Mostrando entradas con la etiqueta TEMA: Héroe. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta TEMA: Héroe. Mostrar todas las entradas

lunes, 17 de febrero de 2020

"Vida oculta", de Malick: Una oda a la libertad

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) Terrence Malick es un director único. Impredecible e inclasificable. Enigmático y genial. Alejado de toda comercialidad, su cine nace a impulsos de su propia evolución interior, intelectual y afectiva. Se explica así que este licenciado en Filosofía por Harvard y Oxford solo hiciera 4 películas en 30 años, de 1969 a 1998. Posteriormente, 7 años de silencio cinematográfico. Y desde 2005 hasta hoy otros 10 filmes. Reconocido en San Sebastián, Cannes y Berlín, puede fascinar e irritar a partes iguales, tanto a la crítica como al público. Pero no cabe duda de que Malick ya tiene un lugar en la historia del cine al menos por tres títulos soberbios: “La delgada línea roja” (1998)”, “El árbol de la vida” (2011) y “Vida oculta” (2019), estrenada esta última en España el pasado 7 de febrero.

Con una duración de 3 horas, “Vida oculta” se centra en los últimos años de la vida del austríaco Franz Jägerstätter, que murió mártir por su oposición al régimen nazi y que fue beatificado en 2007 durante el pontificado de Benedicto XVI. Para muchos (incluido el que escribe) la existencia de este beato, campesino de Radegund, hubiera quedado escondida si no se hubiera hecho esta película. Hombre bueno y sencillo, enamoradísimo de su mujer Fani y padrazo de sus tres hijas, excelente profesional y persona fiel a su conciencia, Franz pasó un auténtico calvario desde que fue movilizado para participar en la Segunda Guerra Mundial y se negó a prestar fidelidad a Hitler.

Interesantísima biografía de este “santo desconocido”, y más en esta época nuestra donde es moneda corriente el relativismo. Pero conviene advertir al potencial espectador que se trata de una cinta muy pausada, que exige una actitud de paciencia meditativa, porque de lo contrario puede sentirse tentado a… salirse de la sala (algo de esto ya ocurrió en algunos cines con “El árbol de la vida”). Dicho esto y si se acepta el reto, hay que decir que estamos ante un producto mayúsculo, no solo desde el punto de vista espiritual sino también en el aspecto cinematográfico: bellísimas imágenes de una naturaleza que oscila desde la inclemencia a la luminosidad, interpretaciones formidables, cuidada ambientación, extraordinaria música de James Newton Howard acompañada por piezas de Dvorak, Gorecki, Händel…

Todos estos elementos contribuyen a que el espectador experimente de cerca la “pasión de Franz”, donde no faltan ni la oración el huerto, ni la flagelación, ni la entrevista con Pilatos, ni la identificación con la voluntad de Dios, ni la muerte. Un paralelismo buscado, y expresado visual y discursivamente: luz, oscuridad, oraciones, consuelos, generosidades… Malick termina su obra con una oportuna cita de George Eliot: “…Si las cosas no nos van tal mal como podrían irnos a ti y a mí, se debe en parte al número de personas que han vivido fielmente una vida oculta y reposan en tumbas olvidadas”.

jueves, 7 de septiembre de 2017

“Dunkerque”: tragedia, esperanza y heroismo

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) Estrenada el mes de julio y todavía con una fuerte presencia en la cartelera internacional, “Dunkerque” ha sido sin duda la película del verano. Con un presupuesto de 100 millones de dólares, esta ambiciosa coproducción entre el Reino Unido, USA, Francia y Países Bajos lleva recaudados hasta el momento más de 460 en todo el mundo.

Pero hablar de “Dunkerque” es hablar de Christopher Nolan, el director de esta cinta visualmente espectacular y de sonoridad apabullante. Desde que en el año 2000 llamara la atención con “Memento” –convertido en auténtico film de culto–, Nolan es seguido por multitud de cinéfilos que aguardan con expectación cada uno de sus estrenos. Ahí están títulos como “El caballero oscuro” (2008), “Origen” (2010) o “Interstelar” (2014), por citar algunos de los más recientes.

La historia que se nos cuenta es bien conocida. Estamos en 1940 y, tras la invasión de Francia por la Alemania nazi, cientos de miles de soldados aliados se retiraron a la ciudad costera de Dunkerque, junto al mar del Norte, a 10 km. de la frontera con Bélgica. Mientras los soldados esperan su evacuación, las fuerzas alemanas se acercan cada vez más y la situación se vuelve tensa y casi insoportable. Sabemos el desenlace, que no mencionaremos en esta reseña.

Entre los actores, veteranos como Kenneth Branagh o Mark Rylance –quizá la interpretación más sobresaliente–, y rostros jóvenes como los de Fionn Whitehead o Harry Styles, el que fuera líder de la banda One direction.

Nolan logra definir magistralmente las coordenadas de espacio (tierra, mar y aire) y de tiempo (una semana, un día, una hora), para sumirnos en un clima bélico que bascula entre la tragedia y la esperanza. A través de escenas magníficamente rodadas –con 6000 extras y sin efectos digitales– y la impresionante fotografía de Hoyte van Hoytema, el director inglés narra los acontecimientos casi sin necesidad de diálogos. Pero esta meritoria opción conllevaba un peligro que, en mi opinión, no se logra salvar del todo, porque la escasa “sustancia” del guión literario impide una mejor definición de los personajes y, como consecuencia, una mayor implicación emocional por parte del espectador.

No obstante, en “Dunkerque” se resaltan suficientes comportamientos ejemplares, actuaciones heroicas y gestos de valentía y generosidad como para recomendar una película que estará en la quiniela de los Oscar y que puede acaparar los premios técnicos, incluido el correspondiente a la –quizá abrumadora– banda sonora de Hans Zimmer.

lunes, 10 de octubre de 2016

Emotivo spot: El héroe es el que transmite alegría a su entorno

Philips, líder mundial en tecnología de la salud, acaba de lanzar su última campaña en Australia a través de la agencia Ogilvy & Mather. El spot cierra su historia con el mensaje habitual de la compañía: "Siempre hay una manera de hacer la vida mejor". Esa es la síntesis de su storytelling.

El breve relato juega con dos elementos clave: la sorpesa y el humor. Un hombre normal y corriente, quizás un poco más estresado de lo normal, se despierta una mañana y empieza una carrera contrarreloj para llegar al trabajo: entre otras cosas, toma un sándwich mientras se ducha. De repente, le vemos vestirse de… ¡Spiderman! aunque su porte no es precisamente el de un héroe. Su inmediata carrera por la ciudad nos confirma en la impresión de que poco tiene de héroe salvador del mundo, aunque algunos detalles -a la par que retrasan su carrera- sí muestran su valía personal, como cuando ayuda a una ancianita a subir el carro de la compra por una escalera de interminables peldaños.

Al final, descubrimos el sentido de esa extraña aventura. Y nos damos cuenta entonces de que, en cuestiones de salud, la tecnología debe ir siempre sazonada por una buena dosis de cariño.

Dirigido a profesionales de la salud, el spot quiere mostrar cómo Royal Philips ve la salud de manera diferente, porque pone a las personas en el centro de su actividad. Ellos enfocan los problemas a través de los ojos del paciente, y eso les inspira para tratar de innovar cada día.

Ahora es el momento de que veas el anuncio:



Para cerrar este breve comentario, nada mejor que las palabras de Eva Barrett, responsable global de publicidad de la marca: "Esta campaña tiene como objetivo cambiar la percepción de nuestra marca entre la audiencia: no somos una compañía tecnológica y fría, sino una compañía tecnológica y humana (…). El spot está inspirado en una historia real, la historia de un limpiador de ventanas, que se viste de hombre araña para llevar un poco de alegría y entretenimiento a los niños enfermos. Él cree que animarlos les ayuda a recuperarse más rápido… Y es verdad, porque a veces la sonrisa es la mejor medicina".

lunes, 15 de febrero de 2016

"La verdad duele": David frente a Goliat

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) “Concussión” (conmoción/ conmoción cerebral) es el título original y más adecuado para la última película protagonizada por Will Smith. Estrenada en España el pasado viernes y denominada “La verdad duele”, se trata de una interesante cinta que plantea una cuestión poco conocida: las graves secuelas físicas y psíquicas que sufren algunos jugadores de fútbol americano.

La NFL (National Football League) ha estado siempre muy atenta a estos aspectos médicos, y todos los equipos cuentan con especialistas para estudiar y mitigar esos “daños colaterales” del deporte rey en USA. Porque el fútbol americano es también un gran negocio, que da trabajo a cientos de miles de personas y congrega cada semana, en los campos y ante el televisor, a millones de aficionados. La última Super Bowl, por ejemplo, fue vista por 112 millones de televidentes.

“La verdad duele” cuenta la historia real del Dr. Bennet Omalu (Will Smith), un inteligente y honesto neuropatólogo forense nigeriano que quiso vivir su sueño americano. Por diversas circunstancias, el Dr. Omalu se trasladó a los Estados Unidos, y en 1994 recaló en Seattle. En el año 2002, momento en que se sitúa la cinta, lo vemos ya trabajando en Pittsburgh, a las órdenes de su jefe y protector, el Dr. Dr. Cyril Wecht (Albert Books). Con su apoyo y el del Dr. Julian Bailes (Alec Baldwin) investigará las posibles causas de los suicidios de varios grandes exjugadores todavía jóvenes, y descubre lo que denominó la CTE (Encefalopatía Traumática Crónica). O sea, que los fallecidos padecían –previamente al suicidio– una conmoción cerebral derivada de los miles de golpes recibidos en la cabeza a lo largo de su vida deportiva.

Después de que el Dr. Omalu publique sus conclusiones, los rectores de la NFL se quedan conmocionados y buscan la manera de silenciar el descubrimiento de ese… extranjero. Ya tenemos así planteada la cruzada del hombre individual contra el todopoderoso sistema, un esquema que recuerda a algunas producciones de Frank Capra. Un hombre solo, pero con dos firmes soportes: su sólida fe católica, patente en muchos momentos del film, y su mujer, Prema Mutiso, papel que encarna la británica Gugu Mbatha-Raw.

Con un argumento atractivo, un actor carismático (Will Smith estuvo nominado a los Globos de Oro por esta interpretación), unos secundarios solventes (entre los que hay que destacar a David Morse), y una inspirada banda sonora de James Newton Howard (que incluye la bonita canción “So Long” de Leon Bridges), esta notable “La verdad duele” no llega a la excelencia por diversos motivos: una dirección algo convencional de Peter Landesman, algunos tópicos del guión (escrito por el propio director) y un montaje necesitado de tijeras que hubieran evitado varias arritmias en el desarrollo de la acción. Quizá por estas razones ha sido ignorada por los académicos de Hollywood en la ceremonia de los Oscars.

Pero estos defectos no impiden recomendar una película que tiene calidad, cuenta una buena historia –muy americana, es cierto– y resulta muy respetuosa con el espectador. Parece que “La verdad duele” ha creado cierta inquietud entre los máximos responsables de la NFL, algo que posiblemente se traducirá en mejoras para proteger la salud de los jugadores, porque como señala con sorna el personaje interpretado por Alec Baldwin: “mi padre me decía que en los Estados Unidos lo primero es Dios –y vemos al actor extender dos dedos de una mano– y lo segundo –y aquí sólo extiende un dedo‑ el fútbol americano”. Junto al trailer, dejo también la canción de Leon Bridges.



La canción “So Long”, de Leon Bridges:

domingo, 30 de junio de 2013

Héroe en el tsunami: "¡Salven primero a mi hermano!"


El 12 de enero de 2011, la señora Donna Rice y sus dos hijos, Jordan y Blake, de diez y trece años de edad, regresaban a casa después de hacer unas compras. Llovía mucho. Eran conscientes del mal tiempo que reinaba durante esa semana en la mayor parte del país, especialmente en la zona donde vivían, en los suburbios de Brisbane, la tercera ciudad más populosa de Australia. Lo que no podían imaginar era que en poco tiempo estarían rodeados sin remedio por el agua.

La tromba de agua que aquella tarde arrasó Toowoomba, en la zona oeste de Brisbane, fue descrita por testigos presenciales como un furioso tsunami que arrastraba automóviles, arrancaba árboles y destruía viviendas con enorme facilidad.

La familia Rice no tardó mucho en darse cuenta de que sus vidas corrían peligro. La madre llamó a los servicios de emergencia, que le recomendaron permanecer dentro del vehículo. Pero a los pocos minutos se vieron arrastrados por la corriente. Enseguida se encontraron con que estaban ya en esa delgada línea que separa la vida de la muerte. Finalmente el coche se detuvo, pero el nivel del agua seguía creciendo, por lo que Donna y sus dos hijos tuvieron que subirse al techo del automóvil. El conductor de un camión que pasaba por allí logró descolgarse con una cuerda y llegar hasta ellos. Tendió la mano a Jordan, pero su respuesta fue muy clara: “Salve primero a mi hermano”.

Así lo hizo aquel hombre, que logró poner a salvo a Blake, pero la cuerda se rompió cuando intentaba salvar a su madre y a Jordan, que fueron arrastrados aguas abajo. Pudieron aferrarse a un árbol durante unos minutos, pero enseguida fueron absorbidos por la corriente y perecieron.

Esta historia, dramáticamente real, nos permite considerar un tema tan fundamental como es la capacidad de renuncia a uno mismo por amor al otro. Jordan Rice no dudó en pedir que salvaran primero a su hermano, probablemente con plena conciencia de que se jugaba con ello la vida. Su generosidad le permitió superar un estado de miedo en el que sin duda su instinto de conservación le empujaba a salvarse él primero. Su gesto es un claro testimonio de lo que puede ser capaz el hombre, una muestra de que en su interior hay siempre semillas de grandeza, arranques generosos que hacen el mundo más humano y más habitable, más llevaderas las penas que cualquier vida encierra.

Me pregunto, como su padre, por qué Jordan hizo aquello, qué pasaría por su mente en esos momentos. Su reacción sería, supongo, la de su modo de ser habitual. Aquel chico estaría educado en ese sencillo sentido de centrar la vida en los demás, habría aprendido a sacrificarse por ellos, a sentir lo de los demás como propio. Aquella familia, no sabemos si de mucha cultura pero desde luego de enorme sabiduría, quizá de pocas letras pero gigante en los valores que engrandecen la vida de los hombres, ha sido tierra fértil para que surja esa excelencia moral.

Su vida ha sido breve, pero seguro que con más sentido y mejor vivida que muchas otras muy largas y relevantes, puesto que lo importante no es cuánto se vive, sino cómo se vive.

Alfonso Aguiló (Hacer Familia)

domingo, 16 de junio de 2013

Contagiar visión positiva

Jerry era director de un restaurante en una pequeña ciudad de Estados Unidos. Siempre estaba de buen humor y tenía algo positivo que decir. Era un motivador nato. Por dos veces, cuando cambió de trabajo, varios de sus empleados se empeñaron en seguirle a donde él fuera a trabajar.

Su manera de ser provocó mi curiosidad, así que un día le pregunté: «No me lo explico. No se puede ser positivo siempre, sin interrupción. ¿Cómo lo haces?». Jerry me contestó: «Cada mañana me levanto y me digo, tengo dos opciones, puedo elegir estar de buen humor o de mal humor. Y siempre elijo estar de buen humor. Cada vez que ocurre algo malo, puedo elegir entre el papel de víctima o el de aprender algo de aquello. Y procuro elegir lo de aprender algo. Cada vez que le oigo a alguien quejarse, puedo elegir entre sumarme a sus lamentos o fijarme en el lado positivo de la vida, y siempre escojo lo segundo.»

«Pero no siempre es tan fácil», protesté. «Tampoco es tan difícil», contestó Jerry. «La vida es una elección constante. Cada situación es una elección. Eliges cómo reaccionar ante las situaciones. Eliges cómo va a afectar la gente a tu humor. Eliges estar de buen o de mal humor. Es elección tuya decidir cómo vives tu vida.»

Tiempo después, Jerry fue víctima de un atraco. Había olvidado cerrar con llave la puerta trasera del restaurante mientras hacía el balance de caja del día, y entraron dos hombres armados. Trató de abrir la caja fuerte, pero con el nerviosismo fallaba la combinación. Los atracadores se pusieron más nerviosos aún que él, y acabaron por dispararle... Vi a Jerry unos meses después, cuando se había restablecido. Le pregunté qué le había venido a la mente cuando ocurrió el atraco. «La primera cosa en que pensé es que debía haber cerrado bien la puerta. Luego, después de que me disparasen, cuando estaba tendido en el suelo, recordé que tenía dos opciones: podía elegir vivir, o podía elegir morir. Y escogí vivir.»

«Los camilleros eran unos tíos simpáticos. Me animaban. Me decían que me iba a poner bien. Pero cuando me metieron en la sala de urgencias y vi las caras de los médicos y enfermeras, mientras me exploraban, me asusté realmente. En sus ojos se leía "es hombre muerto". Entonces vi que tenía que pasar a la acción.»

«¿Qué hiciste?», pregunté. «Bueno, había una enfermera que me preguntaba a gritos si era alérgico a algo. "¡Sí!", le contesté. Se hizo un silencio grande. Esperaban que continuara. Yo cogí aire y dije: "Sí, tengo alergia... ¡a las balas!". Después de las risas de todos, les dije: "Quiero vivir. Así que, por favor, opérenme cuanto antes".»

Jerry piensa que vivió gracias a los médicos y enfermeras, y yo pienso que fue gracias a su actitud. Aprendí de él que cada día puedes elegir si vas a encarar la vida con ganas o te vas a amargar. La única cosa enteramente tuya, que nadie puede controlar o asumir en tu lugar, es tu actitud. De modo que si te das cuenta de esto, todo lo demás de la vida se hace bastante más fácil.

La historia de Jerry concluye aquí. Es quizá un tanto simple, pero apunta una idea importante. Todos conocemos personas que, con su sola presencia, irradian sentido positivo. Su actitud es optimista, animosa, esperanzada. Poseen como una especie de campo magnético que orienta los de los que le rodean, que quizá son más débiles o más negativos. Son desactivadores de crispaciones y rencillas. Cuando afrontan una situación difícil, suelen ser serenos, conciliadores, armonizadores.

Suelen ser personas que han conseguido aprender de sus propias experiencias, tanto de las negativas como de las positivas. Creen en los demás. Procuran no etiquetar ni prejuzgar a la gente, sino descubrir los valores positivos que hay en toda persona. Despiertan agradecimiento y gratitud. No son envidiosas. Son agradecidas. Tienden, de forma casi natural, a perdonar y olvidar las ofensas que reciben. Buscan el modo de mejorar su formación. Leen, escuchan, poseen afán de conocer cosas, les interesa lo que interesa a quienes le rodean. En fin, toda una actitud digna de imitar en nuestra vida. (Alfonso Aguiló, Conoze)

lunes, 5 de septiembre de 2011

Vídeo de la semana: "Tony Meléndez: alegría frente a la adversidad"

Tony Meléndez es un guitarrista, compositor y cantante nicaragüense que se ha hecho célebre por sus bellas canciones, pero más aún por tocar la guitarra... sin manos.

Debido a un medicamento que recetaron equivocadamente a su madre, Tony nació sin manos. Pero él aprendió a vivir con esa limitación. Aprendió a luchar y a salir adelante en la vida; a no lamentarse ni a refugiarse en la tristeza; a disfrutar de la vida, a trabajar sin manos, a convivir. A formar incluso una familia. Y a cantar su canción preferida a la persona que más admiraba: el Papa Juan Pablo II.

Un vídeo como el que hoy os presento resulta especialmente apropiado por los tiempos que corren. Es un vídeo alegre, ilusionante, inspirador…

Ojalá sepamos sacar partido de él, y transmitirlo a todos los que necesiten en este momento una especial inyección de esperanza y de optimismo.

martes, 24 de agosto de 2010

El mentor y la forja del héroe

Hablábamos la semana pasada de que el héroe no nace: se forja en la dura prueba y en el esfuerzo por conseguir su misión. Ofrezco ahora la segunda parte de un interesante artículo de Mario López de Astea sobre esta cuestión, publicado hace unos días en Aceprensa.

La soledad caracteriza a muchos de los héroes modernos, incluido el héroe corriente, sin superpoderes, de Gran Torino. Precisamente esa película —junto con una multitud de ejemplos, como Arturo y Merlin, Frodo y Gandalf, Harry y Dumbledore, o los entrenadores de Rocky y The Karate Kid, con una nueva versión por estrenar—, muestra otro de los elementos característicos del superhéroe: la necesidad de un mentor que lo acompañe en su camino de forja y dé sentido a su misión en esta vida.

Cuando falta, el héroe parece desvalido —o herido— y sin norte, inclinado al error, incapaz de ajustarse a la misión para la que ha sido designado. Sucede con Spider-Man, con el último Batman, y hasta con Águila Roja y con todos los que pierden o rechazan la figura del mentor. Con la misión y los poderes especiales viene siempre —¿un guiño a la providencia o una simple casualidad?— el sabio, guerrero o hechicero que instruirá y enderezará al héroe. Cuando falta, como sucede con los modernos superhéroes de Heroes y, especialmente, en Los protegidos, se echa de menos en el desarrollo del personaje.

Quizá una de las mayores diferencias entre el héroe clásico y el moderno esté precisamente en el modo en que se forja el héroe: el paso del "para qué sirven" los superpoderes al más completo de "a quién sirven". En la actualidad, muchos superhéroes parecen haber perdido la noción de sacrificio y autodominio, se han convertido en "héroes absolutos": es el caso de Batman en The Dark Knight, que termina rechazado por su mentor y colaborador cuando rebasa el límite de lo ético, aunque sea por una buena causa. También es el caso de personajes como Iron Man o Ghost Rider, que transgreden todo tipo de normas cuando se trata de hacer justicia o, con mayor frecuencia, de ejecutar una venganza.

Justicia y venganza son dos referentes ambiguos para esos superhéroes que se saltan las normas morales por las que se rige la humanidad... para salvar a la humanidad. Es la tentación del atajo: soluciones fáciles y rápidas, sobre todo en cuestiones éticas, porque no queremos reflexionar (falta madurez). Y la tentación del apaño: viajar al pasado para corregir las consecuencias de nuestros actos, porque no queremos rectificar en el presente y asumir esos errores (falta responsabilidad).

En nuestra sociedad, que confunde a menudo la satisfacción del deseo con la afirmación personal o con una manifestación de independencia, el autodominio que debería caracterizar al superhéroe acaba mermado. Los "héroes absolutos", como el superhombre de Nietzsche, no conocen límites —poco queda de templanza en el moderno héroe de acción—; pero el héroe verdadero conoce el alcance de su misión y sabe que "con mayor poder viene una mayor responsabilidad".

martes, 17 de agosto de 2010

Los superhéroes ¿nacen o se hacen?

En la ficción audiovisual, todos tenemos claro que el héroe no nace: se hace -o mejor, se forja- en el logro de una misión. Una misión que le es encomendada, que muchas veces le supera, y para la que siempre necesitará ayuda por parte de alguien (Lo vual exige de él una cierta dosis de humildad). Pero existe también el superhéroe, tan de moda en la filmografía contemporánea; y sobre él ha escrito Mario López de Astea un interesante artículo en Aceprensa. Reproduzco aquí la primera parte de esa nota.

No nos referimos aquí al origen del superhéroe –la causa de los superpoderes–, sino del proceso por el que un personaje con superpoderes termina convertido en superhéroe. En esa ficción, los poderes pueden ser innatos (o de origen extraterrestre), aparecer de modo fortuito (casi siempre por cuestiones de biotecnología fuera de control) o tener un origen inexplicado (forma parte del misterio que envuelve su identidad). También puede apuntarse un suceso que actúe como detonante —como ya se ha comentado, abundan los superhéroes con una agenda de venganza disfrazada de justicia—; pero, como señalaba Sánchez Escalonilla en el título de su libro, un héroe se forja. Según sea la catadura moral de la "persona", así será luego el "héroe".

Peter Parker, huérfano bien educado por Aunt May y Uncle Ben, da un buen Spider-Man (a pesar de su momento oscuro); Lucas, que desborda ingenuidad y buenos sentimientos, resulta ser un buen protegido (un poco torpe, pero va aprendiendo); Clark Kent, criado por Martha y Jonathan según los valores tradicionales, se convierte en el superhéroe que encarna las esencias del espíritu americano (aunque sea un illegal alien).

Para hacerse, los héroes deben, en primer lugar, enfrentarse a sí mismos, afrontar a la vez sus poderes y sus limitaciones. Por lo que parece, no debe resultar sencillo: el propio Luke Skywalker, campeón de la Fuerza, fracasó en su prueba en Dagobah. Y otros muchos de estos superhéroes modernos comparten la misma debilidad.

Simplificando su actitud ante los superpoderes, podríamos decir que los héroes de hoy caben en tres categorías que, a su vez, son todo un apunte psicológico: los que anhelan esos poderes, los que los rechazan, los que los aceptan. En este último grupo están los idealistas, que piensan haber recibido algún tipo de don, intentan averiguar por qué y suelen usarlo en favor de los demás porque se sienten llamados a actuar con especial responsabilidad (Peter Parker, Hiro, Micah). Los que anhelan tener superpoderes suelen ser egoístas (los quieren por motivos superficiales, como Ando, o sencillamente malvados, como Sylar). A otros no les hace gracia la habilidad que poseen, pero la aprovechan: son los pragmáticos como Nathan Petrelli, Matt Parkman (Heroes) o el Culebra (Los protegidos). Por último están los amargados por su habilidad, porque no saben cómo manejarla o porque lamentan que les haya tenido que suceder precisamente a ellos (Jessica en Heroes y Sandra en Los protegidos). En el fondo, son distintas actitudes ante un mismo objeto: la misión en esta vida y qué hacer con los talentos recibidos.