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viernes, 7 de marzo de 2025

Cómo se hizo «El padrino» (1972), de F. F. Coppola

Considerada por muchos como la mejor película, El padrino es una cinta mítica, que en su momento llegó a ser la más taquillera de la historia. No la comento por los valores que refleja, sino por el trabajo de su producción, que no fue nada fácil y que salió adelante solo gracias al empeño, el buen hacer y la audacia de sus creadores. De ese empeño trata este nuevo artículo.

Todo empezó con una gran paradoja. El equipo de producción –con Marlon Brando a la cabeza– estaba convencido de que esta cinta iba a suponer un mazazo definitivo a la mafia norteamericana. Sin embargo, el productor Albert S. Ruddy tuvo que reunirse con el jefe de la camorra neoyorquina, Anthony Columbo, para garantizar que el filme podría rodarse en esa ciudad sin peligro de sabotaje por parte de las familias de delincuentes. A cambio, Ruddy se comprometió a que las palabras «Mafia» o «Cosa Nostra» no aparecieran en los diálogos del filme.

Como es sabido, la película comenzó siendo un libro que se vendió muy bien. Su autor, Mario Puzo, que no había destacado en sus dos primeras novelas, se había propuesto escribir «un espléndido best-seller sobre la mafia». Y, en efecto, El Padrino no sólo le sacó de apuros, sino que batió todo tipo de récords de venta en menos de un año: 500.000 ejemplares en tapa dura y más de diez millones en ediciones populares.

Pero no sólo Puzo tenía problemas económicos en ese momento. Tras ganar el Oscar al mejor guion por Patton (1969) y montar alegremente su propia productora, Francis Ford Coppola se encontraba prácticamente en la bancarrota. Afortunadamente, su origen italo-americano fue una baza decisiva para que el proyecto por el que muchos directores soñaban fuera a parar a sus manos: un joven de apenas 30 años, pero con una cercanía al mundo italiano y una gran sensibilidad para el desarrollo de personajes.

Esa sensibilidad trajo problemas en un principio. Coppola quería que fuera Lawrence Olivier quien hiciera el papel principal de Don Corleone; y lo mismo la Paramount, que no quería saber nada con un actor tan problemático como Brando; pero Mario Puzo, que escribió el guion, y el propio Coppola se empeñaron y consiguieron que fuera éste el elegido.

Y realmente fue una sabia elección. Marlon Brando se hizo al personaje a las mil maravillas, aparentando tener casi 70 años cuando sólo contaba 47. Y lo hizo sin ningún acercamiento previo al personaje, casi sin aprenderse el guion, para que la puesta en escena moviera sus reacciones y sentimientos. Incluso esa voz cascada tan característica fue un hallazgo no previsto: la copió de un verdadero jefe de la mafia, Frank Costello, con quien se entrevistó unos días antes de empezar la producción. Todo esto le confirió una aureola de prestigio entre el casting, mucho más joven que él y propenso a adorarle.

El rodaje comenzó una semana antes de lo previsto, porque los pronósticos metereológicos anunciaban nevada para los primeros días de marzo de 1971. Para filmar las escenas de la víspera de Navidad en los almacenes Best de la 5ª Avenida, Coppola preparó con adelanto a todo su equipo; pero la nieve no llegó, y tuvieron que poner en marcha las máquinas de efectos especiales. Como el público no estaba avisado, ese día se creó una gran confusión por los coches de época; pero los más sorprendidos fueron algunos viandantes madrugadores que quisieron entrar en Best a la mañana siguiente: en los exteriores todavía figuraban los precios de los productos de… ¡1945!

La escena más difícil de rodar fue el intento de asesinato de Don Corleone en el exterior de la factoría Olive. El set se había instalado en la calle Mott, un rincón del getho italiano que no había cambiado en los últimos treinta años. Durante tres días, Brando escogía sus naranjas y recibía los balazos antes de que una enfervorecida multitud aplaudiera desde las ventanas al terminar cada una de las tomas. Precisamente aquel apoyo popular fue un terrible calvario para Coppola: algunos del público se colaban entre las cámaras, otros aparecían en el fondo de la imagen y, sobre todo, más de un entusiasta se arrancaba a aplaudir a los actores antes de que el plano hubiera concluido.

Al final, la película funcionó a pesar de su largo metraje. Llegó a ser la más taquillera de la historia (hasta la llegada de Lucas y su Star Wars, en 1977), y barrió también en la noche de los Oscars: Mejor película, mejor actor (Brando) y mejor guion adaptado (Coppola y Puzo). Pero lo más asombroso estaba aún por llegar: su continuación, El padrino II (1974), obtuvo otros seis Oscars, y se convertía en la primera y única secuela de la historia que ganaba el Oscar al mejor filme. 

Ciertamente, se trataba de una película que había entrado por méritos propios en los anales de la Academia. Para muchos críticos, es la mejor película de la historia.

jueves, 23 de enero de 2025

«El Conde de Montecristo» (2024): traición, venganza, perdón

Entre 1845 y 1846, la novela El Conde de Montecristo fue publicada en dieciocho tomos, formando un total de más de mil páginas. Considerada la mejor obra de Alejandro Dumas, ha sido llevada a la gran pantalla hasta cuatro veces, además de otras versiones en formato serie; de éstas, la más famosa es la coproducción francesa-italiana-alemana, protagonizada por Gerard Depardieu.


La historia es muy conocida, pero esta nueva adaptación cinematográfica, escrita y dirigida por Alexandre de La Patellière y Matthieu Delaporte, tiene tal encanto que es como si se viera por primera vez. Con un presupuesto de 43 millones de euros, ha sido una de las grandes producciones francesas de 2024 y es un auténtico espectáculo visual: impresionantes localizaciones, fotografía muy cuidada, interpretaciones de gran altura y, sobre todo, una muy buena recreación de la época histórica.


Como es sabido, la narración se centra en la caída y resurrección de Edmundo Dantés, un joven marinero que, a punto de dar su sí a Mercedes ante el altar, es acusado falsamente de complot bonapartista y llevado a la oscura y tétrica prisión de If. La injusta acusación tramada por Danglars, Villefort y su entonces mejor amigo, Fernando, es el inicio de un largo camino de sufrimiento. En If, Dantés se aferra a la vida gracias a un único objetivo: conocer la verdad y hacer que los culpables paguen por ello


La fortuna hará que en la prisión conozca a un monje que le habla del tesoro de los cruzados, oculto en la isla desierta de Montecristo. Veinte años después, cuando consigue escapar de las mazmorras, se convierte en un hombre rico que, sigilosa y lentamente, pone en práctica su elaborado plan de venganza. Hasta aquí el planteamiento narrativo que todos conocemos.


Sin embargo, esta película trasciende la simple historia de venganza para plantear otros temas: envidia y ambición, culpa y expiación, amor y traición. A diferencia de las tramas de acción modernas, protagonizadas por Liam Neeson, Denzel Washington o Jason Statham, esta adaptación explora la complejidad de las emociones humanas y el peso de las decisiones libres. Los directores profundizan –como ya hiciera, en su momento, Dumas– en las repercusiones morales y emocionales de los actos del protagonista, ofreciendo una reflexión sobre los límites de la venganza y el poder redentor del amor y del perdón


Atreverse a adaptar a la pantalla un texto de más de mil páginas, no es tarea sencilla, y los guionistas de esta nueva versión fílmica han realizado un esfuerzo titánico para resumir el argumento sin perder ninguna de las subtramas y, a la vez, mantener un firme e interesante hilo argumental que mantienen en vilo al espectador, a pesar de sus casi tres horas de duración. La historia mantiene un ritmo narrativo ágil, con una tensión creciente y unos giros de guion muy bien construidos. La Patellière i Delaporte –que, con Los tres mosqueteros: D'Artagnan y Los tres mosqueteros: Milady, de las que fueron guionistas, firman una particular trilogía de Dumas– demuestran tener un dominio para adaptar aventuras literarias con respeto y profundidad, a pesar de algunas licencias que respetan siempre el espíritu original.


En definitiva, El Conde de Montecristo es una película emocionante que capta la esencia del clásico literario. A la vez, da una vuelta de tuerca a la cuestión de la venganza, ofreciendo un espectáculo moderno y mostrando que, siempre, el amor y el perdón son fuerzas mucho más poderosas que la revancha y la muerte.


viernes, 12 de febrero de 2021

"Anton, su amigo y la Revolución Rusa": Elogio de la amistad (Estreno: 12-02-2021)

(JUAN JESÚS DE CÓZAR).- El fruto más valioso de la libertad humana es nuestra capacidad de amar. Una capacidad universal, que no exige especiales condiciones personales. No todos podemos saber mucho, pero en los genes del alma llevamos la facultad de amar mucho. Claro que las cualidades hay que cultivarlas y regarlas cada día. En el otro lado de la balanza está el odio: ¿de dónde surge?, ¿por qué razones?, ¿cómo evitarlo? O sea, la gran pregunta sería: ¿podemos construir un mundo sin odios, un mundo donde todos podamos comprendernos y vivir en paz?

Esta preocupación latía en la extraordinaria película “Mandarinas” (2013), del director georgiano Zaza Urushadze. El filme estuvo nominado al Globo de Oro y al Oscar en la categoría entonces denominada ‘mejor película extranjera’ y, en opinión de este crítico, merecía ambos premios. Urushadze falleció en diciembre de 2019 con solo 53 años, pero nos dejó una última y preciosa película que en España se estrena a partir del 12 de febrero y que lleva por título “Anton, su amigo y la Revolución Rusa”.

Inspirada en hechos reales ocurridos a la familia del escritor Dale Eisler, coautor del guion junto al propio director, es una cinta en la que Zaza vuelve a plantearse sus preocupaciones vitales, esos grandes interrogantes mencionados más arriba. Y lo hace con ese estilo suyo delicado, poético y emotivo, que tan sabiamente armoniza con los hechos en ocasiones duros de la historia que nos cuenta.

En esta ocasión nos traslada a una aldea ucraniana cercana a Odessa y al año 1919. Desde varias décadas antes habitan allí familias de origen alemán dedicadas a la agricultura, que emigraron buscando mejores condiciones de vida. Viven y conviven en paz, con independencia de la religión que practiquen y al margen de ideologías. Los pequeños Anton, cristiano, y Yasha, judío, son grandes amigos y Urushadze quiere mostrarnos a través de sus ojos infantiles las características de la auténtica amistad. Quizá porque solo ‘si nos hacemos como niños’ lograremos ese deseado mundo sin odio y seremos capaces de decir, como Yasha a Anton: “No me imagino un cielo sin amigos. Sin ti”. Pero la revolución bolchevique lo estropeará todo.

La historia tiene más enjundia y unos personajes adultos interesantísimos, varios maravillosos, otros complejos y un par de ellos verdaderamente perversos. Como remate, una gran dirección de actores y una fotografía muy hermosa. Echaremos de menos a Urushadze y su esfuerzo por hacer un cine profundamente humano y trascendente, que remueve al espectador sin desanimarlo. Al contrario, le muestra que hay esperanza, que para comprenderse hay que conocerse, que los radicalismos nos desunen y que un mundo bueno es un mundo de amigos.

martes, 26 de enero de 2021

“Los niños de Windermere” (2020, Movistar+)

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) Interesante y reciente coproducción anglo-germana disponible en Movistar+, que relata un episodio poco conocido. En agosto de 1945, finalizada la Segunda Guerra Mundial, 732 niños fueron acogidos durante unos meses para su rehabilitación en diversos lugares del Reino Unido; varios cientos de ellos residieron en unas instalaciones cercanas al lago Windermere. Eran judíos supervivientes del Holocausto que habían quedado huérfanos, con secuelas en sus cuerpos y profundamente heridos en sus almas a causa de la atroz experiencia vivida.

Se trata de una película muy didáctica, con un enfoque descriptivo e informativo que domina sobre las historias personales. Una opción que incide en la visión de conjunto y aleja sentimentalismos, aunque emocionalmente puede sentirse algo distante. Los británicos Michael Samuels y Simon Block, director y guionista respectivamente, concentran su atención en dos niveles narrativos: por su lado, la evolución de media docena de jóvenes, a través de sus impresiones, recuerdos, traumas, pesadillas e ilusiones; por otro, el esfuerzo de los profesionales que les ayudaron, y que actuaron con una sensibilidad exquisita y una generosidad digna de elogio.


Oscar Friedmann, un psicólogo judío, fue el responsable de esta iniciativa. Le da vida convincentemente el actor alemán Thomas Kretschmann: sus gestos serenos, sus palabras siempre amables, su actitud comprensiva y su sentido positivo conforman una personalidad muy atractiva, de hombre que sabe querer a las personas. El resto del elenco juvenil cumple correctamente, aunque no haya caras conocidas, y se ha puesto un gran cuidado en la ambientación, como es habitual en las producciones inglesas.

Los testimonios de los supervivientes reales han sido fundamentales para reconstruir la historia y oímos sus voces al comienzo del filme: “Me arrancaron de los brazos de mi padre y me llevaron con ellos…”, “Por las noches veíamos el resplandor de los hornos….”, “Había cadáveres esparcidos…”, “Siempre muertos de hambre. Solo pensábamos en comer…”, “Cogieron a los 10.000 niños, los llevaron a Chelmno, los metieron en las cámaras de gas y los enterraron en fosas comunes…”. Pero no se trata de una cinta pesimista ni hay escenas desagradables. Es más, puede resultar muy apropiada para verla en familia y dar a conocer a los más jóvenes este tipo de historias que, sin ocultar el dolor que conllevan, presentan también comportamientos heroicos y nos pueden hacer más humanos.




domingo, 29 de noviembre de 2020

Estreno de "Rocca cambia el mundo": Mejor Película Infantil en Alemania

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) Un título rotundo para una de las mejores películas familiares europeas de la última década, que se estrena en nuestro país el próximo 4 de diciembre. Reconocida como Mejor Película Infantil en los Premios del Cine Alemán 2019 y segunda más votada en los Premios del Público Joven de la Academia del Cine Europeo 2020, Rocca cambia el mundo es uno de esos filmes que muchos profesores desearían que viesen sus alumnos… con sus padres. Una cinta que atesora abundantes elementos didácticos y educativos, con un enfoque enormemente positivo, llena de acción y muy divertida. 
Pero, ¿quién es Rocca? Pues una niña de 11 años valiente y alegre, con una trayectoria algo peculiar. Ha vivido con su padre, astronauta, en el espacio exterior y ahora debe trasladarse a la casa de su abuela en Hamburgo para acudir a un colegio normal por primera vez en su vida. Rocca destaca enseguida por su inteligencia, su simpatía y su actitud despreocupada e inconformista. Pero a la vez es una chica sensible y responsable, respetuosa con la naturaleza, que sabe hacerse amiga de los ‘sin techo’ a los que trata de ayudar, y que no teme enfrentarse a los acosadores de la clase, porque defiende la justicia contra viento y marea. 
El guion pone sobre el tapete una serie de sugestivas cuestiones que nos pueden afectar a todos, niños jóvenes y adultos: la presencia-ausencia de los padres en el hogar; el bullying y el ciberacoso; la soledad y la incomunicación; los miedos, los prejuicios y los remordimientos; las desigualdades sociales; el uso-abuso de las redes sociales… Pero también el valor de la amistad y de la sinceridad, la alegría de rectificar, la generosidad para ocuparse de los más desfavorecidos o la responsabilidad en el cuidado del medio ambiente. Chapó por la directora, Katja Benrath, que ha sabido presentar este mosaico vital de una forma accesible, emocionante y entretenida, y regarlo con un contagioso entusiasmo y grandes dosis de buen humor. 
El reparto infantil cumple con creces y la expresiva Luna Maxeiner se transforma en una Rocca encantadora. Estupendos también los secundarios adultos, con la veterana Barbara Sukowa (la protagonista de Hannah Arendt, 2012) en el papel de abuela. Un montaje rítmico y el moderno envoltorio musical completan el notable nivel técnico del filme. 
Rocca, la niña, no es ni repipi ni perfecta, pero sí una luchadora rebosante de optimismo. Ella no lo sabe pero, con sus amigos, está cambiando el mundo. La película propone un realismo idealista, tan necesario en la cinematografía actual. Porque, ¿no cumple el cine también su misión cuando nos hace soñar con un mundo mejor?

jueves, 5 de marzo de 2020

"Especiales": La grandeza de los niños diferentes

(JUAN JESÚS DE CÓZAR).- Que la persona, con su especial dignidad, ocupe el centro de una obra artística es siempre una gran noticia. No es que el término dignidad no pueda aplicarse en otros supuestos, pero stricto sensu le corresponde a cada hombre y a cada mujer desde su concepción hasta su extinción natural. Y además, nadie es más digno que nadie. Pues bien, cuando una película como "Especiales", de los franceses Olivier Nakache y Éric Toledano, concentra su mirada en la generosa atención de niños y jóvenes que padecen TEA (Trastorno del Espectro Autista) solo queda aplaudir. Pero si además esa mirada ilumina valores como la ternura, la abnegación, el olvido de uno mismo o la magnanimidad, entonces… hay que volver a aplaudir.

El binomio Nakache-Toledano, que triunfó en media Europa con "Intocable" (2011), relata ahora en "Especiales" la labor que dos entidades no gubernamentales de la Francia actual realizan con unos seres tan delicados y tan indescifrables a veces como son los autistas. Bruno y Malik, judío y musulmán respectivamente, son los líderes de ambas organizaciones. Siempre al borde de la quiebra, a ambos les va la vida en lo que hacen. Además, ayudan en la inserción de jóvenes de pasado difícil reclutándolos como voluntarios. Agotador. Y apasionante.

Los inspectores oficiales vigilarán concienzudamente las andanzas de Bruno y Malik para que cumplan los requisitos legales; pero ellos saben que estos enfermos solo mejoran si los cuidadores saben poner el corazón en su tarea, algo muy difícil de gestionar en los organismos institucionales. Para reforzar esta idea, la cinta late al compás de la banda sonora del dúo germano-suizo Grandbrothers. Una música electrónica rítmica que mezcla piano y percusión, y que impulsa el desarrollo de la historia como un marcapasos al corazón.

La narración contiene momentos dramáticos, pero el tono es siempre amable, optimista y puntualmente divertido. Se intuyen también, aunque no se mencionen expresamente, las motivaciones religiosas que alientan la tenacidad de los dos protagonistas. Vincent Cassel (Bruno) y Reda Kateb (Malik) viven sus papeles, que les exigen un derroche de simpatía, energía y humanidad. Unas cualidades que atesoran los responsables en la vida real de las ONGs recreadas en la pantalla: Stéphane Benhamou y Daoud Tatou.

Hay quienes han comparado “Especiales” con “Campeones”, la cinta de Fesser. Pero, en realidad, los planteamientos son distintos. “Campeones” usa el humor como medio y remedio. “Especiales” es más profunda y, sobre todo, conmueve y remueve.



domingo, 23 de febrero de 2020

"Volando juntos": cine, ecología y familia

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) El francés Christian Moullec lleva más de 20 años trabajando en la observación y seguimiento de aves migratorias. Para sus investigaciones suele utilizar un ultraligero, pequeño avión modelo ala delta motorizado que no parece molestar a las aves ni perturbar su itinerario. Uno de sus logros fue establecer una nueva ruta migratoria para los gansos enanos, especie en extinción. Para contar cómo lo hizo, el cineasta, aventurero y escritor Nicolas Vanier ha rodado “Volando juntos”, película encantadora estrenada a finales de enero, con claros fines ecologistas y un enfoque muy alentador de la familia.

El protagonista de la historia es Thomas (Louis Vazquez) un chico de 14 años hijo de padres separados, que pasará unas semanas con su padre en las marismas de la Camarga, al sur de Francia. Thomas, un pijo en toda regla que vive pegado al móvil, se frustra a las primeras de cambio cuando comprueba que allí no hay cobertura para usar Internet: solo agua, animales… y mosquitos. Su padre, un científico idealista y caótico, ha proyectado un atrevido plan para crear una nueva ruta migratoria que frene la desaparición de los gansos enanos. Un proyecto en el que Thomas se implicará cada vez más, y que le convertirá en el auténtico héroe de una aventura tan arriesgada como apasionante.

Con resonancias al clásico literario “El maravilloso viaje de Nils Holgersson”, de Selma Lagerlöf, Vanier y su equipo de guionistas (entre ellos, el propio Moullec) han urdido una trama de carácter épico, con el objetivo de despertar la conciencia ecologista del público joven, resaltar la capacidad del ser humano para sobreponerse a las dificultades… y entretener. Desde el punto de vista técnico la cinta es un alarde, y regala al espectador unos planos impresionantes del paisaje y de las aves en vuelo junto al ultraligero. Seguramente haya algo de ‘truco’, pero indudablemente ha habido un importante trabajo preparatorio para lograr la convivencia entre los gansos y Thomas, a través del fenómeno de la impregnación, método que muchos conocimos con el visionado del documental “Nómadas del viento” (2001).

Quizá se enfatizan en exceso algunas secuencias a través de la música y la acción se estira demasiado, pero se puede entender lo costoso que debe ser para cualquier director descartar escenas rodadas con tanto esfuerzo y cariño. Estamos por tanto ante un filme descaradamente familiar, con un desenlace optimista que resulta incluso más positivo de lo que podría esperar el espectador. Y es que, para compensar la amargura de ciertas producciones, no vienen mal a veces unas dosis bien despachadas de ‘azúcar cinematográfico’.

jueves, 7 de febrero de 2019

"Green Book": agradable sorpresa en el Oscar al mejor filme


(JUAN JESÚS DE CÓZAR) Estrenada en USA el pasado mes de noviembre, la última película de Peter Farrely es una de las gratas sorpresas de la cartelera española en este inicio de 2019. Y lo es no solo por su calidad y su capacidad para gustar a todo tipo de espectadores (incluidos los críticos), sino porque supone también un punto y aparte en la filmografía de este director, sembrada hasta ahora de cintas mediocres y con abundantes detalles de mal gusto. Con un presupuesto de 23 millones de dólares, Green Book lleva cosechados 83 en todo el mundo y ha recibido 3 premios de la Academia de sus 5 nominaciones: Oscar al mejor filme, al mejor guión original y al mejor actor de reparto. Bien por Farrely, que esperemos haya descubierto una nueva “línea de productos”.

Green Book, que desprende un aroma clásico desde sus primeros fotogramas, nos cuenta una bonita historia de amistad y de superación de prejuicios, homenajea a la familia, alaba el trabajo bien hecho y la honestidad, defiende con firmeza la dignidad de cualquier persona y presenta la religión con naturalidad. Unas bondades que están planteadas de una manera sencilla, sin grandes disquisiciones, con algún que otro cliché y cierta concesión a lo políticamente correcto, pero casi siempre con un tono elegante y un eficaz sentido del humor. Y todo con un ritmo trepidante, al compás de una magnífica banda sonora, que incluye canciones de la década de 1960 y la música de Don Shirley (ahora hablaremos de él).

El filme recrea el viaje de dos meses que en 1962 hicieron Tony Vallelonga (Tony Lip para sus amigos), empleado del club Copacabana, y Don Shirley, virtuoso pianista afroamericano admirado por el legendario Igor Stravinsky. Tony (Viggo Mortensen), de origen italiano, criado en el Bronx, casado con una mujer maravillosa y padre de dos hijos, fue contratado para acompañar a Shirley (Mahershala Ali) como conductor y ayudante personal durante la gira que este realizó por el Sur de los Estados Unidos. Para mayor credibilidad, firma el guion Nick Vallelonga, el hijo mayor de Tony, que oyó contar a su padre el inolvidable periplo en múltiples ocasiones.

En una época de feroz racismo, el título de la película hace referencia a una guía (el “Libro verde”) de los escasos establecimientos que los afroamericanos podían utilizar en los Estados del Sur y que ofrecían cierta seguridad. Viggo Montensen y Mahershala Ali hacen un trabajo extraordinario y están nominados al Oscar. Su compenetración, dando vida a personalidades tan dispares, es perfecta. Una convivencia de la que ambos saldrán beneficiados y de la que el espectador es gozoso testigo. Para no perdérsela.

lunes, 7 de enero de 2019

"El regreso de Mary Poppins": cine positivo

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) Un título sobrevive con buena salud de la cartelera navideña. Una película con viejas resonancias para tantas familias de muchos países, que entre 1964 y 1965 pudieron conocer en las salas de cine a esa hada-niñera llamada Mary Poppins. Casi 55 años después, ese mítico personaje que tanto nos admiró de niños ha vuelto a la gran pantalla de la mano de Disney y de un director experto en musicales: Rob Marshall.

El regreso de Mary Poppins quizá no haya colmado del todo las expectativas, pero es justo reconocer el esfuerzo de los productores por mantener en la secuela el espíritu de la obra original, en la que tanto se implicó Walt Disney. Emily Blunt quizá no tenga el carisma de Julie Andews (¿o es solo nostalgia?), pero compone a una Poppins reconocible, entrañable, coqueta y extravagantemente encantadora.

Si la acción de Mary Poppins se situaba en el Londres de la década de 1910, ahora nos encontramos en la misma ciudad y en 1930, en plena depresión económica. Jane (Emily Mortimer) y Michael (Ben Whishaw), los niños de la familia Banks, son ahora adultos y se encuentran en una difícil situación. Jane sigue soltera y seriamente comprometida con las causas sociales. Michael enviudó, tiene tres hijos, pocos ingresos y una casa en peligro de embargo. Un peligro que el viento del Este parece haber soplado a Mary Poppins, que se presenta de nuevo en la casa de los Banks. La niñera tendrá como aliado al bueno de Jack (Lin-Manuel Miranda), un optimista farolero.

La cinta ha contado con un generoso presupuesto de 130 millones de dólares; un guión escrito a tres manos por David Magee, Rob Marshall, John DeLuca, a partir de los libros de P.L. Travers; la colorista fotografía de Dion Beebe, ganador de un Oscar; las canciones que han compuesto Marc Shaiman y Scott Wittman; y breves apariciones de otros conocidos actores: Meryl Streep, Colin Firth, Angela Lansbury o el mismísimo Dick Van Dyke, en un guiño al filme de 1964. Y tanta calidad se nota en el espectáculo que nos brindan.

La película es “descaradamente” positiva. Y lo es, en mi opinión, por dotar a los personajes de un aire capriano: Jane, Michael y sus hijos, Jack…, parecen sacados de Qué bello es vivir, o de Juan Nadie, o de Caballero sin espada. Virtudes como la honradez, la veracidad, la capacidad de sacrificio, la generosidad o la solidaridad campan a sus anchas por los 130 minutos de metraje, para disfrute de pequeños y grandes. Sí, aquí el malvado no tiene sitio.

viernes, 23 de noviembre de 2018

"First Man": El sentido del dolor y de la vida en un proyecto épico

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) A veces no es lo que se cuenta sino cómo se cuenta. La frase podría perfectamente aplicarse a “First Man”, la última y arriesgada película de Damien Chazelle. Arriesgada porque su tono reflexivo e intimista supone un brusco cambio de registro en la trayectoria del director, después de las exitosas “Whiplash” (2014) y “La ciudad de las estrellas (La La Land)” (2016).

Con solo 34 años y un indudable dominio de la técnica cinematográfica, la crítica internacional auguraba a Chazelle un prometedor futuro. ¿Por qué no seguir brillando con cintas tan vitalistas como las mencionadas? ¿Por qué habrá querido contarnos una vez más la archiconocida y versionada epopeya de la llegada a la luna de Neil Armstrong en el Apolo XI? Quizá porque nunca antes se había contado así, como él mismo explica: “Esta película trata acerca de uno de los logros más extraordinarios no solo en la historia de los Estados Unidos, sino en la historia humana. Mi esperanza es que al excavar bajo la superficie y humanizar el icono, podamos entender mejor cuán difícil y heroico fue realmente este momento”.

A Chazelle parece interesarle poner el foco en personajes que hacen de la capacidad de sacrificio y de sufrimiento casi una virtud absoluta. Una cualidad que comparten el Ryan Gosling de “First Man” y de “La La Land”, y el joven protagonista de “Whiplash”. Y hablando de sufrimiento, no deja de ser significativo que el filme comience con la dolorosa pérdida de un familiar, como ya ocurría con títulos como “Gravity” (Alfonso Cuarón, 2013) o “La llegada” (Denis Villeneuve, 2016). Aquí radica quizá el interés de esos filmes: en la posibilidad de encontrar un sentido a la vida, cuando la herida en el alma es tan profunda que nunca cicatrizará. Porque, como afirmaba Viktor Frankl, “la vida no se hace insoportable por las circunstancias; sólo se hace insoportable por la falta de sentido y propósito”.

Para Neil Armstrong, su inmersión total en el proyecto Apolo XI dio sentido al resto de su existencia. Eso sí, debiendo pagar también el precio de la permanente inquietud de su esposa Janet, una espléndida Claire Foy. Así lo entiende James R. Hansen, autor del libro sobre el que Josh Singer ha elaborado el guion. La inspiradísima música de Justin Hurwitz puede ser de nuevo candidata al Oscar, que ya ganó con la banda sonora de “La La Land”.

A algunos les aburrirá “First Man” por su ritmo pausado y su nivel de introspección al estilo de Terrence Malick, pero no deja de ser una interesante reflexión sobre esas batallas interiores que hemos de librar para convertirnos en héroes de lo cotidiano.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

La sociedad literaria y el pastel de piel de patata: Libros y amistad

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) La isla británica de Guernsey vivió su particular odisea durante la invasión nazi. Su estratégica situación en el Canal de la Mancha, cerca de las costas de Normandía, la convirtió en un importante objetivo para el ejército alemán, que la ocupó en junio de 1940. Pocos días antes se había conseguido evacuar a parte de la población y a casi todos los niños en edad escolar. Se calcula que se marcharon 21.000 habitantes de Guernsey, incluyendo 5.000 niños y los maestros de las escuelas.

Este contexto histórico funciona como paisaje de fondo de “La sociedad literaria y el pastel de piel de patata”, la última película del veterano director inglés Mike Newell, una agradabilísima cinta que está triunfando en la cartelera española. El guión adapta una novela póstuma de Mary Ann Shaffer, inacabada al fallecer la escritora y completada por su sobrina, Annie Barrow.

La acción de sitúa en 1946, en un Londres en plena reconstrucción tras la guerra. Juliet Ashton (Lily James) es una joven novelista de éxito que perdió a su familia durante la contienda bélica. Prometida con Mark (Glen Powell), un militar norteamericano, y representada por Sidney (Matthew Goode), su eficaz editor, la vida de Juliet parece orientada hacia un futuro estable y seguro, con un horizonte lleno de libros por escribir, de conferencias, entrevistas, homenajes y fiestas. Pero un día recibe una carta desde la isla de Guernsey que firma un tal Dawsey Adams (Michiel Huisman); unas letras que van a conectar el pasado con el presente y que tendrán una influencia decisiva en las aspiraciones de Juliet.

La verdad es que este filme de largo título es un disfrute. Y lo es en parte porque concede al espectador lo que este desea que ocurra. Pero se trata de una previsibilidad inteligente, tan elegante y simpática que resulta muy fácil engancharse a la historia y empatizar con los personajes. Aunque no es una obra maestra ni lo pretende, Newell entrega una película que logra entretener y emocionar, gracias a una Lily James encantadora, a una exquisita ambientación muy british, y a un tratamiento muy atractivo de la amistad y de la literatura como antídotos ante el sufrimiento.

Sí. Los amigos y los libros son como las chimeneas en los días de crudo invierno: nos reúnen, nos unen y nos caldean.

jueves, 20 de septiembre de 2018

"Todos los saben": Elegancia iraní en un drama familiar castellano

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) El iraní Asghar Farhadi es uno de los grandes directores contemporáneos. Ganador en dos ocasiones del Oscar al mejor filme en habla no inglesa por “Nader y Simin: una separación” (2011) y “El viajante” (2016), acaba de estrenar una de las mejores películas españolas de este año. Sí, española. Una empresa arriesgada para un realizador y guionista tan alejado teóricamente de la cultura y de la idiosincrasia de nuestro país.

Se titula “Todos lo saben” y fue preseleccionada para representar a España en los Oscar, honor que corresponderá finalmente a “Campeones”. Con un reparto de lujo donde brillan Penélope Cruz, Javier Bardem, Ricardo Darín, Bárbara Lennie y Eduard Fernández, Farhadi ha escrito una historia situada en un pueblo vinícola de Castilla, con elementos de drama familiar y de thriller. Riesgo, decíamos, y mérito a parte iguales, porque si bien la cinta no alcanza las cotas de los mencionados títulos iraníes, el relato interesa y atrapa, y se atreve a “rozar” temas tan delicados como el alcoholismo, el aborto, la maternidad, la fe en Dios o la infidelidad matrimonial.

El argumento se despliega a partir del viaje de Laura (Penélope Cruz) a su pueblo natal desde Argentina, para asistir a la boda de su hermana Ana (Inma Cuesta). Su marido, Alejandro (Ricardo Darín), no ha podido acompañarla, pero sí sus dos hijos. La alegría del reencuentro con la familia y con Paco (Javier Bardem), del que Laura estuvo enamorada, se ve empañada por la desaparición de Irene, la hija mayor de Laura, durante la fiesta posterior a la boda. Un hecho que desata reacciones, revelaciones y consecuencias inesperadas.

No es casualidad que Farhadi se incline por las historias familiares. “Es un terreno afirma  que me permite explorar las relaciones de los miembros de la familia y toda la profundidad del ser humano. Es como un mar sin fondo y siempre se pueden encontrar aspectos interesantes que indagar. En realidad es una reflexión más amplia de la sociedad a través de la microsociedad que es la familia”.


La música de Alberto Iglesias y la fotografía del veterano José Luis Alcaine contribuyen al empaque de un filme rodado con la habitual elegancia de Farhadi, que nunca cede a la banalidad. En su cine los adolescentes pueden resultar alegremente alocados, pero no estúpidos ni frívolos; los adultos débiles o incluso miserables, pero también capaces de sacrificarse y de reaccionar con generosidad. Y en esta sutileza de Farhadi para no humillar a sus personajes, para no despojarlos de la dignidad que poseen como personas, me parece que radica buena parte del atractivo de sus trabajos. Una cualidad que deberían cultivar más directores y guionistas, pero esto… no todos lo saben.

sábado, 25 de agosto de 2018

"Los increíbles 2": mejor familia, mejor película

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) Expectación. Es la palabra que mejor define el clima cinematográfico que crea cada anuncio de una producción de Pixar. Doble expectación en el caso de “Los Increíbles 2”, tras el éxito de la primera entrega en 2004, que además ganó 2 Oscars. Como era de esperar, la película se ha adueñado de la taquilla mundial: 1.200 millones de dólares recaudados hasta el momento, una cifra que casi duplica lo cosechado por el primer episodio.

Con un presupuesto de 200 millones de dólares, Brad Bird y su equipo nos regalan una segunda parte que no solo mantiene el altísimo nivel de calidad de la primera sino que en algunas escenas lo supera. Desde el punto de vista técnico, la cinta es de una perfección detallista: los gestos de los personajes, las texturas, los colores, las escenas de acción, el grafismo… El espectador puede mirar cualquier punto de la pantalla y siempre encontrará un cuidadoso diseño de todos los elementos que entran en el plano. Así trabaja Pixar: con ese impecable “acabado” que, como en las casas, es lo que da prestigio. La música retro de Michael Giacchino, con aires del cine de espías de la década de 1960, pone la guinda al conjunto.

Bird, director y guionista, parte de una premisa para construir la historia: “El panorama ha cambiado sustancialmente desde nuestra anterior película. Pero la idea de que a nuestros Súpers les preocupe conseguir trabajo y pagar el alquiler sigue siendo muy atractiva. La gente continúa identificándose con los desafíos que te plantea la vida, incluso si tienes superpoderes”, afirma. En el argumento aparecen por tanto importantes cuestiones familiares y domésticas como la educación de los hijos, el papel del padre en el hogar, el trabajo de la madre fuera de casa…, junto a misiones imposibles para salvar a la humanidad. Ese continuo intercalado entre lo cotidiano y lo fantástico permite al espectador joven y al maduro entretenerse y, a la vez, pisar tierra.

En esta ocasión los creadores han querido dar un peso especial al personaje de la madre, Elastigirl, acorde con el justo reconocimiento de la relevancia de la mujer en la sociedad y de su capacidad para el multitasking. Y aunque en la trama se han incluido las lógicas actualizaciones a los tiempos tecnológicos que corren, los valores familiares se mantienen: Helen (o sea, Elastigirl), se las tiene que apañar tanto para vencer a los villanos… como para encontrar los zapatos de su hija adolescente. De modo que además de unos Superhéroes lo que tenemos sobre todo es una Superfamilia. No se la pierdan.

viernes, 2 de marzo de 2018

"Todo el dinero del mundo" (Reseña): Riqueza y Codicia

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) Ridley Scott ha dividido a la crítica con su reciente película, tristemente célebre por contar inicialmente con el actor Kevin Spacey, involucrado en un escándalo sexual. Cuando saltó la noticia, el octogenario director británico decidió prescindir de las escenas ya rodadas por Spacey y volver a filmarlas con Christopher Plummer. Una medida que debió costar su dinero a los productores, y a Scott algunos dolores de cabeza a la hora de recomponer el montaje.

A pesar de esas incidencias, pienso que “Todo el dinero del mundo” es un sólido thriller biográfico, con una esmerada puesta en escena, dos interpretaciones magníficas y una comprensible intención moralizante. Eso sí, un cierto recorte de los 132 minutos de metraje hubiese beneficiado la agilidad de la narración.

El guion de David Scarpa adapta un libro que John Pearson publicó en 1995 sobre el multimillonario John Paul Getty y sus herederos. El desencadenante del argumento es el sonado secuestro ocurrido en Roma en 1973 de uno de los nietos del magnate, Paolo (John Paul Getty III), de 16 años. Unos cuantos flashbacks ponen en antecedentes al espectador y funcionan también como presentación de los verdaderos antagonistas de la historia. Porque, por encima del relato del secuestro y del comportamiento de los secuestradores, la película está planteada como un duelo entre un hombre patológicamente codicioso, John Paul Getty (Christopher Plummer), y Gail (Michelle Williams), su nuera y madre de Paolo: un enfrentamiento entre el amor de una madre que busca desesperadamente la liberación de su hijo y la frialdad de un personaje al que la obsesión por el dinero le ha convertido en un monstruo.

Como en todas las películas de Scott, la música tiene una presencia relevante que no es meramente enfática; y las voces operísticas que introduce el compositor Daniel Pemberton –estamos en la tierra de Verdi– refuerzan la resonancia visual de unas escenas muy bien fotografías por Dariusz Wolski. Christopher Plummer está nominado al Oscar por su excepcional interpretación y Michelle Williams, también soberbia, fue candidata al Globo de Oro. En cambio, Mark Walberg queda algo malparado en su desdibujado papel como ex agente de la CIA y hombre de confianza de Getty.

Hablaba más arriba de un cierto propósito moralizador de la película, que podría actuar como un recordatorio del poder corruptor de la codicia, capaz no solo de enturbiar las relaciones familiares sino también de sepultar nuestra propia humanidad. Ya lo advirtió hace muchos siglos Basilio el Grande: “El dinero es el estiércol del diablo”.

viernes, 26 de enero de 2018

"Los archivos del Pentágono": Spielberg por una prensa libre

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) La última película de Spielberg resulta más interesante que entretenida. Interesante porque plantea temas de calado sobre la profesión periodística –el cuarto poder–, su relación con los gobernantes y su servicio a la sociedad. Pero quizá por estar concebida como una sucesión interconectada de duelos orales, “Los archivos del Pentágono” exige del espectador un plus de esfuerzo para implicarse de lleno en la historia.

En cierto modo, el filme de Spielberg podría considerarse una precuela de “Todos los hombres del presidente” (1976, Alan J. Pakula), título paradigmático del género. “Los archivos del Pentágono” no se centra en el periodismo de investigación, leitmotiv de la cinta de Pakula, sino en el ejercicio de responsabilidad que supone la información que cada día alumbran los profesionales de la prensa.

El hecho que vertebra la trama de la película ocurrió en 1971, cuando al Washington Post le llegan anónimamente unos documentos confiden-ciales sobre la participación militar de los Estados Unidos en Vietnam. Desde el punto de vista ético, el contenido de esos “papeles” resultaba escandaloso y dejaba al descubierto la cadena de falsedades oficiales trasladadas al pueblo norteamericano sobre el conflicto vietnamita, consentidas por Truman, Kennedy, Johnson y Nixon, presidente en esos momentos. ¿Debía publicarlos el Post?

Los archivos habían sido sustraídos y filtrados por Daniel Ellsberg, analista militar que colaboraba con el Ministerio de Defensa. Imputado en 1973 por robo y divulgación de documentos secretos, justificó así su conducta en la declaración ante el juez: “Sentía que, como ciudadano americano, como ciudadano responsable, no podía seguir cooperando en la ocultación al pueblo americano de esta información. Lo hice asumiendo personalmente todo el riesgo y estoy dispuesto a responder de las consecuencias de mi decisión”.

Los archivos del Pentágono” acaba de recibir dos nominaciones a los Oscars: a mejor filme y a mejor actriz. Y aquí hay que pararse y descubrirse, porque lo que hace Meryl Streep con su personaje de Katharine Graham, la dueña del Washington Post es para quitarse el sombrero. No importa que a su lado esté Tom Hanks, siempre eficaz, o que la música sea de John Williams  5 Oscars le contemplan, o que la fotografía corra a cargo de Janusz Kaminski con sus 2 Oscars… Streep, que podría ganar su cuarto Oscar, está sublime en su papel de mujer aparentemente frágil y verdaderamente honesta, presionada por un fuerte dilema y rodeada de su familia, empleados, amigos y consejeros, con dispares opiniones.

Película especialmente atractiva para alumnos y profesionales del periodismo, reivindicativa de una libertad de prensa comprometida con la verdad. Una libertad extensible también a otros ámbitos laborales –como el sanitario– que exigen un delicado respeto a la conciencia de la persona.

lunes, 15 de enero de 2018

"Salvando al Reino de OZ": un canto a la amistad solidaria

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) Que la animación europea se está poniendo las pilas es una realidad. Aun sin poder competir con las grandes productoras norteamericanas y sus mega-presupuestos, el salto de calidad que está experimentando este género en países como España, Francia, Gran Bretaña o Rusia así lo certifican. Precisamente desde Rusia nos llega “Salvando al Reino de Oz”, película que se estrenará en las salas españolas el próximo 19 de enero.

Precedida de un gran éxito en su país, la cinta se basa en un relato de Alexander Volkov, matemático y novelista ruso, que recupera a los personajes que L. Frank Baum hizo famosos en su cuento “El maravilloso mago de Oz”. Volkov había realizado en 1939 una traducción libre del libro de Baum, con algunos cambios y añadidos para salvar los derechos de autor. Años más tarde reinició su afición literaria a través de una serie de secuelas de su propia obra; la primera de ellas, publicada en 1963, se titula “Urfin y sus soldados de madera” y es la base del filme que reseñamos.

Salvando al Reino de Oz” nos presenta al astuto y malvado Urfin, que pretende coronarse como rey del fantástico Reino de Oz, apoderarse de Ciudad Esmeralda con sus soldados de madera y cambiarle el nombre a Urfinville. Para impedirlo se pondrá en acción Dorothy, la pequeña y dulce niña con zapatos mágicos, que contará con la ayuda de sus amigos: el perro Toto, el Hombre de Hojalata, el Espantapájaros y el León Cobarde. Pero para poder derrotar a Urfin deben descubrir antes quién es realmente.

Entre aventuras y golpes de humor, la película es un canto a la amistad, a la solidaridad y al esfuerzo, para que la bondad pueda finalmente reinar en esa maravillosa tierra de Oz, que siempre ocupará un lugar de privilegio en nuestro imaginario cultural.

viernes, 12 de enero de 2018

"El gran showman": El fabuloso mundo del circo

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) El norteamericano Phineas Taylor Barnum (1810-1891) está considerado un pionero del entretenimiento de masas. En una época en la que el teatro, los conciertos y otros eventos artísticos quedaban reservados a las clases altas, Barnum comenzó a ofrecer al “pueblo” curiosas y llamativas funciones, que evolucionaron desde los freak-shows (atracciones que mostraban a personas con deformidades singulares) hasta el conjunto de actuaciones que irían conformando el mundo del circo: “El mayor espectáculo del mundo”, tal como lo bautizó Cecil B. De Mille.

El gran showman”, película musical estrenada el pasado 29 de diciembre, se inspira en la vida de Barnum, pero no pretende ser un riguroso biopic de este incansable hombre de negocios. En primer lugar, porque el guión que firman Bill Condon y Jenny Bicks pasa de puntillas por las diversas fases de su vida, para centrarse en su faceta creativa y en la relación con su familia; y sobre todo porque las intenciones de la cinta están claras desde el principio: brindar al espectador un brillante espectáculo visual y musical, con una moderna puesta en escena ideada para transmitirle el optimismo y el espíritu emprendedor y soñador del protagonista.

Para lograr este objetivo, el debutante Michael Gracey ha contado con un formidable reparto de actores, actrices y cantantes, encabezado por un pletórico Hugh Jackman, nominado al Globo de Oro. Junto a él, Michelle Williams, Zac Efron, Rebecca Ferguson, Zendaya y Keala Settle, en los papeles principales. Salvo Rebecca Ferguson, todos aportan su propia voz a las canciones y se revelan además como notables bailarines.

El aspecto técnico el filme es impecable: la fotografía, el diseño de producción, el vestuario, las coreografías, la labor de edición…, vuelan muy alto gracias al trabajo de destacados profesionales, varios de ellos nominados al Oscar o galardonados con la estatuilla. Y musicalmente “El gran showman” es un auténtico regalo, por la banda sonora de John Debney (“La Pasión de Cristo”) y por los 11 excelentes temas escritos por Benj Pasek y Justin Paul, los letristas de “La ciudad de las estrellas (La La Land)”. La nominación al Globo de Oro de “This is me”, una canción contagiosa, llena de vitalidad y reivindicativa de la dignidad de cualquier ser humano es todo un acierto. Reconocimiento que quizá hubiera merecido también la preciosa balada “Never Enough”.

A pesar de las limitaciones de la película por su esquemático guión y la escasa definición de los personajes, “El gran showman” deja algunos interesantes mensajes de fondo como el respeto a la diferencia, el deber de cuidar de las personas con quienes se trabaja y el sacrificio de los proyectos personales por el bien de la familia. Un entretenimiento de calidad basado en una historia del siglo XIX contada y cantada al ritmo del XXI.

lunes, 8 de enero de 2018

"Una bolsa de cánicas": Infancia volatilizada

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) Joseph Joffo, novelista francés judío, publicó en 1973 “Un saco de canicas”, que rápidamente se convirtió en un best seller en Francia y, sucesivamente, en todo el mundo. Traducida a 20 idiomas y con más de 25 millones de ejemplares vendidos, esta obra autobiográfica narra la odisea de dos hermanos judíos de 10 y 12 años (Joseph y Maurice) para escapar de la Francia ocupada por los nazis y salvarse de una muerte segura. Tres años de duro peregrinaje entre 1941 y 1944, recordados por Joseph tres décadas después en un libro que hemos leído varias generaciones y que vale la pena seguir recomendando a los más jóvenes.

Dos veces ha sido llevado a la pantalla grande el relato de Joffo. La primera en 1975 a cargo del director francés Jacques Doillon, cuya versión no acabó de convencer al escritor. La segunda se estrenó el pasado 29 de diciembre en las salas de cines españolas, con el título de “Una bolsa canicas” y la dirección del canadiense Christian Duguay, experimentado realizador de películas y series para la televisión. Joffo ha reconocido que lloró cuando vio el primer montaje del filme y al que escribe estas líneas le ha encantado.

Duguay, 42 años después de la versión anterior, logra una película humanísima, emocionante y llena de coraje, alejada de cualquier tentación de revanchismo, con momentos de tensión bien dosificados y personajes que derrochan una generosidad cercana al heroísmo. Este cierto “limado” de aristas, que algunos críticos le reprochan, convierte sin embargo a la cinta en un producto enormemente positivo e ideal para un público amplio.

Magníficamente interpretada por los niños Dorian Le Clech y Batyste Fleurial, y por Patrick Bruel y Elsa Zylberstein en el papel de sus padres, “Una bolsa de canicas” cautiva también por su ambientación, la hermosa fotografía de Christophe Graillot y la banda sonora del israelí Armand Amar.

A lo largo del filme aparecen comportamientos mezquinos y malvados, pero hay mucha más bondad: personas de buen corazón que, con independencia de raza o religión, reconocen la dignidad de cualquier ser humano y corren riesgos para ayudar a unos niños. Precisamente a estas víctimas inocentes se refería Joseph Joffo en una entrevista reciente: “A causa del terrorismo, muchos niños se ven también hoy obligados a huir de sus casas. Como nosotros hace años, ellos se encuentran en los caminos totalmente aislados y abandonados a sus propios recursos. Espero que la película nos estimule a interrogarnos sobre el destino de estos niños y de estas familias desgarradas”.

martes, 2 de enero de 2018

"Se armó el Belén": cine familiar que brilla con luz propia

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) La todopoderosa Sony descubrió hace varios años un nicho de mercado que podría resultar rentable: el espectador cristiano –especialmente el de USA– que busca en la cartelera títulos que reflejen expresamente valores espirituales. Con el fin de llegar a este público nació en 2007 Affirm Films, la división de Sony que se dedica a producir los que se han dado en llamar faith-based films, literalmente filmes basados en la fe. De esta factoría han surgido cintas como “El cielo es real” (2014), “Los milagros del cielo” (2016) o “Resucitado” (2016), por citar algunas de las más recientes.

El último producto de Affirm se estrenó el pasado día 15 de diciembre con el título español de “Se armó el Belén”, el mismo de una película española de 1970 protagonizada por Paco Martínez Soria. Parece una coincidencia intencionada, porque de ninguna manera se parece a “The Star”, que es el título original con el que se ha lanzado en Norteamérica. En México han optado por una traducción más directa como es “La estrella de Belén”, que parece una buena opción.

En cualquier caso, “Se armó el Belén” es un filme de animación muy simpático, dirigido fundamentalmente a niños entre 6 y 10 años. Manteniendo un gran respeto al texto evangélico sobre la Natividad de Jesús, el guión tira de imaginación para presentarnos el Gran Acontecimiento desde el punto de vista de un puñado de animales que han de intervenir para que al final todo salga bien. El “animal principal”, por decirlo así, es un valiente burrito al que la Virgen María llama Bo y que la acompañará hasta Belén. El “reparto” se completa con una inteligente paloma, una fiel oveja, tres cómicos camellos, una vaca, un caballo y dos perros malvados.

Timothy Reckart, el director, ha declarado que es “la película que yo hubiera querido ver de niño: la historia de la primera Navidad presentada de una forma divertida, atractiva y emocionante para toda la familia”. Los personajes de la Virgen y de San José están definidos con trazos sencillos no exentos de gracia: muy humanos y a la vez conscientemente involucrados en los planes de Dios. Los golpes de humor, elegantes, básicos y lineales, no esconden la intención de los productores de atraer a la gente muy menuda, que no siempre disfruta en la cartelera de un título tan “blanco” como este “Se armó el Belén”.

Mariah Carey ha compuesto e interpretado el tema principal del filme, “The Star”, una bonita canción que opta al Globo de Oro 2018.

martes, 19 de diciembre de 2017

"Coco", de Pixar: Un canto emocionado a la familia

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) Que Pixar es la compañía líder de la animación mundial nadie lo duda. Esa mezcla sabiamente dosificada de creatividad, atrevimiento y clasicismo es el cóctel maravilloso del que nacen sus películas: Toy Story, Monstruos S. A., Buscando a Nemo, Los Increíbles, Ratatouille, Up, Del revés… Y ahora Coco, estrenada el pasado 1 de diciembre con un éxito incontestable en todo el mundo y que arroja un dato curioso: de los casi 450 millones de dólares recaudados por ahora en taquilla, 140 corresponden a… ¡China!

John Lasseter, persona clave en la producción y uno de los genios fundadores de Pixar, ha sabido rodearse de un equipo de cineastas, guionistas e ilustradores de enorme talento, capaces también de asimilar los rasgos distintivos de la “filosofía Pixar”. La mayor parte de las productoras de animación intentan adaptar sus filmes a los nuevos tiempos; Pixar se adelanta a esos nuevos tiempos experimentando con universos y argumentos arriesgados, tan distanciados de la ñoñería como de cualquier dictadura ideológica. Sus producciones son de algún modo provocativas, pero en el caso de Pixar se trata de una “provocación virtuosa” que le permite situarse en una vanguardia muy sensata antropológicamente.

La historia de Coco nos traslada a México y nos cuenta la historia de Miguel, un niño de 12 años que vive en el pueblecito de Santa Cecilia con sus padres, sus tíos, su abuela, su bisabuela… Su amplia familia, los Rivera, se dedica a la elaboración de calzado desde que el marido de su tatarabuela abandonara a su esposa para dedicarse a la música. Miguel, que sueña con convertirse en un gran artista, toca la guitarra y canta a escondidas, porque su familia le ha prohibido cualquier contacto con la música tras lo ocurrido con su desdichado ancestro. Pero se acerca el Día de Muertos, una de las tradiciones mexicanas más populares, y muchas cosas van a ocurrir.

Tras un vistoso prólogo narrado con la gracia y la originalidad marcas de la casa, la cinta fluye con un ritmo trepidante y el espectador queda maravillado con la ambientación, los colores, las texturas y los movimientos de una animación de altísima calidad (Miyazaki no anda lejos), la música del oscarizado Michael Giacchino, las alegres canciones, los entresijos del relato…

Lee Unkrich, el director, y Adrián Molina, el guionista de origen mexicano, han entregado un producto admirable dirigido a pequeños y a grandes; un bellísimo canto a la familia, emocionante y rico en humanidad, que explora un terreno aparentemente osado al introducir a un niño en la Tierra de los Muertos. Pero que a nadie le preocupe el argumento ni le busque los tres (o cinco) pies al gato: vi la película rodeado de chiquillería, que aplaudió de forma entusiasta al finalizar la proyección.