernación del consumo, y decidieron asumir su papel como agentes de cambio social. Es decir, volcaron su amplia capacidad de persuadir para remar en la dirección que marcaban las autoridades sanitarias.


Había que repetir –una y otra vez– que nos quedáramos en casa. Y, a la vez, había que subir la moral de la audiencia y hacerles sentir un poquito de felicidad. Pero, ¿cómo hablar de felicidad en un momento de crisis, con la población encerrada y con el número de muertos creciendo de día en día? 

Una de las campañas que mejor lo hizo fue la de Bankinter: “El banco que ve el dinero como tú”. La entidad supo apelar a la preocupación de la gente por la pérdida de trabajo y la incertidumbre económica: “Queremos decirte con hechos que esto pasará y que estaremos contigo y con los que crean empleo”. 

Estamos acostumbrados a que las marcas nos indiquen un camino desde la otra orilla, que nos hablen proponiendo soluciones desde una situación de estar a salvo. Pero, en este spot, Bankinter cuenta una preciosa historia desde el mismo lado del televisor: viendo las cosas como las vemos nosotros. Eso ayudó a conectar de manera más poderosa con el mensaje, y estableció una gran cercanía. Nos hablaba alguien que caminaba a nuestros lado y nos acompañaba, que vivía y sentía lo mismo que nosotros, y que lo sufría de la misma manera. El tono nos acogía, nos abrazaba.

Estrenado el 8 de abril, suscitó una oleada de entusiasmo y el apoyo unánime del público. Gustó su originalidad, su emotividad y su acierto para “ver el dinero de otra forma”. En las redes pudimos leer comentarios como estos: “Hacía tiempo que no veía un anuncio tan bonito”, “Habéis creado un icono, este anuncio creo que ya es eterno”, “La canción me hace llorar”.

Un anuncio bello y técnicamente impecable. Pero, sobre todo, un mensaje lleno de esperanza y emotividad, que supo promover los valores auténticamente humanos de la economía y del dinero. ¡Un diez por esta campaña!




martes, 26 de enero de 2021

“Los niños de Windermere” (2020, Movistar+)

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) Interesante y reciente coproducción anglo-germana disponible en Movistar+, que relata un episodio poco conocido. En agosto de 1945, finalizada la Segunda Guerra Mundial, 732 niños fueron acogidos durante unos meses para su rehabilitación en diversos lugares del Reino Unido; varios cientos de ellos residieron en unas instalaciones cercanas al lago Windermere. Eran judíos supervivientes del Holocausto que habían quedado huérfanos, con secuelas en sus cuerpos y profundamente heridos en sus almas a causa de la atroz experiencia vivida.

Se trata de una película muy didáctica, con un enfoque descriptivo e informativo que domina sobre las historias personales. Una opción que incide en la visión de conjunto y aleja sentimentalismos, aunque emocionalmente puede sentirse algo distante. Los británicos Michael Samuels y Simon Block, director y guionista respectivamente, concentran su atención en dos niveles narrativos: por su lado, la evolución de media docena de jóvenes, a través de sus impresiones, recuerdos, traumas, pesadillas e ilusiones; por otro, el esfuerzo de los profesionales que les ayudaron, y que actuaron con una sensibilidad exquisita y una generosidad digna de elogio.


Oscar Friedmann, un psicólogo judío, fue el responsable de esta iniciativa. Le da vida convincentemente el actor alemán Thomas Kretschmann: sus gestos serenos, sus palabras siempre amables, su actitud comprensiva y su sentido positivo conforman una personalidad muy atractiva, de hombre que sabe querer a las personas. El resto del elenco juvenil cumple correctamente, aunque no haya caras conocidas, y se ha puesto un gran cuidado en la ambientación, como es habitual en las producciones inglesas.

Los testimonios de los supervivientes reales han sido fundamentales para reconstruir la historia y oímos sus voces al comienzo del filme: “Me arrancaron de los brazos de mi padre y me llevaron con ellos…”, “Por las noches veíamos el resplandor de los hornos….”, “Había cadáveres esparcidos…”, “Siempre muertos de hambre. Solo pensábamos en comer…”, “Cogieron a los 10.000 niños, los llevaron a Chelmno, los metieron en las cámaras de gas y los enterraron en fosas comunes…”. Pero no se trata de una cinta pesimista ni hay escenas desagradables. Es más, puede resultar muy apropiada para verla en familia y dar a conocer a los más jóvenes este tipo de historias que, sin ocultar el dolor que conllevan, presentan también comportamientos heroicos y nos pueden hacer más humanos.




jueves, 5 de marzo de 2020

"Especiales": La grandeza de los niños diferentes

(JUAN JESÚS DE CÓZAR).- Que la persona, con su especial dignidad, ocupe el centro de una obra artística es siempre una gran noticia. No es que el término dignidad no pueda aplicarse en otros supuestos, pero stricto sensu le corresponde a cada hombre y a cada mujer desde su concepción hasta su extinción natural. Y además, nadie es más digno que nadie. Pues bien, cuando una película como "Especiales", de los franceses Olivier Nakache y Éric Toledano, concentra su mirada en la generosa atención de niños y jóvenes que padecen TEA (Trastorno del Espectro Autista) solo queda aplaudir. Pero si además esa mirada ilumina valores como la ternura, la abnegación, el olvido de uno mismo o la magnanimidad, entonces… hay que volver a aplaudir.

El binomio Nakache-Toledano, que triunfó en media Europa con "Intocable" (2011), relata ahora en "Especiales" la labor que dos entidades no gubernamentales de la Francia actual realizan con unos seres tan delicados y tan indescifrables a veces como son los autistas. Bruno y Malik, judío y musulmán respectivamente, son los líderes de ambas organizaciones. Siempre al borde de la quiebra, a ambos les va la vida en lo que hacen. Además, ayudan en la inserción de jóvenes de pasado difícil reclutándolos como voluntarios. Agotador. Y apasionante.

Los inspectores oficiales vigilarán concienzudamente las andanzas de Bruno y Malik para que cumplan los requisitos legales; pero ellos saben que estos enfermos solo mejoran si los cuidadores saben poner el corazón en su tarea, algo muy difícil de gestionar en los organismos institucionales. Para reforzar esta idea, la cinta late al compás de la banda sonora del dúo germano-suizo Grandbrothers. Una música electrónica rítmica que mezcla piano y percusión, y que impulsa el desarrollo de la historia como un marcapasos al corazón.

La narración contiene momentos dramáticos, pero el tono es siempre amable, optimista y puntualmente divertido. Se intuyen también, aunque no se mencionen expresamente, las motivaciones religiosas que alientan la tenacidad de los dos protagonistas. Vincent Cassel (Bruno) y Reda Kateb (Malik) viven sus papeles, que les exigen un derroche de simpatía, energía y humanidad. Unas cualidades que atesoran los responsables en la vida real de las ONGs recreadas en la pantalla: Stéphane Benhamou y Daoud Tatou.

Hay quienes han comparado “Especiales” con “Campeones”, la cinta de Fesser. Pero, en realidad, los planteamientos son distintos. “Campeones” usa el humor como medio y remedio. “Especiales” es más profunda y, sobre todo, conmueve y remueve.



viernes, 23 de noviembre de 2018

"First Man": El sentido del dolor y de la vida en un proyecto épico

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) A veces no es lo que se cuenta sino cómo se cuenta. La frase podría perfectamente aplicarse a “First Man”, la última y arriesgada película de Damien Chazelle. Arriesgada porque su tono reflexivo e intimista supone un brusco cambio de registro en la trayectoria del director, después de las exitosas “Whiplash” (2014) y “La ciudad de las estrellas (La La Land)” (2016).

Con solo 34 años y un indudable dominio de la técnica cinematográfica, la crítica internacional auguraba a Chazelle un prometedor futuro. ¿Por qué no seguir brillando con cintas tan vitalistas como las mencionadas? ¿Por qué habrá querido contarnos una vez más la archiconocida y versionada epopeya de la llegada a la luna de Neil Armstrong en el Apolo XI? Quizá porque nunca antes se había contado así, como él mismo explica: “Esta película trata acerca de uno de los logros más extraordinarios no solo en la historia de los Estados Unidos, sino en la historia humana. Mi esperanza es que al excavar bajo la superficie y humanizar el icono, podamos entender mejor cuán difícil y heroico fue realmente este momento”.

A Chazelle parece interesarle poner el foco en personajes que hacen de la capacidad de sacrificio y de sufrimiento casi una virtud absoluta. Una cualidad que comparten el Ryan Gosling de “First Man” y de “La La Land”, y el joven protagonista de “Whiplash”. Y hablando de sufrimiento, no deja de ser significativo que el filme comience con la dolorosa pérdida de un familiar, como ya ocurría con títulos como “Gravity” (Alfonso Cuarón, 2013) o “La llegada” (Denis Villeneuve, 2016). Aquí radica quizá el interés de esos filmes: en la posibilidad de encontrar un sentido a la vida, cuando la herida en el alma es tan profunda que nunca cicatrizará. Porque, como afirmaba Viktor Frankl, “la vida no se hace insoportable por las circunstancias; sólo se hace insoportable por la falta de sentido y propósito”.

Para Neil Armstrong, su inmersión total en el proyecto Apolo XI dio sentido al resto de su existencia. Eso sí, debiendo pagar también el precio de la permanente inquietud de su esposa Janet, una espléndida Claire Foy. Así lo entiende James R. Hansen, autor del libro sobre el que Josh Singer ha elaborado el guion. La inspiradísima música de Justin Hurwitz puede ser de nuevo candidata al Oscar, que ya ganó con la banda sonora de “La La Land”.

A algunos les aburrirá “First Man” por su ritmo pausado y su nivel de introspección al estilo de Terrence Malick, pero no deja de ser una interesante reflexión sobre esas batallas interiores que hemos de librar para convertirnos en héroes de lo cotidiano.

viernes, 15 de diciembre de 2017

"Wonder": Amor y cicatrices

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) Tengo un amigo que distingue entre libros de autoayuda y libros (así los llama él) de alta-ayuda. No sé si entre estos últimos incluiría “Wonder”, de Raquel Jaramillo Palacio, escritora norteamericana de origen colombiano. Publicado en 2012, se han vendido más de 5 millones de ejemplares en todo el mundo. Y una vez más, cine y literatura se han dado la mano para convertir a “Wonder” en una película que siguiendo la calificación de mi amigo quizá también podría considerarse de alta-ayuda.

Pero antes de hablar del filme, estrenado el pasado 1 de diciembre, vale la pena conocer algunos datos relativos a la génesis del libro, editado en España con el título de “Wonder. La lección de August”. Un día de 2008 se encontraba Palacio con sus hijos en una heladería “junto a un niño –cuenta ella– con graves anomalías craneofaciales, que venía a tener más o menos el mismo aspecto con el que describo a Auggie en el libro”. Su reacción la avergonzó más tarde: eludiendo la cercanía del niño enfermo, se marchó enseguida con sus hijos.

Esa misma noche, mientras se recriminaba su conducta y escuchaba la canción “Wonder” de Natalie Merchant, decidió escribir la historia. La canción comienza con esta frase: “Han venido médicos de ciudades lejanas solo para verme y agacharse sobre mi cama sin creer lo que veían. Dicen que debo de ser una de las maravillas de la creación de Dios, pero son incapaces de ofrecer una explicación”.

Y ahora la película, que ha dirigido Stephen Chbosky y que cuenta con una espléndida pareja de actores adultos: Julia Roberts y Owen Wilson. Junto a ellos, los jóvenes Jacob Tremblay –que ya nos deslumbró por su papel en “La habitación” (2015)–, Noah Jupe e Izabela Vidovic, también magníficos. “Wonder”, el libro y la cinta, nos presenta a August Pullman, un niño de 10 años que padece el síndrome de Treacher-Collyns, que se caracteriza por una deformidad severa en el cráneo y en el rostro. Sometido a 27 intervenciones quirúrgicas, Auggie ha vivido rodeado del cariño y el sacrificio de sus padres, Isabel y Nate, y de su hermana mayor Via. Pero ha llegado el momento de acudir al colegio: una dura prueba tanto para Auggie como para el resto de la familia.

“Wonder” esquiva explícitamente la complejidad y la crudeza en la que podría haber desembocado la historia, para ofrecernos un emotivo relato que encuentra en la sencillez el camino más eficaz para llegar a todo tipo de público. Y, sin sensiblerías, con la dosis justa de dramatismo y un oportuno sentido del humor, sabe abordar temas como el bullying, la unidad familiar, la aceptación de uno mismo y de los demás, la maduración y el aprendizaje personal, el sentimiento de rechazo o la amistad.

Apunten este título, padres y educadores, que propone la amabilidad como camino asequible a todos para construir ese mundo mejor que anhelamos. Una propuesta evidenciada en el consejo que uno de los profesores de Auggie da a sus alumnos: “Cuando puedas elegir entre tener razón y ser amable, elige ser amable”.

viernes, 26 de mayo de 2017

Una misión que compartimos todos

En 2017 la Fundación Reina Sofía celebra un doble aniversario: los 40 años de existencia y los 10 años del Centro Alzheimer Fundación Reina Sofía.

Para conmemorarlo, ha encargado este precioso spot a la agencia de publicidad Sra. Rushmore para concienciar a la sociedad sobre la enfermedad del Alzheimer y el papel que todos jugamos en la lucha por combatirla y erradicarla. El anuncio cuenta la historia de una ilusión compartida durante años por un nieto y su abuelo, y cómo la irrupción del alzhéimer aniquiló ese sueño por completo. Pero el spot no es triste, ni mucho menos. El emotivo final llena de optimismo el desenlace.

Todo se nos cuenta a través de una bonita metáfora: las mentes de los que padecen dicha enfermedad “están en la luna”. Pero todos podemos ayudar, y aportar nuestro esfuerzo –como tantas personas hacen en la Fundación Reina Sofía– para alcanzar la misión de “traerlos de vuelta a la Tierra”.

El spot ha contado con la colaboración del actor inglés Robert Gillespie y del ganador del Goya a actor revelación Javier Pereira, quien ha puesto su voz. ¡Muchas gracias por este esperanzador mensaje!

domingo, 8 de enero de 2017

"Silencio": La inquietud religiosa de Martin Scorsese

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) “Quiero provocar en la gente algún tipo de reacción, ya sea emocional o intelectual. Pretendo que reaccionen. (…) Hay quien opina que si nos limitamos a hacer películas que muestren cómo debería ser el mundo, las cosas acabarán siendo de ese modo. No estoy de acuerdo. No es que diga que todo el mundo debe hacer películas como yo las hago, pero la provocación es importante para fomentar la discusión y la acción”.

Estas declaraciones realizadas por Martin Scorsese a mediados de la década de 1990 resultan plenamente aplicables a “Silencio”, quizá su obra más ambiciosa recientemente estrenada en España. Se trata de un proyecto largamente deseado por el director italoamericano durante más de tres décadas, y a uno se le antoja que la espera ha sido beneficiosa, porque sin renunciar a sus preocupaciones fílmicas y antropológicas estamos ante un Scorsese evolucionado, con una subjetividad mejor dominada y una libertad creativa exenta de la gratuidad y los excesos tan presentes en la mayoría de sus filmes anteriores.

Básicamente, el argumento gira en torno a la persecución, tortura y martirio de muchos cristianos en el Japón de la segunda mitad del siglo XVII. El centro de la acción se sitúa en los sufrimientos y las luchas internas del Padre Rodrigues (Andrew Garfield), un jesuita que acude a esas tierras evangelizadas por San Francisco Javier para encontrar al Padre Ferreira (Liam Neeson), su profesor, sobre el que se dice que ha apostatado.

En el aspecto técnico la película es impecable y cuenta con una maravillosa fotografía de Rodrigo Prieto, que sabe extraer belleza de un paisaje duro y hostil; con el montaje de Thelma Schoonmaker –tres Oscars le contemplan–; y con el diseño de producción y el vestuario de Dante Ferreti, también ganador de tres estatuillas.

Pero si la crítica se muestra unánime en cuanto a la exquisita factura del filme, no ocurre lo mismo en relación con su contenido. Y es que estamos ante una obra compleja, con variedad de intenciones no todas convergentes; o mejor, con una intención multidireccional abierta a diversas interpretaciones. Justo, quizá, lo que pretendía Scorsese, que adapta con bastante fidelidad la novela homónima de Shûsaku Endô pero que también ha aportado al guión algunos matices que alimentan esa complejidad.

Después de lo escrito es fácil entender que escribir una reseña “objetiva” y certera de “Silencio” resulta una aspiración no sólo difícil sino pretenciosa. De modo que estas líneas solo pretenden preparar el ánimo y la mente del lector que acuda a ver este filme de 160 minutos, áspero y doloroso, intencionadamente provocador y ambiguo – el último plano es una clara muestra–, que estimula la reflexión sobre la presencia de Dios en el mundo, la persona de Jesucristo y la dimensión espiritual de la persona.

Hay que tener en cuenta que Scorsese, a pesar de declararse católico y de mostrar una gran inquietud religiosa, no ha cultivado una sólida formación cristiana –él mismo reconoce que lee poco–, y que observa la fe más bien desde su sensibilidad de maestro del cine. Así lo ha venido haciendo a lo largo de toda su filmografía, convencido de que “no nos liberamos de nuestros pecados en la iglesia sino en la calle y en casa”, por citar sus propias palabras.

¿Dónde estaba Dios cuando mataban a esos inocentes cristianos japoneses? Scorsese prefiere que sea cada espectador quien responda a esa cuestión. ¿Dónde estaba Dios cuando el Holocausto, y el 11-S, y el 11-M…? ¿Dónde está cuando persiguen y matan a tantos cristianos en Irak, en Siria o en varios países de África? Esta pregunta, legítima e inevitable, se ha convertido en un lugar común y ha llevado a algunos a sentar a Dios en el banquillo. Pero pienso que esos interrogantes sólo tienen una respuesta con sentido: Dios estaba clavado en una Cruz, precisamente por todas esas barbaridades de la historia humana.

domingo, 18 de diciembre de 2016

"Hasta el último hombre": fe y altruismo en la barbarie

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) Podrá gustar o no, pero hay que reconocer que Mel Gibson es un valiente. A pesar de los palos recibidos desde que realizara esa obra maestra titulada “La Pasión de Cristo”, vuelve a la dirección con otro film comprometido. Se trata de “Hasta el último hombre”, un biopic bélico sobre la figura de Desmond Doss, un objetor de conciencia que participó como improvisado médico en la II Guerra Mundial. Fiel a sus creencias cristianas, pero sobre todo a su conciencia, Doss se alistó voluntariamente en el ejército en 1942 advirtiendo que no utilizaría ningún arma y que se dedicaría sólo a tareas sanitarias.

El aviso que sigue al título en los créditos iniciales es contundente y revelador: “Una historia real”. Porque Gibson –cabezota o fiel a sí mismo, según quien lo mire– cuenta lo sucedido a Doss sin complejos en lo argumental y con su estilo hiperrealista en lo formal. Y así, por un lado nos quiere mostrar al hombre cabal, generoso y coherente con su fe; y por otro, incomoda al espectador con unas imágenes brutales que exigen un buen “estómago” para soportarlas. De modo que “Hasta el último hombre” podría calificarse paradójicamente como una película pacifista muy bélica.

Las impactantes escenas de guerra resultan sobrecogedoras y muy poderosas visualmente, y están concebidas para que duelan y conmuevan a la vez. La fotografía de Simon Duggan y la banda sonora de Rupert Gregson-Williams completan la formidable calidad del apartado técnico. Andrew Garfield brilla en su papel de Desmond Doss, y le acompañan unos secundarios de lujo: Vince Vaughn, Teresa Palmer, Sam Worthington, Rachel Griffiths…

“Señor, ayúdame a salvar uno más”, rezaba una y otra vez Desmond Doss. Mientras otros destruían, él arriesgaba su vida para atender a los heridos: una misión que entendió como la voluntad de Dios para él. Sus jefes y sus compañeros, que al principio le consideraban un cobarde o un loco, acabaron reconociendo su enorme valentía y le vieron como un héroe; incluso más, como alguien dotado de un halo sobrenatural, una persona que infundía esperanza y que nunca abandonaba a los demás.

Insisto en que la película puede herir sensibilidades debido a la crudeza de las imágenes, pero quien se anime a verla tendrá también la oportunidad de disfrutar con la delicada historia de amor que vive el protagonista, y se conmoverá hasta las lágrimas con el emotivo final.

lunes, 10 de octubre de 2016

Emotivo spot: El héroe es el que transmite alegría a su entorno

Philips, líder mundial en tecnología de la salud, acaba de lanzar su última campaña en Australia a través de la agencia Ogilvy & Mather. El spot cierra su historia con el mensaje habitual de la compañía: "Siempre hay una manera de hacer la vida mejor". Esa es la síntesis de su storytelling.

El breve relato juega con dos elementos clave: la sorpesa y el humor. Un hombre normal y corriente, quizás un poco más estresado de lo normal, se despierta una mañana y empieza una carrera contrarreloj para llegar al trabajo: entre otras cosas, toma un sándwich mientras se ducha. De repente, le vemos vestirse de… ¡Spiderman! aunque su porte no es precisamente el de un héroe. Su inmediata carrera por la ciudad nos confirma en la impresión de que poco tiene de héroe salvador del mundo, aunque algunos detalles -a la par que retrasan su carrera- sí muestran su valía personal, como cuando ayuda a una ancianita a subir el carro de la compra por una escalera de interminables peldaños.

Al final, descubrimos el sentido de esa extraña aventura. Y nos damos cuenta entonces de que, en cuestiones de salud, la tecnología debe ir siempre sazonada por una buena dosis de cariño.

Dirigido a profesionales de la salud, el spot quiere mostrar cómo Royal Philips ve la salud de manera diferente, porque pone a las personas en el centro de su actividad. Ellos enfocan los problemas a través de los ojos del paciente, y eso les inspira para tratar de innovar cada día.

Ahora es el momento de que veas el anuncio:



Para cerrar este breve comentario, nada mejor que las palabras de Eva Barrett, responsable global de publicidad de la marca: "Esta campaña tiene como objetivo cambiar la percepción de nuestra marca entre la audiencia: no somos una compañía tecnológica y fría, sino una compañía tecnológica y humana (…). El spot está inspirado en una historia real, la historia de un limpiador de ventanas, que se viste de hombre araña para llevar un poco de alegría y entretenimiento a los niños enfermos. Él cree que animarlos les ayuda a recuperarse más rápido… Y es verdad, porque a veces la sonrisa es la mejor medicina".

jueves, 7 de julio de 2016

El enfermo necesita, sobre todo, cariño


Cuando estamos enfermos, necesitamos algo más que un medicamento. Necesitamos muchas cosas, que no acertamos a expresar: cariño, comprensión, consuelo... Y, cuando esa enfermedad es larga y dolorosa, como en un cáncer, necesitamos apoyo, mucho apoyo. Ese es el mensaje de este precioso anuncio, que sorprende en su emotivo final.

El arranque describe un ambiente triste, en algún suburbio de una gran ciudad. ¿Una historia de drogas, robo, alcohol? Un adolescente, cubierto por un pasamontañas, vacía un spray de pintura sobre una vasta pared de ladrillos. Todo hace sospechar un graffiti desafiante, con algún mensaje descorazonador.

Pero en un instante todo cambia. El chico llega a su casa y, al quitarse al pasamontañas, advertimos su cara llena de bondad. La madre imagina que viene de hacer alguna diablura, pero él coge un ramo de flores y lo lleva a la habitación donde duerme su hermana, que –de repente lo descubrimos- está intubada y padece cáncer. El chico descorre las cortinas, despierta a la niña y le invita a mirar lo que ha creado para ella… La madre se emociona, y nosotros también…

Ciertamente, “It’s more than medication”. Es algo más que un medicamento lo que necesitamos en esa situación. Es el cariño. Eso es lo que nos hace vivir.

Buen mensaje para los tiempos que corren. Siempre queda la esperanza, y también el afecto de un hermano al que todos creían ya perdido…

miércoles, 29 de junio de 2016

Estreno de "1944": Humanidad en la barbarie bélica

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) “En 1939 la URSS y Alemania firmaron un pacto de no agresión. Solo una semana después comenzó la Segunda Guerra Mundial. En 1940 la Unión Soviética se anexiona Estonia y 55.000 ciudadanos estonios son movilizados por el Ejército Rojo. En 1941 Alemania ocupa Estonia durante cinco años y 72.000 ciudadanos estonios son movilizados por las fuerzas armadas alemanas. En 1944 el ejército soviético se presenta en las fronteras de Estonia.” Con esta información insertada en la pantalla comienza “1944”, una película estonia que fue candidata a los Oscars 2016 por su país y que llegará a nuestras salas de cine el próximo 1 de julio.

Elmo Nüganen, uno de los protagonistas de la excelente “Mandarinas” (2013), es el director de este film bélico que quiere recordar una vez más el sinsentido de la guerra. Y lo hace presentando los puntos de vista de unos soldados estonios condenados a combatir en bandos diferentes como involuntarios enemigos. “Esta no es nuestra guerra”, dice uno de ellos, mientras el espectador no puede dejar de pensar en dos de los individuos más perversos que ha contemplado el siglo XX: Stalin y Hitler.

Esta notable cinta coral combina las escenas bélicas –muy bien ambientadas y rodadas– con las reflexiones de los combatientes, sin dejar de apuntar también las dolorosas consecuencias del conflicto para la población civil. Pero si una guerra es capaz de sacar lo peor del ser humano, también es testigo de los comportamientos heroicos de personas corrientes, que muestran una lealtad a su conciencia a “prueba de bombas” y que arriesgan generosamente su vida por salvar las de otros. Es el caso de Karl Tammik (Kaspar Velberg) y de Jüri Jogi (Kristjan Üksküla), paisanos en ejércitos opuestos; este último es además protagonista de una delicada historia de amor.

Al final, los deseos de perdón y de paz quedan expresados mediante la voz en off y los acordes de un precioso Agnus Dei, porque “ninguna es nuestra guerra”. Y es que, como escribió San Juan Pablo II: “El diálogo, basado en sólidas leyes morales, facilita la solución de los conflictos y favorece el respeto de la vida, de toda vida humana. Por ello, el recurso a las armas para dirimir las controversias representa siempre una derrota de la razón y de la humanidad.”

viernes, 11 de marzo de 2016

"Playa y montaña": Amor en la adversidad

La semana pasada fue presentada en Madrid esta campaña de sensibilización, titulada “Playa y montaña”, que ha causado una fuerte impresión en las redes sociales. Yo he tenido noticia de ella por Jaume Figa, seguidor del blog, que siempre me sugiere spots emotivos y llenos de valores.

El vídeo cuenta la historia de unos padres que esperan la llegada de un nuevo hijo. El embarazo lo viven como si fuera la preparación de un viaje maravilloso, un proyecto ilusionante que va a llevarles a un escenario nuevo e idílico: una playa de aguas transparentes. Sin embargo, sus planes se ven contrariados repentinamente. En vez de una playa idílica, se ven obligados a subir una agreste montaña, sorteando peñascos, ascendiendo entre jadeos, haciendo frente a la adversidad.

Esa reorientación de la vida es una metáfora de la sorpresa y el desconcierto que sobreviene a una pareja cuando descubre, casi al final del embarazo, que su hija está afectada… por una enfermedad rara. Es un golpe duro; el vídeo no lo oculta. Pero es también una ocasión espléndida para madurar en el amor, para entregarse a la pareja, a los hijos, a los demás… Para descubrir las cosas que verdaderamente importan en la vida.

El vídeo ha sido promovido por la Fundación MEHUER, que apoya la investigación en las enfermedades “raras” para sensibilizar a los españoles sobre la atención que éstas merecen. Parte de una idea de Crepes & Texas, agencia creativa especializada en iniciativas sociales, y ha sido producida Ulula Films bajo la dirección de Emilio Aragón, quien también ha compuesto la banda sonora.

En palabras de Manuel Pérez, presidente de la Fundación MEHUER: “Esta historia narra perfectamente cómo muchos padres viven un inesperado revés en la vida al tener un hijo afectado por una enfermedad rara. Su viaje idílico hacia la playa se convierte en toda una historia de superación. Pese a todo, en ese viaje duro e inesperado también hay lugar para la belleza, la alegría y para una honda satisfacción”.

Enhorabuena por la iniciativa. Porque verdaderamente es un vídeo inspirador. (Recomiendo verlo con unos Kleenexs a mano)

sábado, 27 de febrero de 2016

Vencer el cáncer... con el juego

Juegaterapia es una organización sin ánimo de lucro que trabaja para llevar un poco de alegría a los niños con tratamiento de quimioterapia. Se trata de vencer el cáncer infantil a través del juego. De ahí el lema de sus campañas, con un claro tono de complicidad infantil: “la quimio jugando, se pasa volando”.

En este simpático spot, que me envía mi amigo Jaume Figa, participan de una forma activa y desinteresada Alberto Chicote, El Hombre de Negro, Pablo Ibáñez y Risto Mejide. Los famosos aparecen instruyendo a los niños sobre cómo ganar la guerra al cáncer infantil: qué actitud hay que adoptar y sobre todo, qué armamento deben utilizar. Al principio, todo parece una instrucción para la actitud bélica, una captación de “niños soldados” que debería suscitar la mayor repulsa por parte de todos. Pero el espectador percibe desde el primer momento que el mensaje es justo el opuesto: la evidente parodia pone de manifiesto una enorme complicidad y cercanía con los niños…

Sí, todos los instructores animan a la guerra, y enardecen a los chicos para que utilicen las mejores armas. Y esas armas son… ¡los juegos!

Desde sus comienzos, Juegaterapia ha avalado la importancia del juego para los niños que reciben tratamientos de quimioterapia, porque jugar ofrece muchísimos beneficios: ayuda a que se distraigan, disminuye la angustia que sufren, reduce la percepción del dolor que sienten, y sobre todo, les pone en relación de amistad con otros niños enfermos de cáncer.

Por eso regala juegos a los menores, construye jardines en las azoteas de los hospitales y lleva a cabo otras iniciativas para mejorar su calidad de vida. Con esta campaña, la fundación espera captar no “niños soldados”, sino socios que quieran involucrarse en su labor, alegrando un poco más la vida de los niños que están en centros oncológicos.

Dentro de su sencillez, y del escaso presupuesto con el que se ha realizado, el spot merece nuestro apoyo y nuestro elogio. Por eso lo he seleccionado esta semana. También a mí me gustaría contribuir a su campaña. Porque los adultos podemos aprender mucho de los niños; y ayudándoles, es cuando más y mejor nos enriquecemos.

domingo, 22 de junio de 2014

Bella historia de un amor imposible

Es un relato de amor contado sólo con imágenes. Aquí sobran las palabras, porque los gestos y las miradas lo dicen todo.

La historia comienza en un parque, con un encuentro apenas fugaz y un saludo aún más breve. Todo muy normal. Pero la narración, tan redonda en todos sus detalles, muy pronto se nos antoja  sublime.

Poco a poco, se teje una sutil paradoja. El fotógrafo, experto para “ver” los instantes mágicos de la vida, se vuelve “ciego” para los gestos cotidianos que ella espera: ella  quiere compartir el paraguas, en vez de que cada uno pasee con el suyo. Y al revés: ella, que es la primera en "ver" el afecto que les une, se vuelve "ciega" a resultas de ese amor… Cruel ironía del destino.

Pero no es sólo un momento, porque la metáfora de la ceguera “ilumina” toda la historia. Casi al comienzo, en la escena en que ella le lava el pelo, la joven arroja sobre él, sin querer, agua con jabón sobre sus ojos, y eso marca el comienzo de todo. Más adelante, en el estudio de fotografía, ella deja caer, desde lo alto, un líquido sobe sus ojos, y eso será el comienzo del fin. Previamente, hemos visto caer la lluvia durante su primera cita, anticipando la amenaza que sobre ellos se cierne.

Esa es la clave: una historia de “visión” y “no visión”. Como la constante presencia de la cámara fotográfica, que capta lo exterior, pero nunca lo interior de las personas. O esa fotografía casual, en su primer encuentro en el parque. O esos dos recién operados, que no se ven, que no se encuentran…

Una historia hermosa… salvo el desenlace, que nos deja con un terrible amargor. Con todo, es hermoso el amor que aquí se cuenta. Y con él podemos quedarnos…

domingo, 15 de junio de 2014

La niña que soñaba con tocar el violín

Jaume Figa, un seguidor de este blog, me envía por mail este anuncio de Thailandia. Es una historia preciosa de superación personal, pero también de amor a la música y, sobre todo, de amistad delicada entre un anciano comprensivo y una muchacha soñadora.
  
Al principio, vemos a una niña que contempla a un violinista vagabundo. El relato se centra en el sonido: los primeros acordes del Canon de Pachelbel, en tono bajo y apagado; los ruidos y bocinazos de la calle; la voz gritona de su hermana que echa por tierra todos sus sueños: “¿Un pato que puede volar? ¿Y un muerto que toca el violín?”. Es lo que había escrito en una redacción… Entonces descubrimos que la chica es sordomuda, y que –abatida por la crudeza del entorno– ha dejado el más hermoso de todos sus sueños: aprender a tocar el violín.

El viejo vagabundo, que por su edad debería estar de vuelta de todo, es quien enciende en ella la llama de la ilusión. “¿Ya no tocas el violín?”, le pregunta por gestos; y ella baja la cabeza avergonzada. Más tarde, desahoga su pena con él: “¿¡Por qué soy diferente a los demás!?”. Y él responde, también con gestos: “¿Y por qué tienes que ser tú como los demás?”. En el silencio de la conversación sin palabras, el viejo le confía su paradójico secreto: “La música… es algo visible. Cierra tus ojos, y lo verás”.

Empieza entonces el Canon de Pachelbel, ahora con más alegría y vitalidad. Es lo que él tocaba, lo que ella –intuimos- aprendió antaño del vagabundo. Y vemos cómo crece su espíritu, y la música, y el afán de aprender. “Oímos” su mejora, su crecimiento, su lucha...

Esta historia de una sordomuda que aprende a tocar el violín -contra todo pronóstico, contra la lógica de los sentidos- es una enseñanza vital en toda regla. Nos habla de abrir nuestro corazón a la esperanza, de creer que los sueños son posibles, y de luchar por conseguirlos con todas nuestras fuerzas. El amor mueve montañas. Y la fe también. Por eso, esa hermosa solidaridad entre los desvalidos –una sordomuda y un viejo de la calle– es el mejor espejo donde podemos mirarnos para aprender a vivir.

Por favor: enviadme más historias como ésta, y difundid este anuncio entre aquellos que puedan necesitar hoy un mensaje de esperanza.

domingo, 8 de junio de 2014

El enfermo necesita, sobre todo, cariño

Cuando estamos enfermos, necesitamos algo más que un medicamento. Necesitamos muchas cosas, que no acertamos a expresar: cariño, comprensión, consuelo... Y, cuando esa enfermedad es larga y dolorosa, como en un cáncer, necesitamos apoyo, mucho apoyo. Ese es el mensaje de este precioso anuncio, que sorprende al espectador en su emotivo final.

El arranque describe un ambiente triste, en algún suburbio de una gran ciudad. ¿Una historia de drogas, robo, alcohol? Un adolescente, cubierto por un pasamontañas, vacía un spray de pintura sobre una vasta pared de ladrillos. Todo hace sospechar un graffiti desafiante, con algún mensaje descorazonador.

Pero en un instante todo cambia. El chico llega a su casa y, al quitarse al pasamontañas, advertimos su cara llena de bondad. La madre imagina que viene de hacer alguna diablura, pero él coge un ramo de flores y lo lleva a la habitación donde duerme su hermana, que –de repente lo descubrimos- está intubada y padece cáncer. El chico descorre las cortinas, despierta a la niña y le invita a mirar lo que ha creado para ella… La madre se emociona, y nosotros también…

Ciertamente, “It’s more than medication”. Es algo más que un medicamento lo que necesitamos en esa situación. Es el cariño. Eso es lo que nos hace vivir.

Buen mensaje para los tiempos que corren. Siempre queda la esperanza, y también el afecto de un hermano al que todos creían ya perdido…

domingo, 11 de mayo de 2014

Una campaña ingeniosa que despierta el amor

La idea de esta campaña fue un golpe de suerte. Uno de los responsables de AFAL (Asociación para las Familias con Alzheimer) fue a Córdoba a un Congreso y, al terminar una de las sesiones, salió a conocer la ciudad. Le acompañó una guía turística, Elena, que disfrutaba recordando todos los datos relevantes de la historia de la ciudad. En aquel paseo, Elena le transmitió algo más que los datos artísticos : le hizo vivir el espíritu que permanece en las piedras, el poso de historia, identidad y sentimientos que el tiempo ha dejado allí, y que sigue vivo porque cada día alguien lo recuerda a los demás...

En esa visita turística, el directivo de AFAL cayó en la cuenta de un hecho terrible: somos, en gran parte, lo que conservamos en la memoria: ahí están nuestras raíces, nuestros amores, nuestra historia; sin memoria, no somos nada. Si olvidamos lo que otros hicieron, y si -sobre todo- olvidamos lo que hicimos y amamos, quedamos profundamente reducidos; conservamos, tan sólo, las emociones más elementales de nuestro cerebro primigenio.

El olvido de todo es lo que va transformando al enfermo de alzhéimer en un ser en permanente despedida. Esta cruel enfermedad despoja a quien la padece de su historia enfocada desde sí mismo y, como consecuencia, lo obliga a la exclusiva interpretación ajena. ¡Qué importante es, en esas situaciones, que sepamos dar amor... incluso aunque el enfermo no lo note!

Esta campaña es lo que se llama una acción de "street marketing": una acción que denominaron "giving memory" (regala memoria) para sensibilizar en plena calle sobre una causa que merece nuestra atención. Después se convirtió en campaña gracias a las imágenes que se grabaron en directo.

Una acción bonita, que nos hace reflexionar y nos invita a amar. Es lo más grande y noble que puede conseguir en nosotros una campaña publicitaria...

domingo, 13 de abril de 2014

La más grande historia de amor

La trascendencia de esta Semana Santa que mañana comenzamos (todo lo que viviremos: procesiones, representaciones de la pasión de Jesús, recuerdos de su agonía y de su muerte) me lleva a buscar hoy un "Video de la Semana" muy especial.

Es una historia de amor. Sin duda, la más grande historia de amor que se haya contado nunca. En Youtube lo podéis encontrar con un título parecido: "La mejor historia de amor". Yo también opino que es así. Es, además, una historia de entrega y de sacrificio, de solidaridad y de familia, de redención y de holocausto. Una historia de amor entre un padre y su hijo que trasciende todas las culturas y todas las épocas. Y, por eso mismo, tiene valor para todos los hombres...

No quiero desvelaros más de este emotivo relato. No todos tenéis por qué estar de acuerdo con él, pero confío en que a todos os conmoverá y os hará pensar. Por eso tiene sentido que lo ponga en una fecha como la de hoy...

El ritmo del vídeo es pausado, suave, contemplativo. Deja que las emociones fluyan poco a poco, como en un cuento de hadas. Quizás el primer minuto pueda parecer moroso, pero luego cobra fuerza repentinamente: y afluyen la expresividad, el dramatismo, la emoción. Las imágenes proceden de un cortometraje titulado "Most", una producción de Eastwind Films, dirigida por Bobby Garabedian.

Espero que los 6 minutos de este vídeo se te pasen en un suspiro...

domingo, 9 de marzo de 2014

"Regreso a casa": Homenaje a las tropas y a sus familias


El año pasado, en el descanso de la Superbowl, un anuncio de Jeep conmovió profundamente a medio Estados Unidos y fue elegido como uno de los mejores del año.

En esta historia, la narración va "in crescendo". Lo primero que vemos es una pantalla oscura y unas palabras fuertes, como gritos silenciosos: “We Wait. We Hope. We Pray” (“Nosotros esperamos, anhelamos, rezamos… hasta que vuelvas a casa”). Pronto descubrimos que es un homenaje a las tropas que vuelven tras una misión humanitaria, una carta abierta a los hombres y mujeres que han cumplido una tarea costosa en cualquier parte del globo.

La banda sonora llena por completo la escena, y comienza la narración de Oprah Winfrey, la conocida presentadora de TV: “Habrá una silla vacía, una luz encendida, tu cena preferida esperándote…”. Porque, mientras estabas allí, alguien mantenía viva la llama del recuerdo: “En tu hogar, en tu entorno, en nuestros corazones, te hemos echado de menos…”.

Sin embargo, el anuncio no nos muestra a los soldados, trabajando esforzadamente en algún lugar inhóspito. En su lugar, vemos a sus hermanos –abatidos– recordándoles en la escuela; a sus madres –doloridas– extrañando su presencia; a sus maridos o a sus esposas –afligidos por el recuerdo– sacando adelante la familia.

El anuncio nos habla de muchas cosas: del deber cumplido en circunstancias difíciles, del trabajo realizado en servicio a los demás, de la recompensa interior tras superar una dura prueba y de la felicidad desbordante cuando se vuelve a casa. Pero, más aún, nos habla de las personas que nos quieren cuando pasamos por momentos de incertidumbre.

Con demasiada frecuencia, al pensar en las guerras y en las misiones de paz pensamos que son algo que les afecta a “ellos”, a los soldados (o a los voluntarios, a los miembros de una ONG o de una labor misional o religiosa). Y, con independencia de lo que pensemos sobre la vida militar, nos olvidamos de lo que experimentan quienes les vieron partir: un dolor lacerante por la ausencia, un temor irreprimible por lo que pueda suceder. Y ese recuerdo constante, angustioso, que se clava en el alma y que lleva a sufrir, a llorar, a rezar…

Por eso, este anuncio puede ser visto como un homenaje a las tropas que regresan a casa, y es verdad que lo es. Pero, para mí, es sobre todo un homenaje a quienes supieron llevar esa angustiosa separación y se esforzaron por seguir adelante. El heroísmo de lo cotidiano, que tantas veces resulta más arduo y difícil que el otro.

domingo, 24 de marzo de 2013

La más grande historia de amor

La trascendencia de esta Semana Santa que hoy comenzamos (todo lo que viviremos: procesiones, representaciones de la pasión de Jesús, recuerdos muy vivos de su agonía y de su muerte) me lleva a buscar hoy un "Video de la Semana" muy especial.

Es una historia de amor. Sin duda, la más grande historia de amor que se haya contado nunca. En Youtube lo podéis encontrar con un título parecido: "La mejor historia de amor". Yo también opino que es así. Es, además, una historia de entrega y de sacrificio, de solidaridad y de familia, de redención y de holocausto. Una historia de amor entre un padre y su hijo que trasciende todas las culturas y todas las épocas. Y, por eso mismo, tiene valor para todos los hombres...

No quiero desvelaros más de este emotivo relato. No todos tenéis por qué estar de acuerdo con él, pero confío en que a todos os conmoverá y os hará pensar. Por eso tiene sentido que lo ponga en una fecha como la de hoy...

El ritmo del vídeo es pausado, suave, contemplativo. Deja que las emociones fluyan poco a poco, como en un cuento de hadas. Quizás el primer minuto pueda parecer moroso, pero luego cobra fuerza repentinamente: expresividad, dramatismo, emoción. Las imágenes proceden de un cortometraje titulado "Most", una producción de Eastwind Films, dirigida por Bobby Garabedian.

Espero que los 6 minutos de este video se te pasen en un suspiro...