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domingo, 18 de septiembre de 2016

Un pimentero para comunicarse en familia

En este blog hemos comentado varios spots que muestran la conveniencia de moderar el uso de las nuevas tecnologías. La campaña "Desconectar para conectar" mostraba un mundo lleno de aparatos tecnológicos, una vida llena de intercpmunicaciones... y de seres humanos incomunicados. Y "Look up", el vídeo de un profesor de antropología, animaba a levantar la vista (del teléfono móvil) para ser capaces de mirar el mundo que nos rodea: las personas, la familia, los verdaderos amigos.

El problema, como sabemos, se agudiza en el contexto de la comunicación familiar. Muchos padres y madres han experimentado en sus carnes lo difícil que es reunir a los hijos para la cena cuando están concentrados en sus smartphones, en sus tablets, o viendo una serie en el televisor.

Dolmio, una empresa australiana de salsas para pasta, ha decidido poner remedio a esta situación. Para ello han creado un curioso pimentero que, con un simple giro, apaga todos los dispositivos electrónicos en varios metros a la redonda. Convencidos del éxito que tendría, lo regalaron a varias madres australianas y grabaron las reacciones con cámara oculta. El resultado fue mucho más eficaz y sorprendente que el que habían esperado. Las reacciones iniciales fueron explosivas, sobre todo en los adolescentes ("¡¡¡Se ha desconfigurado mi smartphone!!! ¡Estoy perdida...!"). Pero, casi inmediatamente, las comidas empezaron a ser gratas y enriquecedoras reuniones familiares donde todos tenían algo que contar, y todos aprendían también a escuchar a los demás.

Esta campaña ha requerido el trabajo conjunto de varias agencias: Clemenger BBDO Sydney, Pollen, Starcom y Ogilvy PR. El resultado es este divertido vídeo, que retrata la situación de muchas familias -no sólo las australianas- y que deja patente el problema de comunicación que existe en muchas casas. ¡Cuántas madres quisieran hacerse con un pimentero así...!

lunes, 25 de enero de 2016

Vídeo sugerente: "Levanta la vista del móvil"

Tener cientos de amigos en Facebook no es sinónimo de ser querido. Puede equivaler a quedarse esperando un “Me gusta” que quizá nunca llegue. Estar atado a Whatsapp durante una reunión entre amigos no hace que estemos en más lugares, sino, más bien, a no estar en ninguno.

Sobre estas premisas se construye el vídeo titulado significativamente “Look Up” (levanta la vista). El corto fue publicado en YouTube hace unos meses, y en diez días superó los 27 millones de visitas. Ahora son ya más de 56 millones. Para ser el vídeo inaugural del escritor británico Gary Turk, no está nada mal. Pero, ¿cuál ha sido el motivo de su éxito?

Tengo 422 amigos. Aún así, estoy solo. Hablo con todos ellos cada día, sin embargo, ninguno me conoce realmente”. Así arranca este poderoso corto: con las palabras de un joven hiper-conectado e hiper-desilusionado, que nos hacen pensar a dónde nos ha llevado la actual fascinación por la tecnología. Con rima y ritmo de rap, jugando con las comparaciones y las antítesis, con la emoción y la ironía, el espectador asiste a un lúcido discurso que le llega hasta el fondo. Todos nos sentimos interpelados en esta llamada a “levantar la vista” del teléfono móvil y entablar relaciones humanas –directas– con quienes nos rodean. El mensaje no es nuevo, pero la puesta en escena sí.

Las imágenes no son tremendistas, pero las reflexiones que suscita pueden suponer un shock intelectual y emocional. Lo que vemos son escenas cotidianas, con hombres y mujeres interactuando a través de redes sociales, pero que ya no tienen tiempo para mirarse a la cara. Ya no pueden –o, lo que es peor, ya no saben– relacionarse con los demás, tener amigos de verdad, vivir reposadamente la propia vida en vez de una vida ficticia y agitada en el mundo virtual.

Sin embargo, lo “peor” está por llegar. De repente, vemos a unas nuevas generaciones de niños que ya no son capaces de divertirse. Ya no juegan ni corren. Sólo miran su tableta. La voz en off suena aquí especialmente triste:

Estamos rodeados de niños que, desde que nacieron, nos han visto vivir como robots, y piensan que eso es lo normal. No es muy probable que seas el mejor padre si no puedes entretener a tu hijo sin usar un IPad. Cuando era un niño jamás estaba en casa; estaba afuera con mis amigos... Ahora los parques están silenciosos. No veo niños jugando, y los columpios están todos quietos…”.

Por contraste, el relato incluye una conmovedora historia de amor nacida de una acción tan simple como preguntar a una mujer una dirección, algo que nunca habría sucedido si el protagonista se hubiera dejado guiar por su teléfono móvil. Esa relación, profundamente humana, llega a saborear el amor, el afecto de una esposa y las alegrías de una hija que al fin levantó el vuelo y se fue… Una vida normal, pero una vida plena, con pequeños sucesos que merecieron ser vividos y no sólo “compartidos”. Una historia como la de nuestros padres; esa que gusta recordar en la vejez (¿te acuerdas cómo nos conocimos?), y que se vuelve a contar a hijos y a nietos, como si fuera la primera vez...

La comunicación mediante dispositivos en lugar de conversaciones amistosas está cambiándonos la vida. Por eso el vídeo llega a decir: “Somos una generación de idiotas, de teléfonos inteligentes y gente estúpida. Así que levanta la vista del teléfono”.

Un mensaje que, al menos de vez en cuando, conviene oír y meditar. ¡Feliz semana de vida auténticamente real!

domingo, 13 de diciembre de 2015

Apple: Navidad, familia y buen uso del móvil

Se acerca la Navidad y es buen momento para recordar algunos anuncios que han reflejado el espíritu de estas fechas... Como el spot de Apple de hace dos años. Porque, siendo una empresa tecnológica, supo reflejar la vertiente más humana de la Navidad. Supo despertar los sentimientos más valiosos: y nos habló de alegría, de familia, de vivir para los demás… y, sobre todo, de comprender a los jóvenes.

No es algo novedoso. Los anuncios de Apple se caracterizan por eludir todo halo de “tecnología”, de “gadgets”, de “dispositivos electrónicos” y hablarnos de lo que puedes hacer con ellos: crear, comunicar, mejorar la vida de los otros; transmitir emociones, comunicar sentimientos. Y, en este caso, nos da una gran lección de cómo usar el móvil en familia.

Lo que vemos es una escena de lo más habitual. La familia Harris se dispone a pasar unas felices Navidades en el campo, mientras su hijo mayor vive aparentemente “enganchado” a su teléfono móvil. En varios momentos vemos al protagonista “ausente”, más atento a su dispositivo que a lo que ocurre a su alrededor. Mientras los demás juegan en la nieve o decoran el árbol, él está en un rincón, solitario y callado, toqueteando su IPhone. Todos se lo critican y hasta le echan una bola de nieve o un gorro para que “despierte”.

El spot se titula significativamente Misunderstood (Incomprendido). Porque el final se desvela cuál ha sido el verdadero propósito del chico, y descubrimos que ha estado más atento a la celebración navideña de lo que sus familiares han pensado todo el tiempo.

Debo reconocer que me da un poco de pena la gente que está de vuelta de la Navidad, que desea que pasen estas fiestas lo más rápido posible. A mí me encantan, me encanta ver la ilusión de un niño abriendo sus regalos, de una familia poniendo el belén, de una cena familiar en la que todos olvidan los rencores y aprenden a querer. Y eso vale por todos los que han olvidado el sentido de estas fiestas.

En todo caso, un brindis por la campaña de Apple, humana y entrañable, que apuesta por la familia y por la Navidad.

domingo, 12 de abril de 2015

Un pimentero que apaga todos los dispositivos para recuperar la comunicación familiar

En este blog hemos comentado varios spots que muestran la conveniencia de moderar el uso de las nuevas tecnologías. La campaña "Desconectar para conectar" mostraba un mundo lleno de aparatos tecnológicos, una vida llena de intercpmunicaciones... y de seres humanos incomunicados. Y "Look up", el vídeo de un profesor de antropología, animaba a levantar la vista (del teléfono móvil) para ser capaces de mirar el mundo que nos rodea: las personas, la familia, los verdaderos amigos.

El problema, como sabemos, se agudiza en el contexto de la comunicación familiar. Muchos padres y madres han experimentado en sus carnes lo difícil que es reunir a los hijos para la cena cuando están concentrados en sus smartphones, en sus tablets, o viendo una serie en el televisor.

Dolmio, una empresa australiana de salsas para pasta, ha decidido poner remedio a esta situación. Para ello han creado un curioso pimentero que, con un simple giro, apaga todos los dispositivos electrónicos en varios metros a la redonda. Convencidos del éxito que tendría, lo regalaron a varias madres australianas y grabaron las reacciones con cámara oculta. El resultado fue mucho más eficaz y sorprendente que el que habían esperado. Las reacciones iniciales fueron explosivas, sobre todo en los adolescentes ("¡¡¡Se ha desconfigurado mi smartphone!!! ¡Estoy perdida...!"). Pero, casi inmediatamente, las comidas empezaron a ser gratas y enriquecedoras reuniones familiares donde todos tenían algo que contar, y todos aprendían también a escuchar a los demás.

Esta campaña ha requerido el trabajo conjunto de varias agencias: Clemenger BBDO Sydney, Pollen, Starcom y Ogilvy PR. El resultado es este divertido vídeo, que retrata la situación de muchas familias -no sólo las australianas- y que deja patente el problema de comunicación que existe en muchas casas. ¡Cuántas madres quisieran hacerse con un pimentero así...!

lunes, 26 de enero de 2015

Desconectar para conectar

Juan Adárvez, profesor de Secundaria y seguidor del blog, me envía este anuncio. No tiene efectos especiales ni grandes alardes de producción, pero el argumento nos engancha. En breves escenas, nos sentimos interpelados.

Unos novios pasean a la orilla del mar; él, absorto en el móvil, acaba perdiendo a su novia, aunque las huellas en la arena nos dicen que sigue a su lado. Un amante de la música, pegado a su smartphone, se olvida de su grupo de amigos que está tocando junto a él. Y una secretaria, que se abstrae de la importante reunión a la que asiste. Y un padre que, en el salón, se olvida de la hija que está a su lado…

Situaciones cotidianas, que no llaman la atención, pero que pueden ser dramáticas. Afortunadamente, esos desajustes se solventan cuando el interesado desconecta el móvil para escuchar a los que tiene alrededor. Es el lema de la campaña: “Desconectar para conectar”.

Quizás el tema tenga especial eco entre los jóvenes. Pero no es sólo un anuncio para ellos. Un estudio reciente concluye que el 77% de los que poseen un teléfono inteligente padece, en algún grado, de «nomofobia»; es decir, temor y ansiedad ante el hecho de no poder consultar su  móvil cada vez que lo desea.  La dependencia del móvil está ya tipificada en los manuales de Psiquiatría, y los síntomas son muy claros: no poder vivir sin él, no poder atender a otra persona si llaman por teléfono, estar más pendiente del móvil que de la familia o los amigos...

Pensemos por un instante: ¿no hay alguien en nuestro entorno que padezca alguno de esos síntomas? ¿No vemos en nosotros alguno de esos indicios? Aún estamos a tiempo de cambiar: de desconectar el móvil cuando haga falta, y escuchar a quienes nos rodean.

domingo, 24 de agosto de 2014

Profesor Keating: "Tú puedes contribuir con un verso"

La muerte de Robin Williams ha levantado en los últimos días oleadas de afecto, recuerdos entrañables, cientos de homenajes. Al margen de cómo y por qué murió, algo verdaderamente trágico, debo reconocer lo mucho que me inspiró su personaje del Profesor Keating, en el filme El Club de los Poetas Muertos.

Por eso, en esta semana que nos deja a las puertas de un nuevo curso, he querido recordar a aquel profesor entusiasta y creativo con este anuncio de Appel, estrenado hace unos meses. La voz que escuchamos (en la versión original) es la del propio Robin Williams en aquel filme: “No leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana, y la raza humana está llena de pasión…”

Con este pasaje, Apple quiere decirnos que su último modelo, el IPad Air, no es algo valioso porque es bonito; lo es porque puede despertar nuestra creatividad, nuestra ilusión, nuestra pasión... ¡La de todos! No sólo la de científicos, diseñadores o ingenieros... De nuevo oímos la voz del actor: “La Medicina, el Derecho, el Comercio, la Ingeniería… son carreras nobles y necesarias para la vida. Pero la poesía… (ahora vemos imágenes entrañables ligadas al IPad: niños que se orientan en el bosque, jóvenes que crean espectáculos visuales, equipos de hockey que preparan tácticas)… Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor… son las cosas que nos mantienen vivos”.

Vemos -orgullo de españoles- una imagen de la Sagrada Familia (segundo 37), y luego un profesor que imparte clase con el IPad, y una coreografía militar diseñada en la tablet… Naturaleza y vida, alegría y baile, belleza y pasión.

Ante tantas tragedias que inundan los telediarios (violencia, guerra, codicia, muerte), uno puede preguntarse: “¿Qué sentido tiene la vida?”. Y entonces la voz de Robin Williams puede inspirarnos una vez más: “Respuesta: Que tú estás aquí, que existe la vida y la identidad. Que prosigue el poderoso drama y que tú puedes contribuir con un verso”. Ahora se dirige a a cada uno de nosotros, que volvemos a ser sus alumnos: “Que prosigue el poderoso drama y que tú puedes contribuir con un verso… ¿Cuál será tu verso?”.



Para poder comparar el anuncio con la escena del filme, os la incluyo aquí, comenzando el pasaje unos segundos antes.



Y aquí, la versión original del spot, un poco más larga, con la voz vibrante y sugerente de Robin Williams.

domingo, 25 de mayo de 2014

Levanta la vista del móvil, vive la vida

Tener cientos de amigos en Facebook no es sinónimo de ser querido, ni de ser popular. Puede equivaler a quedarse esperando un “Me gusta” que quizá nunca llegue. Estar atado a Whatsapp durante una reunión entre amigos no hace que estemos en más lugares al mismo tiempo, sino, más bien, lleva a no estar en ninguno.

Sobre estas premisas se construye el vídeo titulado significativamente “Look Up” (levanta la vista), que la escritora Pilar Urbano, seguidora de este blog, me hizo llegar hace unos días. El vídeo fue publicado en YouTube hace un mes, y en diez días superó los 27 millones de visitantes. Para ser el video inaugural del escritor británico Gary Turk, no está nada mal. Pero, ¿cuál ha sido el motivo de su éxito?

Tengo 422 amigos. Aún así, estoy solo. Hablo con todos ellos cada día, sin embargo, ninguno me conoce realmente”. Así arranca este poderoso corto: con las palabras de un joven hiper-conectado e hiper-desilusionado, que nos hacen pensar a dónde nos ha llevado la actual fascinación por la tecnología. Con rima y ritmo de rap, jugando con las comparaciones y las antítesis, con la emoción del contraste y la ironía, el espectador asiste a un lúcido discurso que le llega hasta el fondo. Todos nos sentimos interpelados en esta llamada a “levantar la vista” del teléfono móvil y entablar relaciones humanas –directas– con quienes nos rodean. El mensaje no es nuevo, pero la puesta en escena sí.

Las imágenes no son tremendistas, pero las reflexiones que suscita pueden suponer un shock intelectual y emocional. Lo que vemos son escenas cotidianas, con hombres y mujeres interactuando a través de redes sociales, pero que ya no tienen tiempo para mirarse a la cara. Ya no pueden –o, lo que es peor, ya no saben– relacionarse con los demás, tener amigos de verdad, vivir reposadamente la propia vida en vez de una vida ficticia y agitada en el mundo virtual.

Sin embargo, lo “peor” de esta situación está por llegar. De repente, vemos a unas nuevas generaciones de niños que ya no son capaces de divertirse. Ya no juegan ni corren. Sólo miran su tableta. La voz en off suena aquí especialmente triste:

Estamos rodeados de niños que, desde que nacieron, nos han visto vivir como robots, y piensan que eso es lo normal. No es muy probable que seas el mejor padre si no puedes entretener a tu hijo sin usar un IPad. Cuando era un niño jamás estaba en casa; estaba afuera con mis amigos, con nuestras bicicletas, dándole uso a mis zapatillas y pelándome las rodillas, construyendo una casa bien alto en un árbol. Ahora los parques están callados, y eso me produce escalofrío. No veo niños jugando, y los columpios están todos quietos. No hay saltos de cuerda, ni rayuela, no hay juegos ni carreras…”.

Por contraste, el relato incluye una conmovedora historia de amor nacida de una acción tan simple como preguntar a una mujer una dirección, algo que nunca habría sucedido si el protagonista se hubiera dejado guiar por su teléfono móvil. Esa relación, profundamente humana, llega a saborear el amor, el afecto de una esposa y las alegrías de una hija que al fin levantó el vuelo y se fue… Una vida normal, pero una vida plena, con pequeños sucesos que merecieron ser vividos y no sólo “compartidos”. Una historia como la de nuestros padres; esa que gusta recordar en la vejez (¿te acuerdas cómo nos conocimos?), y que se vuelve a contar a hijos y a nietos, como si fuera la primera vez...

La comunicación mediante dispositivos en lugar de conversaciones amistosas está cambiándonos la vida. Por eso el vídeo llega a decir: “Somos una generación de idiotas, de teléfonos inteligentes y gente estúpida. Así que levanta la vista del teléfono y apaga la pantalla”.

Un mensaje que, al menos de vez en cuando, conviene oír y meditar. Por eso, junto con el vídeo, os adjunto el texto para que podáis disfrutarlo de vez en cuando. ¡Feliz semana de vida auténticamente real!



Texto del vídeo:

“Tengo 422 amigos. Aún así, estoy solo. Hablo con todos ellos cada día, sin embargo, ninguno me conoce realmente.

El problema está en mirar a los ojos o mirar un nombre en una pantalla. Porque al volver a mirar a mí alrededor me doy cuenta de que este medio al que llamamos "social" no es nada, excepto cuando encendemos el ordenador y con eso cerramos nuestras puertas.

Toda esta tecnología que tenemos es solo una ilusión. La comunicación, la compañía y el sentido de inclusión... Cuando dejas este dispositivo de ilusión, te despiertas para ver un mundo de confusión. Un mundo en que somos esclavos de la tecnología que dominamos, donde la información es vendida por algún rico y codicioso bastardo.

Un mundo de interés propio, de imagen propia, de promoción propia. Donde compartimos las mejores partes, pero dejamos fuera a la emoción.

Somos felices cuando compartimos una experiencia. Pero ¿Es lo mismo si nadie está ahí? Estás ahí para tus amigos y ellos estarán ahí para ti. Pero no habrá nadie si es una reunión por mensajes.

Editamos y exageramos, imploramos atención; pero pretendemos no notar la aislación social. Ponemos las palabras en orden hasta que nuestras vidas brillen. Pero desconocemos si alguien está escuchándonos verdaderamente.

“Estar solo” no es el problema. Puedes enfatizar, leer, pintar algo o practicar un deporte. Porque estás siendo productivo y presente, sin reservas o reparos. Estás siendo despierto, atento y le das buen uso a tu tiempo. Así que cuando estás en público y empiezas a sentirte solo, pon tus manos detrás de tu cabeza y deja el teléfono a un lado. No necesitas mirar al menú o a la lista de contactos, solo hablemos entre unos y otros, aprendamos a coexistir.

No puedo soportar el silencio en un tren inter comunal lleno, donde nadie quiere hablar por el miedo de parecer loco. Nos estamos volviendo antisociales, y no podemos encontrar satisfacción en mirarnos los unos a los otros y mirar los ojos de alguien.

Estamos rodeados de niños que, desde que nacieron, nos han visto vivir como robots y pensar que eso es lo normal. No es muy probable que seas el mejor padre del mundo si no puedes entretener a tu hijo sin usar un IPad. Cuando era un niño jamás estaba en casa; estaba afuera con mis amigos, con nuestras bicicletas, dándole uso a mis zapatillas y pelándome las rodillas, construyendo una casa bien alto en un árbol. Ahora los parques están callados, eso me produce escalofrío. No veo niños jugando, y los columpios están ahí quietos. No hay salto de cuerda, ni rayuela, no hay juegos ni carreras… (...).

FINAL: Somos una generación de idiotas, de teléfonos inteligentes y gente tonta. Así que levanta la vista del teléfono y apaga la pantalla. Deja de ver este vídeo y vive la vida de forma real.

domingo, 12 de enero de 2014

Spot de Apple: Navidad, familia y buen uso del móvil

Acaba de terminar la Navidad. En estos días hemos visto anuncios preciosos. Pero el de Apple me ha fascinado. Porque, siendo una empresa tecnológica, ha sabido apostar por la vertiente más humana de la Navidad. Ha sabido despertar los sentimientos más valiosos: y nos ha hablado de alegría, de familia, de vivir para los demás… y, sobre todo, de comprender a los jóvenes.

No es algo novedoso. Los anuncios de Apple se caracterizan por eludir todo halo de “tecnología”, de “gadgets”, de “dispositivos electrónicos” y hablarnos de lo que puedes hacer con ellos: crear, comunicar, mejorar la vida de los otros; transmitir emociones, comunicar sentimientos. Y, en este caso, nos da una gran lección de cómo usar el móvil en familia: una lección que deberían aprender todos nuestros jóvenes.

Lo que vemos es una escena de lo más habitual. La familia Harris se dispone a pasar unas felices Navidades en el campo, mientras su hijo mayor vive aparentemente “enganchado” a su teléfono móvil. En varios momentos vemos al protagonista “ausente”, más atento a su dispositivo que a lo que ocurre a su alrededor. Mientras los demás juegan en la nieve o decoran el árbol, él está en un rincón, solitario y callado, toqueteando su IPhone 5 S. Todos se lo critican y hasta le echan una bola de nieve o un gorro para que “despierte”.

El spot se titula significativamente Misunderstood (Incomprendido). Porque el final se desvela cuál ha sido el verdadero propósito del chico, y descubrimos que ha estado más atento a la celebración navideña de lo que sus familiares han pensado todo el tiempo.

Ahora que han terminado las fiestas, debo haceros una confesión: me da cierta pena la gente que dice que odia la Navidad, que desea que pasen estas fiestas lo más rápido posible. A mí me encantan, me encanta ver la ilusión de un niño abriendo sus regalos, de una familia poniendo el belén, de una cena familiar en la que todos olvidan los rencores y aprenden a querer. Quizás para alguno resulten consumistas,  para la mayoría son una ocasión espléndida de amar, de renovarse por dentro y aprender a ser niños. Y eso vale por todos los que no saben vivir la Navidad en su auténtico sentido.

En todo caso, un brindis por esta campaña de Apple, humana y entrañable, que apuesta por la familia y la Navidad.

jueves, 21 de julio de 2011

Las TIC, ¿unen o desunen en la familia?

Unas mínimas pautas pueden conseguir que las nuevas tecnologías no reduzcan la relación familiar o incluso la mejoren, según un estudio de la Universidad de Cambridge que acaba de publicarse.

A pesar de que siempre se ha relacionado el impacto de las TIC (Tecnologías de las Información y Comunicación) con un deterioro de las relaciones personales, el informe muestra que, junto a pequeños problemas caseros, es posible beneficiarse de muchos efectos positivos, como participar en diversiones comunes o comunicarse con familiares alejados, siempre que se respete un marco básico de uso.

En opinión de los autores de la investigación Cultura, Comunicación y Cambio: una investigación sobre el uso e impacto de los medios y la tecnología en nuestras vidas, uno de los elementos importantes para evitar que las tecnologías interfieran en la vida familiar consiste en centralizar la mayoría de los aparatos en una sala de uso común. Tener el ordenador, los videojuegos y la televisión en un salón o cuarto de estar permite –según las encuestas realizadas en una veintena de familias de cuatro países– “vigilar el uso que hacen los más pequeños y evitar que desaparezcan en sus habitaciones”. La investigación pidió a las familias de la encuesta (16 del Reino Unido, 7 de EE.UU., 14 de Australia y 26 de China) que llevaran un registro de su uso de las TIC durante una semana.

A la vez, la fijación de unas pocas reglas de uso para todos –adultos y menores- consigue rebajar parte de la ansiedad y preocupación que acompañan a las nuevas tecnologías. Sin límites, concluye la investigación, “muchas personas se sienten superadas y fuera de control”, y la incapacidad de moderar el uso de los aparatos llega a afectar a su salud y bienestar.

Las pautas de utilización más frecuentes y con mejores resultados consisten en aparcar la tecnología durante las cenas, que es el momento de mayor coincidencia de la familia en Inglaterra, Estados Unidos, Australia y China, los cuatro países donde se realizaron las encuestas. No consultar el correo o dejar de enviar mensajes de texto durante esos ratos de convivencia familiar “suele tener un impacto positivo en todas las familias”. Además, esa limitación consigue hacer a todos más conscientes de la necesidad de un uso responsable de los móviles y vídeojuegos. Los autores de la investigación recomiendan, por ejemplo, comprobar y medir el uso diario que cada uno de los miembros hace de las TIC, con el fin de ser conscientes, y fijarse después unas metas personales y otras comunes a toda la familia.

La hora en blanco

Una de las iniciativas más sorprendentes es la que propuso el 60 por ciento de las familias encuestadas en Reino Unido: establecer un periodo de tiempo libre de tecnologías, en el que no se permite encender móviles, portátiles o videojuegos, con el fin de conseguir recuperar hábitos de relación entre los padres e hijos. El informe respalda la actuación, pues más de un tercio de las familias de esta zona consideran que las tecnologías interrumpen algunas veces sus relaciones y un 10,5% creen que esas obstrucciones son ya algo regular en su hogar. Las treguas pactadas –señala el informe– “son lo que más ha ayudado a las familias, tanto si ocurren cada noche como si se dan solo durante las vacaciones, pero todas las familias que conscientemente decidieron hacerlo experimentaron un gran beneficio”.

Junto a las limitaciones concretas, los padres también son partidarios de otro tipo de iniciativas para favorecer las relaciones. “El uso de un videojuego de la Wii, por ejemplo, en el que todos participan a la vez, nos une más; también organizar una vídeollamada a algunas personas de la familia que están lejos o simplemente ver un rato de televisión todos juntos es positivo”, aseguraron los entrevistados.

La última de las pautas que recomienda la Universidad de Cambridge es que las nuevas tecnologías no supriman las formas más personales de comunicación, como el cara a cara. En la mayoría de los países en los que se realizó la investigación más de la mitad de los entrevistados reconocía recurrir a la conversación como el medio principal para comunicarse en la familia; pero este indicador ya no superaba el 50% en el caso de las familias chinas entrevistadas. Es fundamental –concluye el informe– que las TIC permitan mantener también un nivel de relaciones personales y humanas en la familia.

Vía: Aceprensa.

viernes, 29 de abril de 2011

¿Cómo utilizan las madres las nuevas tecnologías y las redes sociales?

Facebook y el correo electrónico son las dos formas de comunicación online dominantes utilizados por las madres, según los datos de un reciente estudio de Lucid Marketing.

El informe indica que un 93% de las madres utilizan Facebook y el 91% el e-mail para comunicarse. Además, un 36% usa Twitter y un 34% blogs personales. El único medio social alternativo utilizado por más de un 20% es MySpace.

El 98% de las madres con correo electrónico, revisan su bandeja de entrada al menos una vez al día. Otros canales con altas tasas de uso son Facebook (84%) y las noticias (60%). Curiosamente, el teléfono (que muchos decimos está algo anticuado), tiene una tasa de uso diario de 60%.

La gran mayoría de las madres utilizan el correo electrónico como una herramienta educativa. Es más, el 83% dijo que aprenden cosas nuevas en él. Facebook ocupa el segundo puesto con un 76% en tanto, muy cerca con un 73%, quedaron las reuniones personales. Le siguen los blogs (66%) y la TV (65%).

Cuando se trata de compartir las cosas que han aprendido, el 84% lo muestra cara a cara, igualando con el mismo porcentaje el correo electrónico y el teléfono ocupa el tercer puesto con un 80%. Otro canal con más de un 50% de uso para mostrar el aprendizaje es Facebook con un 69%. ¿Con quiénes comparten la información? EL 94% con sus parejas, el 90% con sus mejores amigos y con su familia cercana.

En Estados Unidos, las madres son más propensas que las mujeres en general a tener un Smartphone de acuerdo con los datos publicados por BabyCenter. El 53% de ellas dijo que lo compró como resultado directo de convertirse en mamás, lo que hace que sean un 18% más propensa a adquirir uno que el resto de mujeres.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Spot de la semana: "Liberarnos" del móvil (¿Nos comunicamos o nos aislamos?)

Juan Adárvez, profesor de Secundaria y seguidor del blog, me envía este anuncio para la sección “Spot de la semana”. Es un anuncio para pensar: no hay una especial carga emotiva, ni tampoco grandes alardes de producción, pero el argumento nos engancha. En breves e intensas escenas, nos sentimos interpelados: vemos situaciones muy cotidianas -en las que a veces no reparamos- y el conjunto apela a nuestra conciencia.

Unos novios pasean a la orilla del mar; él, absorto en el móvil, acaba perdiendo a su novia, aunque las huellas en la arena nos dicen que sigue junto a él. Un amante de la música, pegado a su smartphone, se olvida de su grupo de amigos que está tocando junto a él. Y una secretaria, que se abstrae de la importante reunión a la que asiste. Y una hija que, en la parte de atrás del coche, se olvida de sus padres. Y un padre que, en la sobremesa de la comida, se olvida de la hija que está a su lado…

Situaciones cotidianas. Situaciones normales que no llaman nuestra atención, pero que pueden llegar a ser dramáticas. Afortunadamente, todos esos desajustes se solventan cuando el interesado desconecta el móvil para escuchar a los que tiene alrededor. De ahí el lema de la campaña: “Desconectar para conectar”.

Quizás el tema tenga especial eco entre los jóvenes. De hecho, me dice Juan Adárvez que este anuncio ha suscitado intensos debates en su colegio, donde ha sido proyectado y comentado, porque muchos chicos se sentían retratados en esas escenas. Pero no es sólo un anuncio para jovenes.

La dependencia del móvil está ya tipificada en las manuales de Psiquiatría, y los síntomas son muy claros: no poder vivir sin él, no poder atender a un cliente si llaman por teléfono, estar más pendiente del móvil que del entorno, sentir una grave contrariedad –incluso angustia- si el móvil se estropea o se ha quedado olvidado en casa... Por lo que dicen los expertos, afecta ya a un 2 por mil de la población: o sea, 1.200 en Málaga (que no son pocos), 14.000 en Madrid, 22.000 en Buenos Aires o más de 35.000 en México D.F., Sao Paulo o Nueva York.

Pensemos por un instante: ¿no hay alguien en nuestro entorno que padezca alguno de esos síntomas? ¿No vemos en nosotros alguno de esos indicios? Aún estamos a tiempo de cambiar: de desconectar el móvil cuando haga falta, y escuchar a quienes nos rodean.

viernes, 1 de octubre de 2010

Comprender a los jóvenes digitales (3)

Continuando el discurso de los últimos días, señalo algunas claves más para entender cómo podemos educar a nuestros hijos en el uso responsable de los nuevos medios (Internet, móvil, ordenador, redes sociales) cuando, debemos reconocerlo, nos superan ampliamente en destreza tecnológica.

3. Instale la videoconsola y el ordenador con Internet en un lugar público. Cuando los adultos tenemos la pantalla a la vista de todos, nos enganchamos menos, perdemos menos el tiempo y somos más cuidadosos con lo que visitamos. Pues mucho más les sucede a los jóvenes. Ponga el ordenador en la sala de estar o en la biblioteca, no en su cuarto. Según la investigación citada en el post anterior, “La Generación Interactiva en España”, el 28% de los niños encuestados ¡de 6 a 9 años! reconoce tener un ordenador en su propia habitación, y el 61% de ellos utiliza Internet en solitario. Al otro lado del Atlántico, según refiere “La Generación Interactiva en Iberoamérica” (investigación realizada también por el Foro Generaciones Interactivas de la Universidad de Navarra, a partir de encuestas realizadas a 25.000 escolares de Colombia, Argentina, Brasil, Chile, México y Perú), los porcentajes son sólo un poco inferiores: el 20% tiene un PC en su cuarto, y el 39’5% navega sin compañía. ¿Pensamos que nuestro hijo estuvo estudiando toda la tarde porque no salió de su habitación? Quizá abrió los libros y se propuso estudiar, pero no sería extraño que hubiera entrado en Internet para chatear, y después se animara a ver el perfil de sus amigos, o subir fotos al suyo… Y así se le fuera toda la tarde. Cuando acusemos a Internet de favorecer el aislamiento en la familia, pensemos antes de quién fue la culpa…

4. Comuníquese con sus hijos y hable también de Internet. Las nuevas tecnologías pueden ser un refugio ante la falta de comunicación. Si los padres no dedican tiempo a los hijos, ¿qué harán ellos cuando quieran hablar con alguien? ¡Utilizar las nuevas tecnologías! Por eso, acerquémonos: que vean con hechos que la relación personal es mejor que la virtual, que ésta es sólo un complemento de aquella, a la que nunca debe suplantar. Y mostremos interés por sus progresos en ese mundo. Que nos enseñe su perfil y lo que escribe en el muro. Así le podremos orientar: le haremos ver que algunas cosas (datos personales, determinadas fotografías) no deben estar abiertas a todo el mundo. Le enseñaremos a cuidar su privacidad y su seguridad, su sentido del pudor y su respeto a los demás.

Internet es como la plaza de cualquier pueblo. Si vamos allí con la familia, les enseñamos a usar los pasos de cebra y los semáforos, porque el tráfico es peligroso. Pero Internet carece de señalización alguna, y es difícil que alguna vez la tenga, porque su carácter transnacional hace casi imposible una regulación o una autoridad que controle sus contenidos. Algo ilegal en España puede ser colocado en un servidor de Indonesia o Senegal. En esa tesitura, sin señales ni barreras protectoras, el peligro de atropello es muy real y cercano.

Una cosa está clara. Las familias necesitamos ayuda, porque querríamos orientar a sus hijos y no siempre sabemos cómo hacerlo. Las tecnologías avanzan demasiado rápidamente para nosotros. Es importante que los padres nos informemos y tengamos criterios sólidos, pero es importante también que participemos todos, porque la educación es tarea de todos: de los colegios, de los gobiernos, de las asociaciones de padres y, muy especialmente, de quienes crean esas fantásticas tecnologías. Todos debemos colaborar para que nuestros hijos sepan tomar lo bueno que hay en ellas, y así sean mejores personas. Y ese reto, realmente fascinante, nos afecta verdaderamente a todos.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Comprender a los jóvenes digitales (2)

La semana pasada hablábamos del miedo que muchos adultos experimentan cuando oyen hablar de “jóvenes y nuevas tecnologías”. Planteábamos la cuestión en estos términos: ellos son “nativos digitales” y se manejan mejor que nosotros en ese mundo. Pero nosotros sabemos más de las cuestiones que allí se ventilan: la amistad, el respeto, la prudencia, la lealtad…

He aquí algunas claves para poder educarles en el uso responsable de las tecnologías, también cuando nos superan en su manejo diario.

1. Involúcrese en ellas. No huyamos de los videojuegos, las redes sociales o Internet. Adentrémonos en ese mundo de la mano de nuestros hijos: nadie nos instruirá mejor que ellos. Quizá así sepamos qué páginas visita, qué amigos acepta, qué videojuegos emplea. Y podremos aconsejarle. No le acosaremos desde fuera ni le criticaremos sin conocer su mundo, sino que volveremos a ser su padre, con la autoridad y el cariño de siempre, pero en su mundo. “Esto quizás no sea lo más conveniente, ¿no te parece?”. Y, con la complicidad de compartir ese mundo, es posible que nos haga caso.

2. Piense bien cuándo y cómo debe iniciarse su hijo en las nuevas tecnologías. Con diez años ¿necesita un teléfono móvil, un perfil en Facebook o un ordenador con Internet? Los padres tenemos que decidir sobre esto. A esa edad no es necesario disponer de móvil y ellos no distinguen la necesidad del capricho. Y, no obstante, éstos son los datos que ofrecía “La Generación Interactiva en España”, investigación realizada por la Fundación Telefónica y el Foro Generaciones Interactivas de la Universidad de Navarra, a partir de entrevistas a 13.000 escolares de todas las Autonomías: entre los 6 y los 9 años, el 73% se declara videojugador, el 40% posee móvil propio y el 55% navega sólo. Vistas las cosas con perspectiva, quizás deberíamos enseñarles a esperar, a iniciarse con más edad, y más lentamente. Quizás deberíamos establecer un horario y unas pautas de conducta. Un botiquín contiene medicinas para curar, pero si un niño accede a él sin criterio –tomo esta medicina roja tan bonita, y esta otra verde, y aquella de color azul- podría producirle daños graves, e incluso irreparables. Hay que intervenir y hay que educarles: para que sepan usar con prudencia las tecnologías y sepan decir “No” a lo que no les conviene.

Pasado mañana terminaré esta serie con algunas claves más.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Comprender a los jóvenes digitales (1)

Cuando oímos “jóvenes y nuevas tecnologías” pensamos en una mala mezcla, un cóctel incluso peligroso. Y yo me pregunto: ¿tiene que ser así?

Muchos padres, usuarios de los nuevos medios, cuando los ven en manos de sus hijos presagian lo peor: aislamiento, conducta agresiva, descenso en las calificaciones…

Sin embargo, estudios realizados en diversos países demuestran que, juntos a efectos negativos, las nuevas tecnologías mejoran algunas destrezas intelectuales. Así, muchos videojuegos fomentan la percepción visual y espacial, la destreza óculo-manual, el desarrollo lógico y la toma de decisiones; además Internet facilita el acceso a la información, abre posibilidades de aprendizaje y de comunicación, crea nuevos amigos y relaciones en todo el mundo, y fomenta un mayor sentido de la globalidad, la solidaridad y una mente más abierta.

Conocemos los peligros de estos medios para la infancia: acceso a contenidos inapropiados, falta de privacidad, acoso en redes sociales, y sobre todo esto: que alguien pueda colarse en sus vidas y se aproveche de su inocencia. Sin embargo, las nuevas tecnologías son algo con lo que hay que contar, porque está en el entorno de los jóvenes y es imposible que estén al margen; y también porque pueden enriquecerles y hacerles mejores.

Entonces, ¿cómo actuar? Antes de sugerir algunas ideas a los padres, debemos comprender dos cosas:

a) Los chicos son “nativos digitales” y nosotros “inmigrantes digitales”. Lo explicó Marc Prensky en 2001: ellos han venido a un mundo en el que esas tecnologías eran parte del paisaje, de la vida, de la forma de comunicarse. Es algo natural para ellos: por eso son quienes mejor programan el Televisor LCD y el vídeo, navegan por Internet sin esfuerzo y encuentran todo lo que desean. Nosotros nacimos sin ellas y hemos tenido que amoldarnos a ese mundo, muchas veces con dificultad e inquietud.

b) Los padres, en cambio, sabemos más de la vida: de la amistad, de la lealtad, de la responsabilidad y de todas las graves cuestiones que están en juego cuando los jóvenes usan los nuevos medios. Ellos saben más de Internet y de videojuegos, pero nosotros sabemos más de cómo usarlos: de la prudencia al manejar esos aparatos, de los peligros que pueden acarrear, del sentido común para no dejarse atrapar por ellos.

Tan perjudicial puede ser intentar alejarles de un mundo que es el suyo (y al que llegarán de todas formas) como abandonar la responsabilidad de formarles: porque ellos solos no son capaces de advertir sus peligros y necesitan un criterio para su uso. Somos sus padres, y ellos necesitan de nosotros también ahí, aunque como “inmigrantes digitales” nos superen en su manejo.

¿Qué hacer entonces? En el próximo artículo señalaré algunas ideas que pueden ser útiles en esa importante tarea que debemos asumir: la educación de nuestros jóvenes en su relación con las tecnologías y con el mundo.