viernes, 5 de marzo de 2010

“The Blind Side”, un filme cristiano candidato a los Oscars

“The Blind Side” es, sin duda, la gran sorpresa del año. Estrenada de modo discreto en Estados Unidos, la película alcanzó de repente un formidable éxito de taquilla y ha terminado por ser una de las cintas más vistas el pasado año. El filme costó 29 millones de dólares, y en poco más de 2 meses superó los 210 millones de dólares en la taquilla de Canadá y Norteamérica. Muchos atribuyen ese éxito a la brillante interpretación de Sandra Bullock, y como consecuencia, esta actriz se ha convertido de la noche a la mañana en la intérprete más taquillera de Hollywood. Como señalaba la revista "Variety", Bullock ha conseguido el curioso récord de ser “la primera actriz en superar los 200 millones de dólares en una película protagonizada por una mujer”.

Todo esto tendría sólo un moderado interés si no fuese porque “The Blind Side” es… una película de inspiración cristiana. Desde su estreno, surgió en los medios de comunicación norteamericanos un profundo debate acerca de los valores y las creencias en el cine, y muchos espectadores cuestionaban abiertamente a las grandes productoras: “¿por qué no se ve más a menudo un cine así?”. Se referían, por supuesto, a un cine que represente los valores cristianos. No es extraño, por eso, que varias instituciones ligadas a distintas confesiones cristianas hayan organizado un gran movimiento de apoyo al filme, y hayan conseguido movilizar masivamente a las audiencias, como ya ocurrió con “La Pasión de Cristo”, “Prueba de fuego” o “Bella”.

La verdadera sorpresa del filme –más sorprendente aún que su éxito en taquilla- ha sido el haber logrado ¡dos nominaciones importantes a los Óscars de la Academia!: el de mejor película y el de mejor actriz...
 Si bien el primero parece difícil, el segundo es mucho más que una mera posibilidad. De hecho, en la pasada edición de los Globos de Oro -considerados “la antesala de los Oscar”- Sandra Bullock se llevó por esa interpretación el premio a la Mejor Actriz del año. Ahora mismo, las encuestas la señalan como la candidata a llevarse el Óscar, que sería el primero en su carrera como artista. Hollywood podría reconocer así el creciente auge del cine cristiano en la industria del cine. Un cine familiar, que no está ni muchísimo menos reñido con una excelente calidad técnica y narrativa.

Basada en hechos reales, “The Blind Side” (aún no tiene título español) narra la historia de un joven afroamericano sin hogar, Michael Oher, que encuentra ayuda y cobijo en una familia blanca, dispuesta a prestarle el apoyo necesario tanto en su relación con los demás como en su aspiración de convertirse en estrella de fútbol americano. El apoyo le vendrá, sobre todo, de su madre adoptiva, Leigh Anne Tuohy, una madre luchadora y devotamente cristiana que infundirá en él autoestima, afán de superación, capacidad de perdón y una profunda fe en Dios. Por su parte el chico también influirá en la vida de los miembros de la familia Touhy, cada uno de los cuales atravesará experiencias muy significativas de amor y redención personal.

La cinta, del director John Lee Hancock, presenta de modo muy atractivo la evolución de Oher: de adolescente desarraigado y abatido por los golpes de la vida, a ser una estrella de fútbol en los Ravens de Baltimore.

Con todo, el punto fuerte de la película es, sin duda, la interpretación de Sandra Bullock, que ofrece aquí la mejor actuación de su carrera. Este trabajo le ha valido primero el reconocimiento unánime de la crítica; y después -hace un par de meses-, el Globo de Oro como mejor actriz dramática. La pregunta es: ¿conseguirá también el premio de la Academia?

La respuesta, este domingo 7 de marzo, en la gala de los Oscars.

miércoles, 3 de marzo de 2010

La conversión de Eduardo Verástegui

En la vida de cada persona, Dios ha dispuesto el momento de la luz, del encuentro, de la conversión. A veces aparece de repente, sin un motivo previo, como en San Pablo. Otras, como en San Agustín, viene precedido por años de oración y de sufrimiento: la oración y las lágrimas de una madre que arrancan del Cielo una gracia formidable. Esa es también la historia de Eduardo Verástegui.

Nacido en Tamaulipas (México) el 21 de mayo de 1974, Eduardo fue el primer hijo de José Verástegui y Alicia Córdoba, un matrimonio de agricultores que habían contraído matrimonio un año antes.

Tras una infancia agitada, en 1991, con sólo 17 años, abandonó los estudios para irse a México D. F. y probar fortuna en el mundo del espectáculo. Trabajó como camarero durante un par de años y en enero de 1994 puso en marcha el grupo musical Kairo junto con tres amigos. Su primer disco fue “Signo del tiempo”, que se hizo muy popular entre los adolescentes. Su single “En los espejos de un café” se repuso durante meses en les emisoras de radio. Después llegaron otros dos discos: “Gaudium” en 1995 y “Cara a cara” en 1996. Estaba en la cresta de la ola cuando decide separarse del grupo y continuar su carrera musical en solitario.

Por aquella época, fue contratado como actor en varias telenovelas mejicanas: interpretó a Daniel en “Una luz en el camino” (1997), a Manuel en “Soñadoras” (1998), y al Dr. Ramiro Belmont en “Tres mujeres” (1999). Simultáneamente, trabajó también como modelo para diversas marcas internacionales: Calvin Klein, Coca-cola, Verssace…

Creció entonces su fama de vida licenciosa, de “latin lover” y de amigo de fiestas nocturnas. Sus padres sufrieron mucho en aquellos años, como recordará tiempo después el propio Eduardo. Su madre, al ver que no hacía caso de sus reconvenciones, empezó a rezar por él, pidiéndole a la Virgen de Guadalupe que su hijo se convirtiera.

“Creo que las oraciones de mi madre han tenido mucho que ver en mi actual estilo de vida –reconocía en una entrevista-. Ya sabes lo que se dice: 'No hay nada más poderoso que las oraciones de una madre por sus hijos'. Después de ver mi caso, estoy convencido de ello. Todo el cambio que he experimentado en mi vida, las personas nuevas que se me acercaron en mi crisis, no me cabe duda que han sido fruto de las oraciones de mi madre”.

Con 28 años consigue dar el salto a Hollywood y ser contratado como actor en la película Chasing Papi (2003). Un buen día su vida da un giro de 180 grados cuando su profesora de inglés le hace reflexionar sobre el vacío de su vida: “Cuando caí en la cuenta de que tenía razón, empecé a temblar por dentro todas las noches”. Un sacerdote mexicano se cruza en su camino y le ayuda en esas horas de angustia. Le proporciona lecturas que le hacen descubrir la hermosura de la vida cristiana. Sobre todo, se queda fascinado al leer una biografía de S. Francisco de Asís.

Es el principio de su conversión. Comienza a asistir a misa todos los días. Con ayuda de otro sacerdote, D. Francisco, se decide a hacer una confesión general. “Tras una larga preparación –cuenta el propio Verastegui- hice una confesión de casi tres horas que me dejó exhausto, pero plenamente feliz”. Es lo que el actor considera su segundo momento de conversión. “Comprendí que no había nacido para ser actor u otra cosa, sino para conocer, amar y servir a Jesucristo”.

Empujado por el fervor de la conversión, decide vender todos sus bienes e irse a Brasil como misionero; pero su confesor he hace ver que Dios le quiere en medio del mundo: es ahí, en el ámbito de las películas y en su trabajo como actor, donde puede encontrar a Jesucristo y donde —mejor que nadie— puede darle a conocer: “Ahí Cristo es más necesario, si cabe, que en la jungla”.

Convencido de esta misión, funda con Leo Severino y Alejandro Monteverde una productora “para la realización de filmes de grandes valores espirituales y morales”, y la denominó Metanoia (conversión, en griego). En su primera rueda de prensa, declaró: “Nunca más volveré a trabajar en un proyecto que ofenda a mi fe, a mis convicciones morales o a los de mi raza”. Y, en efecto, su película Bella (2006) fue un canto a la vida y a la dignidad de la persona humana, y un valiente alegato contra el aborto. De hecho, más de cincuenta mujeres —según afirma el propio Verástegui— decidieron continuar con su embarazo después de ver la cinta, “y ésa ha sido mi más preciada recompensa”, afirmó.

Antes de iniciar la promoción de la película, fue al santuario de Nª Sª de Guadalupe para ofrecer a la Virgen su película y pedirle a Ella que hiciera un gran bien en favor de la vida. Contra todo pronóstico, ese modesto filme ganó el primer premio en el famoso Festival de Toronto. En los meses siguientes, y apoyado por cientos de voluntarios, consiguió una gran promoción de la película en las semanas previas a cada uno de los estrenos. País por país fue trabajando uno a uno los mercados cinematográficos para que todoslos que quisieran pudieran verla. En España y en México llegó a colarse entre los filmes más taquilleros de 2008.

Cuando la cinta terminó su carrera, otros proyectos le aguardaban en su cartera: un cortometraje maravilloso (The Butterfly Circus, El circo de la mariposa) con el que ha ganado diversos premios (podéis verlo aquí); un proyecto sobre la vida de Jesús (Kingdom Come), del que os hablé en otro post, y que ahora lucha denodadamente por salir adelante.
Comprometido con la causa “pro-vida”, ha participado en campañas de apoyo a madres desasistidas y ha proclamado a los cuatro vientos que “el aborto es un crimen contra la mujer y contra la humanidad”. En esta línea, ha colaborado con diversas iniciativas pro-vida, como “Red madre” o “Derecho a vivir”.

Recientemente ha confesado que volvería a vender “perritos calientes” en su Tamaulipas natal antes de rodar una película de la que pudiera avergonzarse algún día: “Si el día de mañana voy a casarme y tener hijos, que mis hijos estén orgullosos de su padre. Si he decidido llevar una vida íntegra, debo serlo hasta el final. No me gustan las medias tintas. Sea quien sea quien esté detrás del mejor proyecto, no voy a hacer nada que vaya contra mis principios; porque si acepto, eso es venderme y volveré a acabar viviendo una mentira”.

Cuando le preguntan qué es lo que más ha aprendido de sus padres, no duda en responder: “Mi fe. Es un regalo que Dios me dio a través de ellos”.

martes, 23 de febrero de 2010

Las 100 películas más inspiradoras: un comentario

Ayer publiqué en este blog el listado que el American Film Institute ha dado a conocer como los “100 Most Inspiring Films Of All Time”. Los títulos en español podéis verlos aquí. Son películas que han contribuido a inspirar en las audiencias actitudes y valores positivos.

El número 1 lo ocupa "Qué bello es vivir" (1946), del siempre estimulante Frank Capra. Un canto a la esperanza, que representa lo mejor del espíritu navideño y que ensalza también los valores familiares. Además, cuenta una historia de heroísmo individual, verdaderamente ejemplar, que termina con ese apoyo firme de la comunidad a quien ha gastado su vida en servicio de todos.

El número 2 lo ocupa "Matar a un ruiseñor" (1962), que transmite hermosas lecciones sobre la integridad, la justicia, el sentido del deber, el valor de la familia y la importancia de servir a los demás.

Otras películas incluidas en las primeras posiciones son: "La lista de Schindler" (nº 3, 1993), la historia real de un católico poco ejemplar que, sin embargo, fue capaz de salvar a varios centenares de judíos con altas dosis de generosidad; "Salvar al soldado Ryan" (nº 10, 1998), una cinta de heroísmo y valor, en medio de miserias y debilidades; o "El milagro de Ana Sullivan" (nº 15, 1962), el relato –basado también en un caso real- de una maestra que se empeñó en enseñar a comunicarse a una niña ciega y sorda, y logró un auténtico milagro gracias a su tesón y a su entrega.

Aunque algo más abajo (nº 23), y con diálogos un poco fuertes, "Cadena perpetua" (1994) es un drama carcelario que afronta bellamente tres temas fundamentales: la amistad, la esperanza y la redención. El momento en que el protagonista “regala” unos minutos de música clásica a los presos refleja mejor que mil discursos esa libertad interior que ninguna cárcel del mundo podrá amordazar jamás.

Ayer os decía que, aun gustándome mucho este listado del AFI, había algunos puntos que no terminaban de convencerme. En concreto, me parece que el filme "Carros de fuego" está en un lugar demasiado bajo (nº 100, el último lugar), cuando es una historia que rezuma inspiración y espíritu altruista. A la vez, otra cinta más efímera (como "Philadelphia") está claramente aupada para apoyar una causa concreta: el lobby homosexual.

Por otra parte, se echa en falta en ese listado una grandísima película como "Un hombre para la eternidad" (1966), ganadora de 6 Óscars y de otros muchos galardones. En ella se percibe la grandeza de un hombre que es capaz de renunciar a los cargos más altos antes que quebrantar sus principios; por eso se opone a las veleidosas pretensiones de Enrique VIII. Curiosamente, Tomás Moro se nos aparece como el mejor amigo del monarca: el único que le muestra lealtad, sinceridad y aprecio. Pero, enfrentado a su conciencia, sabe que Dios está por encima de toda doblez o subterfugio, y prefiere el silencio –jamás la crítica ni la abierta oposición- antes que conservar la propia honra o aun la vida. En este drama profundamente cristiano (tal vez por eso esté ausente en esa lista) se ventilan temas de gran calado y sorprendente actualidad: un laicismo que pretende someter a la Iglesia, el dilema moralidad versus legalidad, el seguir la voz de la propia conciencia en vez de la que marca “el espíritu de los tiempos”.

Cuando pienso en esa película, siempre me acuerdo de aquellas palabras del productor David Puttnam, uno de los cineastas europeos más reconocidos en Hollywood:

“Recuerdo haber visto 'Un hombre para la eternidad' cientos de veces, no por sus cualidades fílmicas, que las tiene, sino por el efecto que producía en mí: el hecho de permitirme esa enorme presunción de salir del cine pensando: ‘Sí, yo también hubiera dejado que me cortaran la cabeza para salvaguardar un principio’. Sabía de sobra que no era así, y probablemente nunca encontraría a nadie que lo hiciera, pero el cine me permitió ese sentimiento; me permitió que, por un momento, sintiera que todo lo decente que había en mí se había puesto en pie”.

lunes, 22 de febrero de 2010

Las 100 películas más inspiradoras de la historia

Desde 1998 el American Film Institut viene publicando listados con “las 100 mejores películas” en diversas categorías. De todas esas listas, la que a mí más me gusta es la que recoge “las 100 películas más inspiradoras de todos los tiempos”.

Previamente a su publicación, el AFI elaboró un elenco de 300 películas que el 16 de noviembre de 2005 entregó a un jurado de 1.500 críticos y artistas cinematográficos. En un programa especial de la CBS, emitido el 14 de junio de 2006, el AFI dio a conocer el listado definitivo, que desde entonces puede verse en su página “100 Years… 100 Cheers”. Un acceso directo puede consultarse también en Myfavoritezines.

Todo listado es discutible. Desde mi punto de vista, algunas que están muy abajo deberían estar más arriba y al revés. Y algunas que no están deberían estar y viceversa. Pero, en general, debo decir que coincido bastante con este listado. En el próximo artículo haré algunos comentarios a este elenco.

En todo caso, y como las traducciones de los títulos no siempre han respetado el sentido original (no pocas veces resulta absolutamente diverso), ofrezco a continuación el listado con los 60 primeros títulos en español. De los primeros quince ofrezco un enlace a una reseña crítica:

1. Qué bello es vivir (1946)
2. Matar a un ruiseñor (1962)
3. La lista de Schindler (1993)
4. Rocky (1976)
5. Caballero sin espada (1939)
6. E.T. (1982)
7. Las uvas de la ira (1939)
8. El relevo (1979)
9. De ilusión también se vive (1947)
10. Salvar al soldado Ryan (1998)
11. Los mejores años de nuestras vidas (1946)
12. Apollo 13 (1995)
13. Hoosiers: más que ídolos (1986)
14. El puente sobre el río Kwai (1957)
15. El milagro de Ana Sullivan (1962)

16. Norma Rae (1978)
17. Alguien voló sobre el nido del cuco (1975)
18. El diario de Ana Frank (1959)
19. Elegidos para la gloria (1983)
20. Philadelphia (1993)
21. En el calor de la noche (1967)
22. El orgullo de los Yankees (1942)
23. Cadena perpetua (1994)
24. Doble triunfo (1978)
25. Fuego de juventud (1944)
26. Los viajes de Sullivan (1941)
27. El mago de Oz (1939)
28. Solo ante el peligro (1952)
29. Campos de sueños (1989)
30. Gandhi (1982)

31. Lawrence de Arabia (1962)
32. Tiempos de gloria (1989)
33. Casablanca (1942)
34. Luces de la ciudad (1931)
35. Todos los hombres del presidente (1976)
36. Adivina quién viene a cenar (1967)
37. La ley del silencio (1954)
38. Forrest Gump (1994)
39. Pinocho (1940)
40. La guerra de las galaxias (1977)
41. La señora Miniver (1942)
42. Sonrisas y lágrimas (1965)
43. Doce hombres sin piedad (1957)
44. Lo que el viento se llevó (1939)
45. Espartaco (1960)

46. En el estanque dorado (1981)
47. Los lirios del valle (1963)
48. 2001: Una odisea en el espacio (1968)
49. La reina de África (1951)
50. Juan Nadie (1941)
51. Seabiscuit (2003)
52. El color púrpura (1985)
53. El club de los poetas muertos (1989)
54. Shane (1993)
55. Fugitivos (1958)
56. Ben-Hur (1959)
57. El sargento York (1941)
58. Encuentros en la Tercera Fase (1977)
59. Bailando con lobos (1990)
60. Los gritos del silencio (1984)

Y ahora, una pregunta: ¿qué tres de ellas -o cuatro- os parecen las "más inspiradoras de la historia"? Espero vuestra opinión.

miércoles, 17 de febrero de 2010

La conversión de Alex Guinness, de la mano del "Padre Brown"

Hoy, Miércoles de Ceniza, me parece un día muy apropiado para recordar la conversión al catolicismo de Alec Guinness, uno de los mejores actores del siglo XX. Este relato, contado por él mismo en sus memorias, puede llenarnos de optimismo a la hora de afrontar esa conversión personal que nos pide la Cuaresma.

Nacido en Londres en 1914, el joven actor destacó pronto por su capacidad para retratar una amplia gama de personajes. Su interpretación de 'Hamlet' en el escenario londinense (1938) dejó una huella histórica, y cuando dio el salto al celuloide, su éxito fue aún mayor. ¿Quién puede olvidar su retrato magistral de 'Fagin' en la películla Oliver Twist (1948), o el humor sutil en la comedia Ocho sentencias de muerte(1949), en la que interpretaba... ¡ocho papeles!?

Años más tarde, ganó el Oscar al mejor actor por su actuación como el coronel Nicholson en El puente sobre el río Kwai (1957). Aunque, para las modernas generaciones, su imagen está ligada al personaje de Obi Wan Kenobi, en La guerra de las galaxias (1977).

En 1959 fue nombrado caballero por la reina Isabel de Inglaterra. Y, sin embargo, en su autobiografía, señaló que su conversión a la Iglesia Católica había sido algo mucho más importante que su carrera como actor. Aquello comenzó, según recuerda, gracias a la interpretación del personaje del Padre Brown, de Chesterton, cuando se rodó la versión cinematográfica.

“Todo empezó cuando rodamos la película sobre el Padre Brown (1954), dirigida por mi buen amigo Robert Hamer. Estábamos en los exteriores de Borgoña cuando tuve una pequeña experiencia de cuyo recuerdo siempre he disfrutado.

Hacia el anochecer me encontraba aburrido y sin saber qué hacer. Vestido con mi negra sotana, subí por el serpenteante y polvoriento camino hacia el pueblecito. En la plaza, los niños chillaban en medio de infantiles batallas, con palos por espadas y tapas de cubo de basura por escudos.

En un café Peter Finch, Bernard Lee y Robert Hamer disfrutaban del primer Pernod de la velada. Al saber que no me necesitarían hasta cuatro horas más tarde, me volví a mi hotel. Para entonces ya era de noche.

No había caminado mucho cuando escuché unos pasos apresurados y una voz aguda que me llamada «Mon Pere!» [¡Señor Cura!]. Un chico de siete u ocho años me tomó de la mano y la apretó fuertemente, balanceándola mientras mantenía un parloteo incesante.

No me atreví a hablar por miedo a que mi horroroso francés le pudiera asustar. Aunque yo era un absoluto desconocido, el chico me tomó por un cura y, consecuentemente, por alguien digno de la mayor confianza.

De repente con un «Bonsoir, mon Pere!» [«Buenas noches, Padre»] y una deslavazada reverencia, despareció por el agujero de un seto. El chico había disfrutado de un alegre y tranquilizador paseo a casa, y a mí me dejó con un extraño sentimiento de euforia. Mientras seguía caminando, se me antojaba que una Iglesia que podía inspirar tal confianza en un niño, haciendo de sus sacerdotes -incluso cuando eran unos desconocidos- tan sencillamente accesibles, no podía ser una institución tan intrigante y aterradora como solía ser descrita. Aquel día empecé a sacudirme de encima mis anquilosados prejuicios, tan largamente aprendidos”.

A los pocos días de este incidente, un hijo de Alec Guinness, Mateo, que tenía 11 años, quedó paralítico a causa de la poliomelitis. El pronóstico era incierto. Movido por un impulso interior, cada noche, al terminar el rodaje, Guinness comenzó a frecuentar una pequeña iglesia católica en su camino a casa. Pedía intensamente a Dios la curación de su hijo, y prometió que no se interpondría en su camino si el niño, que había sido matriculado en el colegio de los jesuitas, deseaba hacerse católico.

Felizmente, Mateo se recuperó. Y un año más tarde, anunció que deseaba convertirse al catolicismo. Alec recordó su promesa a Dios, y accedió a la conversión.
Pero Dios quería hacerle un regalo aún mayor. Movido por la fe de su hijo, Alec Guinness comenzó a estudiar el catolicismo. Tuvo largas conversaciones con un sacerdote católico y, finalmente, se decidió a hacer un curso de retiro en una abadía trapense. Aquello le dio fuerzas, pero aún no había llegado su momento.

A principios de 1956 -y animado por la actriz Grace Kelly, que era católica-, asistió varios domingos a la Santa Misa mientras rodaba una película en Los Angeles. La doctrina de las indulgencias le frenó aún por unos meses, pero finalmente dio el paso. Fue recibido en la Iglesia Católica por el obispo de Portsmouth en el verano de 1956. Como señaló poco después: “No ha sido algo precipitado ni tampoco un impulso emotivo: ha sido una decisión que me ha costado la vida entera”.

Seis meses después, mientras rodaba en Sri Lanka El puente sobre el río Kwai (octubre 1956 - abril 1957), su esposa le llamó al set para comunicarle que también ella había tomado la decisión de convertirse. Fue una sorpresa que Alec festejó con todo el equipo de producción. Y, como sucede a veces a los conversos, en aquellos días se sintió movido por un fuerte impulso evangelizador. (Fue justamente el filme por el que recibió el Óscar).

También surgió en él una profunda Fe. En sus memorias recuerda cómo un día, mientras estaba en Sri Lanka, dedicó la jornada que tenía para su descanso en caminar hasta una ermita muy lejana y así poder rezar ante el Santísimo Sacramento.

Sir Alec Guinness, murió el año 2000 a la edad de 84 años. Gracias al padre Brown de Chesterton, que lo llevó “de la mano” (en el encuentro con un niño) hasta las puertas de la Iglesia, murió alegre y feliz en el seno de la Iglesia católica.
En sus memorias escribió: “Si de algo debo lamentarme es de no haber tomado antes la decisión de convertirse al catolicismo”.

lunes, 8 de febrero de 2010

Las 25 mejores películas románticas

A nadie se le escapa que este domingo, 14 de febrero, es San Valentín. Todo el mundo lo comenta, y en todos los medios de comunicación hay artículos y propuestas para esta fecha. En ese fantástico blog que es "La mirada de Ulises" acaba de publicarse un artículo muy apropiado para ese día: “El amor también es interesante en las historias”.

Ciertamente, no hay que esperar al Patrón de los enamorados para tener un detalle con la mujer o el marido, con la novia o el novio. El amor es algo que hay que regar todos los días, como la flor de El Principito, de Saint-Exupery: un tesoro escondido en el campo (en el trajín de las tareas diarias), que requiere vender todo lo que se posee (entregarse por completo a la otra persona) para poderlo disfrutar de veras.

Sí, el amor no es cosa de un día: hay que alimentarlo cada jornada, y renovarlo cada día. Y evitar la rutina, y decir “te quiero” con la ilusión de la primera vez. Volver a ser novios, aunque se cuenten por decenios los años de matrimonio.

Todo eso es cierto. Pero también lo es que las fechas tienen su significado. Por eso he querido sumarme a esta celebración con una lista de 25 películas románticas que han superado la barrera del tiempo. Este fin de semana es una ocasión espléndida para sorprender a nuestra pareja con un filme que vimos hace años o que vemos ahora por primera vez. El cine siempre ha sido “una fábrica de sueños”; y en ocasiones, una forma de demostrar el cariño.

Que lo disfrutéis. Y, si esposible, decidme cuál de ellas es vuestra preferida. Me encantará conocer vuestra opinión:

1. Casablanca (1942), de Michael Curtiz
2. Vacaciones en Roma (1953), de William Wyler
3. Lo que el viento se llevó (1939), de Victor Fleming
4. Cyrano de Bergerac (1990), de Jean-Paul Rappeneau
5. Ninotchka (1939), de Ernst Lubitch
6. Sonrisas y lágrimas (1965), de Robert Wise
7. Matrimonio de conveniencia (1990), de Peter Weir
8. Cumbres borrascosas (1939), de William Wyler
9. Luces de la ciudad (1931), de Charles Chaplin
10. Rebeca (1940), de Alfred Hitchcock
11. El hombre tranquilo (1952), de John Ford
12. Bodas y prejuicios (2005), de Gurinder Chadha
13. Mejor... imposible (1997), de James L. Brooks
14. Breve encuentro (1945), de David Lean
15. Sabrina (1954), de Billy Wilder
16. West Side Story (1961), de Robert Wise
17. Algo para recordar (1993), de Nora Ephron
18. Mientras dormías (1995), de Jon Turteltaub
19. Ghost (1990), de Jerry Zucker
20. La princesa prometida (1987), de Rob Reiner
21. La Bella y la Bestia (1991), de Gary Trouslade y Kirk Wise
22. Lo que queda del día (1993), de James Ivory
23. Sentido y sensibilidad (1995), de Ang Lee
24. El camino a casa (1999), de Zhang Yimou
25. La vida secreta de las palabras (2005), de Isabel Coixet

miércoles, 3 de febrero de 2010

"¿Dónde estaba Dios?" (El sentido del dolor en "Tierras de penumbra")

Hace dos semanas publiqué el artículo "Dios, Haití y los barberos" partiendo de una pregunta que se había suscitado en los medios de comunicación: "En aquella inmensa tragedia, ¿dónde estaba Dios?".

Es una pregunta que muchos se han hecho en las grandes catástrofes, y también -aunque menos- en las masacres que los hombres hemos provocado directamente: la del 11-S, la del 11-M, etc.

Esta cuestión se plantea también, y más de una vez, en la película "Tierras de penumbra", biografía novelada del escritor británico C. S. Lewis. Hay una razón para ello: este autor quiso dar respuesta a esa pregunta en su libro "El problema del dolor" (1947). A lo largo del filme, se ve a Lewis desarrollar en sus conferencias dos ideas clave en torno al dolor: una, que “el sufrimiento es el cincel que Dios emplea para perfeccionar al hombre”; y dos, que es precisamente el sufrimiento lo que “nos lanza al mundo de los demás”.

Sin embargo, será al sentir en propia carne la punzada del dolor -por la muerte de su adorada esposa, Helen Joy Davidman- cuando comprenda el verdadero alcance de sus pensamientos. Como resultado de esta nueva reflexión, escribirá el más personal de todos sus libros: "Una pena en observación" (1960); en él hallará finalmente la respuesta a la pregunta que siempre se había formulado: "¿Dónde está Dios cuando las personas sufren?".

En esta secuencia del filme, donde nuevamente plantea la pregunta, se hace patente su profunda visión del hombre: del dolor y del amor humanos. Un discurso para disfrutar, meditar y vivir.


martes, 26 de enero de 2010

¿Amor o sentimiento? (Una canción de "El violinista en el tejado")

Actualmente mucha gente confunde amor y sentimiento. Y hay un punto de verdad en esa asociación: cuando siento afecto por una persona, tiendo a amarla; y cuando me empeño en amar, acabo sintiendo amor hacia ella. Pero no son lo mismo, porque amar supone entregarse al otro.

Olvidar eso puede llevar a la triste situación que atraviesan algunos matrimonios: “Ya no la amo, porque ya no siento nada por ella”... Si el amor sólo es algo sensible, algo que irrumpe en mi vida y me arrastra, y en lo que yo apenas pongo de mi parte... Si sobre ese afecto no construyo el cariño –a base de mil detalles, con el esfuerzo por conocer al otro, por comprenderlo y hacerlo feliz- el sentimiento se agosta y llega el hastío: porque lo sensible apenas roza lo más hondo de mi alma.

Afortunadamente, cabe otro amor. Más firme y auténtico, en el que pongo no sólo el corazón, sino también la inteligencia y la voluntad: un amor radicado en la persona entera, en el deseo firme de querer al otro.

Un ejemplo de ese amor auténtico lo encontramos en la película El violinista en el tejado (1971), de Norman Jewison. Este musical, basado en la novela Las hijas de Tevye, del escritor ruso Sholom Aleichem, se ambienta en una comunidad judía de la Rusia zarista, a principios del siglo XX.

El filme cuenta la historia de Tevye, un pobre lechero de Anatevka que lucha por sacar adelante a su familia en el marco de las tradiciones judías. En concreto, se esfuerza en conseguir novio a Tzeitel, su hija mayor, para la que no puede aportar ninguna dote. Al fin consigue que el rico carnicero –feo, malhumorado y glotón- acepte la mano de su hija mayor. Pero cuando se lo cuenta a ella, Tzeitel se echa a llorar y le dice que quiere casarse con el sastre del pueblo. “¡Pero si es un muerto de hambre, que apenas tiene para vivir!”, exclama Tevye. Y su hija responde: “Sí, pero yo le amo”.

La siguiente escena nos traslada al interior de la casa. Tevye le cuenta a Golde, su mujer, la decisión de la muchacha –que rompe la tradición judía– y la razón que aporta: que le quiere. De repente, surge la duda –la crisis– en el interior de Tevye: “Golde, a ti y a mí nos prometieron nuestros padres...”. Una pausa, un cruce de miradas y, al fin, una pregunta inquietante: “Golde, ¿tú me amas?”.

La mujer intenta evitar la conversación. (¿A qué viene cuestionar a estas alturas el amor en nuestro matrimonio?). Hace ademán de irse a la cocina, pero él se pone a su lado, e inicia la famosa canción: “But do you love me?”. Ella se revuelve y cambia de conversación, pero es en vano:

-Golde, la primera vez que te vi fue el día de nuestra boda... Yo estaba asustado.

-Y yo estaba avergonzada...
- confiesa la mujer, cediendo en su resistencia.

-También yo. Pero mi padre y mi madre me dijeron que aprenderíamos a amarnos mutuamente; y ahora, Golde, te pregunto: tú ¿me amas?

Golde se vuelve de espaldas, alza su mirada hacia el infinito, y abre al fin su corazón:

- Durante veinticinco años te he lavado la ropa, te he preparado la comida y he limpiado nuestra casa... Cada noche te he esperado junto al fogón, con la mesa preparada... Durante veinticinco años he aguantado tus berrinches y tus borracheras, y también he saboreado tus abrazos... Durante veinticinco años he vivido contigo, he luchado contigo... Te he dado cinco hijas, y he compartido tu mesa, tu lecho y tu casa. Si eso no es amor, entonces ¿qué es amor?

-Entonces, ¿me amas?

-Sí, supongo que sí.

-Y yo supongo que también te amo... Eso no cambia nada, pero incluso así, después de veinticinco años, es bonito saberlo...

“No sé si entonces te amaba -podría decir ella- pero sé que en estos veinticinco años he aprendido a quererte”. Y es que todos podemos aprender a querer, también cuando el afecto desaparece.

Para que la disfrutéis, os dejo esta preciosa canción (2' 50"), en versión original con subtítulos.


sábado, 9 de enero de 2010

Las mejores películas de cine espiritual en 2009

En dos post recientes (30.XII.09 y 2.I.10) publiqué los listados de "Las mejores películas de cine espiritual" en 2008 y en 2007, respectivamente. En este post recojo la valoración que el profesor Peio Sánchez, director del Departamento de Cine del Arzobispado de Barcelona, acaba de publicar respecto a las mejores películas de temática espiritual correspondientes a 2009.

Al hacer este elenco, este profesor lo presenta como "un material válido para la recuperación educativa y pastoral a través del dvd”. Y añade: “Nos parece hoy imprescindible elegir bien lo que vemos para ser mejores personas. Y creemos que este tipo de cine invita a profundizar en los grandes interrogantes, propone una mirada abierta al misterio d Dios y provoca a ser buena gente”.

Nosotros hemos escogido ocho de esas diez. El año señala en cada cinta la fecha del estreno original, aunque en España todas fueron estrenadas en el 2009.

1. Gran Torino (2008), Clint Eastwood,
“En Gran Torino, Clint Eastwood ha sabido contar una historia sencilla como una enorme fuerza dramática planteando temas espirituales de calado como el sentido del perdón, la redención como sacrificio o el camino de conversión. Y desde el punto de vista cristiano no solamente presenta una imagen positiva de la Iglesia representada en el padre Janovich sino que también ofrece una poderosa imagen crítica en las decisiones finales del protagonista”.

2. Amazing Grace (2006), Michael Apted.
“Este homenaje a William Wiberforce --un parlamentario de la Cámara de los Comunes, que dedicó, desde su juventud, su actividad política a la lucha contra la esclavitud y las injusticias sociales- se presenta con una magnífica puesta en escena y una serie de actuaciones excepcionales. Marcada profundamente por la perspectiva social cristiana es una película imprescindible para conocer la fuerza ética del Evangelio y su herencia en nuestra cultura”.

3. Katyn (2007), Andrzej Wajda,
“Sobrecogedora película del maestro polaco Andrezej Wajda. Este testamento fílmico trata del genocidio de Katyn perpetrado por el comunismo soviético en 1940 y que afectó personalmente al director ya que su padre era uno de los 20.000 oficiales y ciudadanos polacos asesinados. Narrada desde la perspectiva de los supervivientes, especialmente mujeres, es un himno a la reconciliación desde la memoria que busca la verdad. La fe católica se muestra con intensidad en distintos momentos pero de forma más contundente en los últimos minutos”.

4. Slumdog Millionaire (2008), Danny Boyle.
“El director Danny Boyle, de formación y convicciones cristianas, ha sabido contar una dura historia sobre la superación desde la miseria hasta la victoria. Narrada como un cuento de hadas, sigue la historia de tres muchachos que nacen en las barracas de Calcuta, y como desde el protagonista de Jamal verán como triunfa la bondad y el amor más allá de la injusticia y la violencia. La historia nos presenta una intriga que mueve al espectador a la esperanza y que invita a reconocer la presencia de la Providencia que acompaña los acontecimientos respetando la libertad pero alentando la bondad”.

5. The Visitor (2007), Thomas McCarthy.
“Es la historia de una visita de gracia en la que se ve envuelto un oscuro profesor universitario, genialmente interpretado por Richard Jenkins, que tras quedar viudo vive en el sinsentido y al que le cambiará la vida su encuentro con Tarek. Este sirio que lleva la percusión en su corazón representa la alegría y las ganas de vivir que faltan al protagonista. En este itinerario de transformación veremos como crece en él la sensibilidad y el compromiso, la capacidad de amar y el ejercicio responsable de la libertad. Una película que además es un grito contra la injusticia de las leyes de inmigración”.

6. La caja de Pandora (2008), Yesim Ustaoglu.
“La enfermedad de Alzheimer de la abuela abrirá la caja de Pandora de una familia que vive en la orilla de la infelicidad. Como si una maldición cayera sobre ellos, cuando la anciana, una genial Tsilla Chelton de 89 años, desaparece de casa. Con esta fuga comienza un periplo hacia la verdad que les implicará a todos ellos, cuando han de acudir a una aldea de montaña en la costa del Mar Negro. La lucidez de la demencia no logrará doblegar el desvarío de los instalados en la comodidad o en el fracaso; pero sí logrará mover a los que sienten que la vida va mucho más allá y que siempre están dispuestos a subir a una montaña, aunque ya la fuerzas sean escasas. Una alianza donde los más viejos transmiten la esperanza a los más jóvenes”.

7. Despedidas (2008), Yojiro Takita.
“Daigo, un violonchelista en paro, descubre su vocación cuando abandona Tokio con Mika, su mujer, y acude a la ciudad y casa donde vivió su infancia. Un proceso lento y sorprendente le convertirá en un especialista en el nôkan, ritual mortuorio japonés que supone una rememoración del difunto desde el acto de embalsamamiento. En su aprendizaje se irán cruzando una serie de historias de reconciliación de los vivos con los muertos e irá, poco a poco, abriendo su propia historia a un camino de pacificación. La película nos permite contemplar la muerte con una perspectiva distinta”.

8. El erizo (2009), Mona Achache.
“Adaptación del famoso libro de Muriel Barbery ‘La elegancia del erizo’ y que supone el primer largometraje de la directora francesa Mona Achache. Basada en el contraste de dos personajes: por una parte, una niña con un rico e inteligente mundo interior; por otra parte, la portera del número 7 de la calle Grenelle, una mujer descuidada y un tanto huraña. Pero ambas tendrán un secreto que saldrá a la luz con la llegada de Kakuro Ozu, un elegante viudo japonés. Esta revelación servirá de disculpa para comprender el secreto profundo de las personas y cómo a veces lo esencial no está en las apariencias”.

Vía: Camineo

sábado, 2 de enero de 2010

Las diez mejores películas de cine espiritual en 2007

Para completar la información de un post anterior, relativa a 2008, y a la espera de recibir pronto el listado correspondiente a 2009, ofrezco ahora el elenco de "las 10 mejores películas de cine espiritual de 2007", tal como fue publicado en Forum Libertas. La selección es del Departamento de Cine del Arzobispado de Barcelona:

1. La vida de los otros, de Florian Henckel von Donnersmarck.
El capitán Gerd Wiesler, magistralmente interpretado por el recientemente fallecido Ulrich Mühe, como oficial destacadamente eficaz de la Stasi, la policía secreta de la antigua República Democrática Alemana, es el encargado de espiar a la pareja formada por el prestigioso dramaturgo y director Georg Dreyman (Sebastian Koch), y su novia, la actriz Christa-Maria Sieland (Martina Gedeck). Las actividades opositoras del intelectual serán descubiertas por una vigilancia que vulnera toda intimidad, pero que al mismo tiempo mostrará al espía el verdadero rostro de sus víctimas.

2. Luces al atardecer, de Aki Kaurismäki.
Aki Kaurismäki nos tiene acostumbrados a un cine que permite una lectura trascendente de acontecimientos simples y de personajes menores, como si lo más grande y mejor se transparentase en lo más insignificante. La posibilidad de una lectura espiritual del espectador indica hasta qué punto el director, con su cine, es capaz de comunicar incluso más allá de su voluntad deliberada de expresión, algo que sin duda ha de ser reconocido, en legítimo sentido, como arte.

3. Disparando a perros, de Michael Caton-Jones.
Ruanda, 1994. En plena amenaza de genocidio, la Escuela Técnica Oficial dirigida por un sacerdote católico y bajo el amparo de la ONU se convierte en el único lugar seguro para tutsis y hutus moderados. Cuando las fuerzas internacionales deciden retirarse, se produce una espantosa masacre. La denuncia que dio origen a la película, filmada ya en la reconocida Hotel Rwanda de Terry George, invita a superar la indiferencia sobre África y a asumir la responsabilidad que Occidente contrajo con el genocidio, y también con su antes y su después. Para romper este silencio informativo y ético se nos presenta el sufrimiento y el valor de la entrega de aquellos que permanecieron solidarios en la hora del desastre.

4. Después de la boda, de Susanne Bier.
Jacob, un danés de cuarenta años, lleva diez en la India, trabaja en un orfanato que recoge niños de la calle. La institución está en una situación económica desesperada. De pronto, se recibe una oferta inopinada de Jorgen, un hombre de negocios que está dispuesto a hacer una donación muy generosa, pero pone como condición que Jacob viaje a Dinamarca para entrevistarse con él. Al término de la primera entrevista, pregunta a Jacob si tiene planes para el fin de semana. Ante la respuesta negativa, le invita a asistir a la boda de su hija Anna. Eso lo cambiará todo.
Esta película danesa realizada casi desde los postulados Dogma, nos ofrece una trama dramática compleja y sorprendente.

5. El buen nombre, de Mira Fair.
Centrada en el personaje del joven Gogol, nos muestra a sus padres, Ashoke Ganguli, un hombre honesto y generoso, y Ashima, una cantante de música tradicional, que al casarse se trasladan a vivir en Nueva York. El esfuerzo de fidelidad a las tradiciones indias y de integración de los progenitores contrastará con el estilo más individualista, consumista y de vacío espiritual del protagonista, que decide renunciar a su primer nombre como señal de autonomía y plena inserción occidental.

6. Once, de John Carney.
Bellísima historia de amor, sencilla, sincera y realista, que fue galardonada con total merecimiento con el Premio del Público en el Festival de Sundance 2007. El protagonista es un joven que cada día se aposta con su guitarra en Grafton Street, la calle peatonal más emblemática de Dublín. Un día, una chica que vende flores en la misma calle le escucha con gusto y le pregunta acerca de su vida. La gran originalidad del filme es el conjunto de canciones, que no son un mero adorno, sino la esencia de la historia. Y a este singularísimo musical se une una historia de amor portentosa, aunque discreta. El título de la película da pistas acerca de lo que vemos: el amor puede nacer de nuevo. Hay en el film de Carney una valiente y enriquecedora visión de la familia, con personajes magníficamente resueltos, como el padre del protagonista.

7. Sin destino, de Lajos Koltai.
Primer largometraje realizado por este director de fotografía húngaro, se basa en la obra del premio Nobel de Literatura Imre Kertész Sin destino. Con una mezcla de autorreferencia y distancia irónica se nos presenta la historia de año y medio de la vida de un adolescente en los campos de exterminio nazis.

8. El final del espíritu, de Jim Hanon.
Nuevamente, otra película en clave de testimonio. En este caso basada en el asesinato de cinco misioneros evangélicos en plena selva ecuatoriana en 1956 y el proceso de reconciliación de sus familia con la tribu Huaorani. Es un film con una factura sencilla, sin medios espectaculares, y a pesar de tener un guión demasiado previsible no cae nunca en el simple maniqueísmo.

9. La boda de Tuya, de Wang Quan'an.
Una película menor, pero llena de belleza y bondad, que recibió el Oso de Oro del último Festival de Berlín. Narra la fortaleza serena de Tuya, una joven que vive en los desiertos de la Mongolia interior cuyo esposo ha quedado imposibilitado y que tiene a su cargo dos hijos pequeños. Sus esfuerzos de supervivencia, sobre todo cuando un médico le indica que su espalda no resiste trabajar tan duro, parecen abocados al fracaso. A la vista de su situación, su marido intenta convencerla para que se divorcie de él y pueda volverse a casar. A pesar de que la trama gira en torno a un divorcio, reivindica en cierto modo la unión familiar, presentando a una pareja capaz de superar las dificultades, que antepone el bien del otro por encima de todo.

10. Cuatro minutos, de Chris Kraus.
Jenny es una joven presidiaria violenta pero inteligente que toca prodigiosamente el piano. Una anciana profesora pronto la tutela desde una severidad que cuadra bien con el carácter de la joven y que servirá para el acercamiento mutuo. La confianza en los dones de Dios y en el poder redentor de la belleza a través de la música plantea un proceso de reconstrucción de las diferentes historias que se ven conducidas hacia la liberación. Hay una confianza básica en que, por destrozado que esté un ser humano, siempre es posible la rehabilitación.