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miércoles, 19 de septiembre de 2018

Teka: "Donde se cocinan la vida y el cariño"

Teka ha lanzado en España una nueva campaña publicitaria para dar a conocer su nuevo posicionamiento de marca a nivel mundial. Con ella, la marca ha querido renovar su imagen contándonos una historia emotiva, que pone en valor todo el cariño que exige el arte de la cocina. De ahí surge este relato inspirador (auténtico storytelling) que un grupo de alumnos de 1º de Publicidad y RRPP de UIC Barcelona van a analizar y comentar en mi clase: Clàudia, Albert, Chiara, Paula, Marina y Carla. ¡Os deseo mucha suerte!

La premisa es clara: la cocina es mucho más que un lugar para preparar los alimentos. Es el espacio donde sucede casi todo lo que nos importa, donde las cosas pequeñas se vuelven esenciales. Quizás por eso muchos de nuestros recuerdos están asociados con el aroma y el calor de hogar que generan los fogones. Para Teka, el momento de la comida y su preparación forman parte de los grandes momentos de cada jornada.

Bajo el lema “Donde se cocina la vida”, la marca quiere transmitir que la cocina puede generar experiencias altamente emocionales, que se mantienen en la memoria durante toda la vida. Para ello, el anuncio -que ha estrenado en España y ahora lanza en todo el mundo- nos introduce en una historia conmovedora. Un hijo cariñoso y solícito intenta que su padre, enfermo de alzheimer, vuelva a recordar lo que les unía, pero ningún objeto consigue arrancarle de su mutismo. Ni el ajedrez al que solían jugar, ni una antigua cámara de fotos, ni su colección de sellos... Hasta que en una caja del trastero aparece un viejo cuaderno: “Las recetas de mamá”.

El hijo prueba suerte con una de esas recetas, y entonces se obra el milagro: el sabor de la comida y el recuerdo afectivo se unen para que el padre consiga hablar y recuerde a su esposa: “Dile a tu madre que estaba buenísimo”, afirma emocionado a su hijo. Y es que, como aprendimos en la película Ratatuille, la buena cocina es capaz de dar vida a los corazones más adormecidos.

Un aplauso para esta historia que rezuma afecto, emotividad y valores familiares.

lunes, 11 de abril de 2016

Las ranitas de colores (De nietos y abuelos)

Este es un gran anuncio mexicano, ganador de varios premios, que resalta algunos de los valores familiares más bellos: la inocencia, la generosidad, el amor a la familia, el pensar en los demás,  el respeto a los mayores... Y, sobre todo, el cariño de unos nietos por su abuelo, al que saben ya mayor y necesitado de ayuda.

La escena comienza de un modo muy normal y cotidiano. En el desayuno de un sábado cualquiera, cuatro hermanos hacen planes para esa mañana: "¿Qué tal si vamos de tiendas? Podemos...". De repente, todos reparan en que el abuelo se ha puesto su mejor traje, y se hace el silencio. Sólo el más decidido se atreve a decir: "Hoy va a ser un gran día, abuelo". Y logra la primera sonrisa de su yayo: "Gracias, mi vida".

Entonces, como impulsados por un resorte, todos dejan sus platos de cereales y salen de estampida a por las bicicletas. En realidad, les mueve el amor. Por eso se atreven a pedir en las tiendas de chucherías una cosa verdaderamente extraña: "Señor, ¿no tiene Vd. esas ranitas de hojalata de colores?". Sorpresa en el tendero. Y el chico se va. Y vuelta a empezar en otra tienda: "¿No tiene Vd. ranitas de hojalata de colores?" Nueva sorpresa. Y nueva apariencia de desidia: "Bueno, adiós. Gracias".

Al final -no quiero desvelar el secreto- advertimos que todo ha sido una pequeña muestra de amor. Me corrijo: una gran muestra de amor. Porque un amor así, es gigantesco, y hace que esta historia sea inmensa y haga derramar lágrimas de gratitud a todos los abuelos que aún mantienen joven su corazón.

El lema final es todo un legado: "Que tengan un buen corazón depende de ti". Ojalá hubiera más anuncios como éste. Porque los niños aprenderían la grandeza que han atesorado sus mayores.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Amor infantil al hombre solitario de la Luna

Todos los años el mundo de la publicidad espera con ilusión la campaña navideña de John Lewis, la empresa británica de venta de juguetes. La llegada de ese spot, con la emoción que suele transmitir a los espectadores, marca el comienzo de la Navidad. En este blog ya hemos comentado algunas de sus campañas más emblemáticas: 2011, 2012, 2013

La de este año es una costosa producción (4 millones de libras) que ha sido filmada en los estudios Warner Brothers de Hertfordshire, y relata un precioso cuento infantil, un auténtico cuento de Navidad.

Se titula "El hombre en la Luna", y tiene por protagonista una niña llamada Lily, que pasa gran parte de su tiempo mirando por un telescopio (por cierto, también figura en el catálogo de John Lewis). Un día, cercana ya la Navidad, descubre en la Luna a un anciano triste y solitario, vestido con ropa desaliñada, que vive retirado en un pequeño cobertizo. Impactada por la tristeza de ese hombre, trata de ponerse en contacto con él: agitando los brazos, lanzando flechas con mensajes y enviando aviones de papel… pero éstos nunca llegan más allá de su jardín. Sin embargo, el contacto parece haberse producido. Hay algo mágico en esas miradas que no se encuentran. Y, mientras, el hombre mira día tras día al planeta Tierra, tratando de descubrir si alguien está pensando en él.

El día de Navidad, la niña recibe un montón de regalos, mientras el hombre se sume en una profunda melancolía. Todo parece que su intuición ha sido vana. Pero, de repente, para sorpresa suya y del espectador, aterriza delante de sus pies el regalo más bonito que la niña ha logrado enviarle a través del espacio. El regalo que más necesita, el que va a poder devolverle la alegría. En efecto, cuando abre el paquete y saca el regalo, sus ojos vierten una lágrima de felicidad

No quiero desvelar el desenlace, mejor descúbrelo por tu cuenta. Y deja -tú también- escapar una lágrima de tus ojos, como el hombre de la Luna. Esas miradas que finalmente se encuentran en el anuncio son un símbolo de nuestra actual incomunicación. Vivimos rodeados de imágenes, viendo cada día demasiadas cosas, pero se nos escapan las más importantes. Y esta historia nos hace “ver” lo que verdaderamente importa.

Como todos los años, la campaña es fiel al estilo John Lewis: una historia contada sin palabras, solo con gestos; un niño inocente que nos dice a los mayores cómo alcanzar la felicidad; y una música brillante, que nos hace vivir la emoción de la historia. La de este año es una canción versionada de una pieza de Oasis, interpretada por una cantante noruega de 19 años. Esa voz maravillosa da el toque exacto y mágico al anuncio.

Rachel Swift, director de marketing de John Lewis, afirma que el estilo de la marca nunca cambiara. "Es nuestra seña de identidad publicitaria. Siempre queremos contar una bella historia a través de la música y de la emoción. El sentimiento no ha cambiado ni cambiará. Y el mensaje de nuestras campañas es siempre el mismo: hacer un regalo a otra persona exige ternura y cariño, pero también inteligencia: hay que pensar en el otro para saber acertar. Sólo así le haremos felices".

Un gran aplauso para este primer anuncio de la Navidad.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Acuérdate de tu futuro

BBVA ha lanzado la campaña “Acuérdate de tu futuro”, un impactante experimento para concienciar a la sociedad de la necesidad del ahorro de cara al futuro.

La pieza, enormemente sugestiva, ha sido realizada por la agencia creativa DDB. Los protagonistas son ciudadanos anónimos a los que se sometió a una prueba muy ingeniosa: enfrentarles con el aspecto que tendrán en su vejez: ‘El día a día no nos deja ver más allá. Muchas veces el árbol no nos deja ver el bosque. La intención de este experimento es tratar de ayudar a las personas a construir su futuro’, afirma David Carrasco, del BBVA.

Antes de seguir, es preciso que veáis el video.



DDB y BBVA seleccionaron 4 personas reales, sin formación como actores, que se prestaron a participar de la iniciativa sin saber realmente en qué consistía. Durante más de 3 horas fueron maquillados por profesionales del cine como auténticos ancianos, sin verse en ningún momento en el espejo y con la complicidad absoluta de todo el equipo. Una vez caracterizados, contestaron con naturalidad a preguntas triviales sobre sus aficiones o lo que les gustaría hacer en la vida, sin darse cuenta que hablaban como una persona de 40, teniendo el aspecto de una de 70 u 80.

El experimento se apoyaba en una idea psicológica interesante: “A nuestro cerebro le es difícil proyectarse realmente en la vejez. Lo vemos como algo lejano y no tenemos la necesidad de actuar cuando todavía nos sentimos jóvenes”, explica Mari Carmen Martínez, psicóloga del proyecto. “Por eso hicimos un experimento real en el que conseguimos que distintas personas se descubriesen frente a un espejo con 40 o 50 años más, en edad de jubilación”.

Y es que “dos de cada tres españoles tiene un desconocimiento absoluto sobre cuál será su futura pensión. Esto significa no saber con qué medios económicos vas a hacer frente a un 25% de tu vida”, comenta David Carrasco.

Y ahora, la pregunta del millón. ¿Por qué nos emociona el vídeo? Porque habla de algo que es intrínsecamente humano: el paso del tiempo y el sentido de nuestra vida. Todos sentimos que nos toca en lo más hondo del corazón. “Cuando sea un anciano, ¿qué tipo de persona seré?, ¿qué habré hecho de mi vida?, ¿qué podré esperar entonces?”.

Es maravilloso que un spot nos ayude a reflexionar. Porque demuestra que aún es posible encontrar, en medio de tanta prisa, una publicidad con valores.

domingo, 30 de marzo de 2014

Una vida entregada por amor

Hace año y medio Freixentet convocó un concurso de anuncios publicitarios bajo el lema “Brindo por la vida”. Se presentaron varios centenares, y un equipo de cineastas, bajo la tutela de Bigas Luna, seleccionó 15 que fueron premiados y emitidos por televisión. Éste que hoy os propongo, dirigido por Isaac Berrokal e interpretado por Carina Bjorne y Graham Long, fue uno de esos quince, y uno de los más aplaudidos por el público. Con todo merecimiento. Yo también le hubiera dado el premio.

Es un anuncio sencillo y muy tierno. Empieza con la imagen de una mujer ya mayor que está cuidando de alguien: presumiblemente, su marido. De fondo, oímos una nostálgica voz en off: “No he conseguido grandes cosas en la vida. Nunca tuve un coche ni una gran casa con jardín”. En este monólogo íntimo y sincero, que tiene algo de confesión personal y de balance de toda la existencia, descubrimos su pacífica aceptación de los acontecimientos, no siempre alegres ni positivos: “He disfrutado la vida con lo que la vida me ha dado. He afrontado lo que nunca quise que ocurriera; y, a pesar de ello, he salido adelante… No he sido un ejemplo, ni una decepción. Tan sólo he sido yo misma en cada momento”.

Entonces, empezamos a intuir una tragedia más o menos latente: “La vida te enseña a valorar lo que tienes, porque desgraciadamente no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos”. Y, de repente, descubrimos un alma grande que ha tenido una vida muy grande también, porque cultivó siempre la gran lección del amor: “Muchos me dicen que soy valiente. Se compadecen de mí por seguir amando a quien me lo dio todo en la vida; y quien, por desgracia, ahora no recuerda ni siquiera mi rostro. Pero lo importante no es si me recuerda o no. Lo importante es que yo sí le recuerdo a él…”

Un magnífico anuncio que te invitó a ver hasta el final, con toda la emoción que contiene. Porque en él se encuentra una de las lecciones más importantes de la vida: la del amor que se da sin esperar nada a cambio. Y que, por eso mismo, alcanza en todo la felicidad.

Yo hoy brindo por la vida y por que haya siempre anuncios como éste.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Carta de una madre con Alzheimer a su hija

Querida hija:

Escucha con atención lo que tengo que decirte... El día en que esta enfermedad se apodere totalmente de mí y ya no sea la misma, ten paciencia y compréndeme. Cuando derrame comida sobre mi blusa y olvide como atarme los zapatos, no te impacientes: recuerda las horas que pasé enseñándote esas mismas cosas. Si al conversar contigo, repito las mismas palabras y sabes de sobra como terminan, no me interrumpas y escúchame. Cuando eras pequeña tuve que contarte mil veces el mismo cuento para que te durmieras.

Cuando a veces me haga mis necesidades, no te avergüences ni te sulfures, pues ya no puedo controlarme. Piensa cuántas veces, siendo tú una niña, te limpié y te ayudé cuando tampoco tú podías controlarte. Nunca me enfadé. Siempre esperé pacientemente a tu lado a que terminaras.

No me reproches cuando no quiera bañarme, no me regañes por eso. Recuerda aquellos años en que te perseguía por la casa para llevarte al aseo, y los miles de pretextos que inventé para hacer agradable tu baño.

Cuando me veas inútil e ignorante en todas las cosas tecnológicas, te suplico que me las expliques de modo sencillo. No me hieras con tu sonrisa burlona. Acuérdate de que fui yo quien te enseñó las cosas más importantes: comer, vestirte, leer, comportarte… y cómo enfrentarte a la vida tan bien como lo haces. Me alegra pensar que parte de tus triunfos son producto de mi esfuerzo durante años.

Cuando en algún momento llegue a olvidar de qué estamos hablando, dame tiempo para recordarlo. Y si no puedo, no te impacientes; tal vez no era importante, y lo único que quería era estar contigo y que me escucharas.

Cuando mis piernas me fallen por debilidad, dame tu mano para apoyarme… como yo lo hice cuando tú comenzaste a caminar. Cuando algún día me oigas decir que ya no quiero vivir, no te asustes. Algún día entenderás que sólo estoy pidiendo cariño, y que en modo alguno me siento desgraciada. Para mí, tu compañía ha sido siempre mi mejor tesoro.

No te sientas triste al verme así. Quizás ya no entienda tus palabras, pero siempre entenderé tus abrazos, tus caricias y tus besos. Dame tu cariño y tu paciencia, que yo te devolveré gratitud y alegría con el inmenso amor que siempre te he tenido.

Al igual que te acompañé en el inicio de tu vida, te pido que me acompañes en el término de la mía. Siempre he querido lo mejor para ti y he pasado mi vida preparándote tu camino. Piensa entonces que, tras el paso que voy a dar, no te dejaré sola: voy a prepararte un camino muy bonito, en un lugar maravilloso... Y estaré siempre contigo.

Te deseo lo mejor para tu vida. Con todo mi corazón,

Tu madre.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Spot con valores: "Empieza algo nuevo en tu vida"


Ikea busca llenar de ilusiones a los españoles con su nueva campaña “Empieza algo nuevo”. En esta época de crisis, lanza un mensaje positivo y claro: hay que pasar a la acción, hay que ilusionarse y emprender nuevos proyectos. El spot cuenta una historia sencilla –no necesita palabras- que anima a los espectadores a seguir soñando.

La nueva campaña es muy Ikea, con un mensaje sencillo pero cargado de positividad, pretende ir más allá de un simple mensaje comercial para proponer una postura ante la situación actual de muchos hogares, ante la crisis o ante todo lo que nos impide aspirar a nuestros sueños”, explica Gabriela Díaz-Guardamino, directora de marketing de Ikea Ibérica.

El spot se puede ver en una versión de 45” en televisión y otra de 120’’ en el canal de Youtube. La pieza está protagonizada por una persona mayor que acude cada día a su banco del parque con sus amigos, pero un día llega tarde y no queda sitio para él, así que compra una silla plegable (en Ikea, por supuesto), y eso le hace cambiar toda su rutina. De repente, la movilidad de su silla despliega su espíritu aventurero y poco a poco empieza a descubriendo un mundo que nunca había vivido. Conoce a otras personas y a otras culturas. Su vida se amplifica, porque aumentan sus relaciones y sus experiencias. Una existencia nueva se abre ante sus ojos.

Como explica Natalia Cazcarra, directora de servicios al cliente de SCPF (agencia que ha realizado la campaña), “esta película intenta inspirarnos en los tiempos que vivimos. Es una metáfora. Todos tenemos o teníamos un banco, una rutina, que los malos tiempos han ocupado y han hecho incómodos. Podemos resistirnos y obstinarnos en hacernos sitio en el mismo banco, o bien, buscarnos una silla para empezar algo nuevo”.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Spot con valores: "¡Nunca te olvidaremos, papá!"

Al Alzheimer se le llama en los libros de Medicina "la enfermedad del olvido". Es una enfermedad degenerativa de las neuronas que actualmente no tiene curación. Las personas que lo padecen ven poco a poco cómo va desapareciendo su vida, su historia; las relaciones que alimentaron durante años, el recuerdo de sus seres queridos. Su vida va disolviéndose en la nada, y eso no es fácil de asumir.

Pero si es terrible para los enfermos, más terrible y angustiosa resulta aún para quienes están a su lado: amigos, vecinos... y, sobre todo, familiares. Ellos ven, impotentes, cómo el abuelo o el padre se les va sin remedio: la enfermedad les roba su memoria, su alma, su cariño. El Alzheimer avanza inexorable día a día, impertérrito, como un cáncer del espíritu que sufren angustiados quienes están a su alrededor.

En España afecta a cerca de 800.000 personas, lo que se traduce en que una de cada 10 personas mayores de 65 años. Pero esta cifra, en sí ya muy alta, se dispara al 25% de la población cuando superan los 85 años. Ciertamente, es algo que nos incumbe a todos.

En esta situación, sólo caben dos reacciones. La primera es aceptar la enfermedad: lo que sucede no es culpa suya, ni nuestra. Y si nada podemos hacer por evitarla, aceptémosla, aprendamos a convivir con ella. La segunda es encontrar en esa situación otra forma de demostrarle nuestro cariño: hacerle ver -porque el enfermo siempre se da cuenta- que estamos a su lado y de que él es lo más importante de nuestra vida.

Hay una película que lo muestra maravillosamente: La habitación de Marvin (1996), de Zerry Zaks. En ella se nos muestra la diferente reacción de dos hermanas ante la enfermedad degenerativa de Marvin, que lo ha encadenado a su cama, con oxígeno, incapaz de pronunciar palabra. Bessie (Diane Keaton) ha cuidado abnegadamente de su padre, dedicándole lo mejor de su tiempo y cariño, renunciando a planes personales. Lee (Meryl Streep) prefirió alejarse de lo que parecía una vida inútil, con la excusa de atender sus propios asuntos. La enfermedad de una de ellas volverá de nuevo a unirlas, precisamente en aquel lugar que les separó: la habitación de Marvin. Una buena ocasión para volver a ver ese filme.

domingo, 21 de abril de 2013

Spot con valores: "Elogio de la vejez"

Hoy los medios audiovisuales rinden culto a la eterna juventud; la muestran como un ideal de vida, aunque para lograrla haya que recurrir al botox, a la cirugía plástica o a los tintes para el cabello. Por eso, es agradable descubrir un anuncio como éste, que plasma con mucho cariño la etapa tan maravillosa de la vida que es la vejez.

El protagonista tiene una idea feliz: organizar una fiesta con los hijos y los nietos, con los amigos de toda la vida, con aquel compañero de mus, o aquel otro que conocimos en la mili... y que aún nos sigue escribiendo.

En esa reunión donde el recuerdo se funde con el cariño, la vida se adorna con todo lo bueno que hemos vivido... La hija sonríe: "Siempre me leías el mismo cuento, pero cada noche hacías que fuera distinto". Y la esposa, que vivió su juventud en los años 50, suspira: "A mí siempre me has recordado a Sinatra...". Y el amigo futbolero, que saca a relucir su memoria de elefante: "25 de julio del 52. ¡Qué golazo metió Di Stéfano!...".

Sí, la vejez es el tiempo donde las cosas se remansan, y todo lo bueno que uno ha sembrado florece en todo su esplendor: tal vez más apagado, pero con un afecto infinito. La sociedad camina de prisa, y con frecuencia se olvida de esas personas que parecen inmóviles, pero que un día lucharon, trabajaron, y sufrieron... Y compartieron guerras y hambre... Y se sacrificaron lo indecible para formar una familia y sacar adelante a su país.

No nos olvidemos de ellos. Porque ellos se acuerdan muy bien de cuando nosotros éramos pequeños. Disfrutan recordando cuánto les necesitábamos... y siguen recordándonos cada día, aunque ahora no se acuerden de lo que han hecho esta misma mañana.

domingo, 20 de enero de 2013

"Las ranitas de hojalata de colores" (De nietos y abuelos)

Este es un gran anuncio mexicano, ganador de varios premios, que resalta algunos de los valores familiares más bellos: la inocencia, la generosidad, el amor a la familia y el respeto a los mayores; el pensar en los demás, el sacrificio oculto para que otros logren sus metas... Y, sobre todo, el cariño de unos nietos por su abuelo, al que saben ya mayor y necesitado de ayuda.

La escena comienza de un modo muy normal y cotidiano. En el desayuno de un sábado cualquiera, cuatro hermanos hacen planes para esa mañana: "¿Qué tal si vamos de tiendas? Podemos...". De repente, todos reparan en que el abuelo se ha puesto su mejor traje, y se hace el silencio. Sólo el más decidido se atreve a decir: "Hoy va a ser un gran día, abuelo". Y logra la primera sonrisa de su yayo: "Gracias, mi vida".

Entonces, como impulsados por un resorte, todos dejan sus platos de cereales y salen de estampida a por las bicicletas. En realidad, les mueve el amor. Por eso se atreven a pedir en las tiendas de chucherías una cosa verdaderamente extraña: "Señor, ¿no tiene Vd. esas ranitas de hojalata de colores?". Sorpresa en el tendero. Y el chico se va. Y vuelta a empezar en otra tienda: "¿No tiene Vd. ranitas de hojalata de colores?" Nueva sorpresa. Y nueva apariencia de desidia: "Bueno, adiós. Gracias".

Al final -no quiero desvelar el secreto- advertimos que todo ha sido una pequeña muestra de amor. Me corrijo: una gran muestra de amor. Porque ese amor es gigantesco, y hace que esta historia sea inmensa y haga derramar lágrimas de gratitud a todos los abuelos que aún mantienen joven su corazón.

El lema final es todo un legado: "Que tengan un buen corazón depende de ti". Ojalá hubiera más anuncios como éste. Porque los niños aprenderían la grandeza que han atesorado sus mayores. Y los mayores descubrirían la inocencia y el amor que pueden encerrar esos nietecillos aparentemente traviesos.

lunes, 6 de febrero de 2012

Las ranitas de hojalata (De abuelos y nietos...)

Este es un gran anuncio mexicano, ganador de varios premios, que resalta algunos de los valores familiares más bellos: la generosidad, el amor a la familia, el respeto y afecto a los mayores; el pensar en los demás, el sacrificio oculto para que los otros logren sus metas... Y, sobre todo, el cariño de unos nietos por su abuelo, al que saben ya mayor y necesitado de ayuda.

La escena comienza de un modo muy normal y cotidiano. En el desayuno de un sábado cualquiera, cuatro hermanos hacen planes para esa mañana: "¿Qué tal si vamos de tiendas? Podemos...". De repente, todos reparan en que el abuelo se ha puesto su mejor traje, y se hace el silencio. Sólo el más decidido se atreve a decir: "Hoy va a ser un gran día, abuelo". Y logra la primera sonrisa de su yayo: "Gracias, mi vida".

Entonces, como impulsados por un resorte, todos dejan sus platos de cereales y salen de estampida a por las bicicletas. En realidad, les mueve el amor. Por eso se atreven a pedir en las tiendas de chucherías una cosa verdaderamente extraña: "Señor, ¿no tiene Vd. esas ranitas de hojalata de colores?". Sorpresa en el tendero. Y el chico se va. Y vuelta a empezar en otra tienda: "¿No tiene Vd. ranitas de hojalata de colores?" Nueva sorpresa. Y nueva apariencia de desidia: "Bueno, adiós. Gracias".

Al final -no quiero desvelar el secreto- advertimos que todo ha sido una pequeña muestra de amor. Me corrijo: una gran muestra de amor. Porque ese amor es gigantesco, y hace que esta historia sea inmensa y haga derramar lágrimas de gratitud a todos los abuelos que aún mantienen joven su corazón.

El lema final es todo un legado: "Que tengan un buen corazón depende de ti". Ojalá hubiera más anuncios como éste. Porque los niños aprenderían la grandeza que han atesorado sus mayores, aunque tantas veces no la advirtamos. Y los mayores descubrirían la inocencia y el amor que pueden encerrar esos nietecillos aparentemente traviesos. Que lo disfrutéis.

lunes, 24 de octubre de 2011

Spot de la semana: "¡Nunca te olvidaremos, papá!"

El Alzhemier es denominada "la enfermedad del olvido". Es una enfermedad degenerativa de las neuronas, de carácter progresivo, que actualmente no tiene curación. Las personas que lo padecen ven poco a poco cómo va desapareciendo su vida, su historia; las relaciones que alimentaron durante años, el recuerdo de sus seres queridos. Su vida va disolviéndose en la nada, y eso no es fácil de asumir.

Pero si es terrible para los enfermos, más terrible y más angustiosa aún resulta esta para quienes están a su lado: amigos, vecinos... y, sobre todo, familiares. Ellos ven, impotentes, cómo el abuelo o el padre o el tío se les va sin remedio: les roba su memoria, su alma, su cariño. La enfermedad avanza inexorable día a día, impertérrita, como un cáncer del espíritu que sufren angustiados quienes están a su alrededor.

En España afecta a cerca de 800.000 personas, lo que se traduce en que una de cada 10 personas mayores de 65 años. Pero esta cifra, en sí ya muy alta, se dispara al 25% de la población cuando superan los 85 años. Ciertamente, es algo que nos incumbe a todos.

En esta situación, sólo caben dos reacciones. La primera es aceptar la enfermedad: lo que sucede no es culpa suya, ni nuestra. Y si nada podemos hacer por evitarla, aceptémosla, aprendamos a convivir con ella. La segunda es encontrar en esa situación otra forma de demostrarle nuestro cariño, de hacerle ver -porque el enfermo siempre se da cuenta- de que estamos a su lado y de que él es lo más importante de nuestra vida.

Hay una película que lo muestra maravillosamente: La habitación de Marvin (1996), de Zerry Zaks. En ella se nos muestra la diferente reacción de dos hermanas ante la enfermedad degenerativa de Marvin, que le obliga a permanecer en cama, con oxígeno, incapaz de pronunciar palabra. Bessie (Diane Keaton) ha cuidado abnegadamente de su padre, dedicándole lo mejor de su tiempo y cariño, renunciando a planes personales. Lee (Meryl Streep) prefirió alejarse de lo que parecía una vida inútil, con la excusa de atender sus propios asuntos. La enfermedad volverá de nuevo a unirlas, precisamente en aquel lugar que les separó: la habitación de Marvin. Una buena ocasión para volver a ver ese filme.

lunes, 29 de agosto de 2011

Spot de la semana: "Elogio de la vejez"

En una época en que se glorifica la eterna juventud (aunque para lograrla haya que recurrir al botox, la cirugía plástica o los tintes para el cabello ), es agradable ver anuncios como éste, que plasma con mucho cariño la etapa tan maravillosa de la vida que es la vejez.

Una fiesta con los hijos y los nietos, con los amigos y con sus mujeres, con aquel compañero de mus, o aquel otro que conocimos en la mili... y que aún nos sigue escribiendo.

Así, en un ambiente de cariño, en un día especial, la vida se adorna con todo lo bueno que hemos vivido: los recuerdos, la familia, los amigos... La hija sonríe: "Siempre me leías el mismo cuento, pero cada noche hacías que fuera distinto". Y la mujer, que vivió su juventud en los 50, suspira: "A mí siempre me has recordado a Sinatra...". El amigo futbolero saca a relucir su memoria de elefante: "25 de julio del 52. ¡Qué golazo metió Di Stéfano!". Y de nuevo recuerda su mujer: "De pequeño quería ser como aquel gran actor...".

Sí, la vejez es el tiempo donde las cosas se remansan, y todo lo que uno ha sembrado florece al fin en todo su esplendor. La sociedad camina de prisa, y con frecuencia se olvida de esas personas casi inmóviles que un día lucharon, trabajaron, y sufrieron, y compartieron guerras y hambre... pero lucharon lo indecible para formar una familia y para sacar adelante a su país.

No nos olvidemos de ellos. Porque ellos se acuerdan muy bien de nosotros cuando éramos pequeños. Disfrutan recordando cuando nosotros les necesitábamos... y siguen recordándonos cada día, aunque ahora no se acuerden de lo que han hecho esta misma mañana.