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domingo, 18 de diciembre de 2016

"Hasta el último hombre": fe y altruismo en la barbarie

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) Podrá gustar o no, pero hay que reconocer que Mel Gibson es un valiente. A pesar de los palos recibidos desde que realizara esa obra maestra titulada “La Pasión de Cristo”, vuelve a la dirección con otro film comprometido. Se trata de “Hasta el último hombre”, un biopic bélico sobre la figura de Desmond Doss, un objetor de conciencia que participó como improvisado médico en la II Guerra Mundial. Fiel a sus creencias cristianas, pero sobre todo a su conciencia, Doss se alistó voluntariamente en el ejército en 1942 advirtiendo que no utilizaría ningún arma y que se dedicaría sólo a tareas sanitarias.

El aviso que sigue al título en los créditos iniciales es contundente y revelador: “Una historia real”. Porque Gibson –cabezota o fiel a sí mismo, según quien lo mire– cuenta lo sucedido a Doss sin complejos en lo argumental y con su estilo hiperrealista en lo formal. Y así, por un lado nos quiere mostrar al hombre cabal, generoso y coherente con su fe; y por otro, incomoda al espectador con unas imágenes brutales que exigen un buen “estómago” para soportarlas. De modo que “Hasta el último hombre” podría calificarse paradójicamente como una película pacifista muy bélica.

Las impactantes escenas de guerra resultan sobrecogedoras y muy poderosas visualmente, y están concebidas para que duelan y conmuevan a la vez. La fotografía de Simon Duggan y la banda sonora de Rupert Gregson-Williams completan la formidable calidad del apartado técnico. Andrew Garfield brilla en su papel de Desmond Doss, y le acompañan unos secundarios de lujo: Vince Vaughn, Teresa Palmer, Sam Worthington, Rachel Griffiths

Señor, ayúdame a salvar uno más”, rezaba una y otra vez Desmond Doss. Mientras otros destruían, él arriesgaba su vida para atender a los heridos: una misión que entendió como la voluntad de Dios para él. Sus jefes y sus compañeros, que al principio le consideraban un cobarde o un loco, acabaron reconociendo su enorme valentía y le vieron como un héroe; incluso más, como alguien dotado de un halo sobrenatural, una persona que infundía esperanza y que nunca abandonaba a los demás.

Insisto en que la película puede herir sensibilidades debido a la crudeza de las imágenes, pero quien se anime a verla tendrá también la oportunidad de disfrutar con la delicada historia de amor que vive el protagonista, y se conmoverá hasta las lágrimas con el emotivo final.

miércoles, 29 de junio de 2016

Estreno de "1944": Humanidad en la barbarie bélica

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) “En 1939 la URSS y Alemania firmaron un pacto de no agresión. Solo una semana después comenzó la Segunda Guerra Mundial. En 1940 la Unión Soviética se anexiona Estonia y 55.000 ciudadanos estonios son movilizados por el Ejército Rojo. En 1941 Alemania ocupa Estonia durante cinco años y 72.000 ciudadanos estonios son movilizados por las fuerzas armadas alemanas. En 1944 el ejército soviético se presenta en las fronteras de Estonia.” Con esta información insertada en la pantalla comienza “1944”, una película estonia que fue candidata a los Oscars 2016 por su país y que llegará a nuestras salas de cine el próximo 1 de julio.

Elmo Nüganen, uno de los protagonistas de la excelente “Mandarinas” (2013), es el director de este film bélico que quiere recordar una vez más el sinsentido de la guerra. Y lo hace presentando los puntos de vista de unos soldados estonios condenados a combatir en bandos diferentes como involuntarios enemigos. “Esta no es nuestra guerra”, dice uno de ellos, mientras el espectador no puede dejar de pensar en dos de los individuos más perversos que ha contemplado el siglo XX: Stalin y Hitler.

Esta notable cinta coral combina las escenas bélicas –muy bien ambientadas y rodadas– con las reflexiones de los combatientes, sin dejar de apuntar también las dolorosas consecuencias del conflicto para la población civil. Pero si una guerra es capaz de sacar lo peor del ser humano, también es testigo de los comportamientos heroicos de personas corrientes, que muestran una lealtad a su conciencia a “prueba de bombas” y que arriesgan generosamente su vida por salvar las de otros. Es el caso de Karl Tammik (Kaspar Velberg) y de Jüri Jogi (Kristjan Üksküla), paisanos en ejércitos opuestos; este último es además protagonista de una delicada historia de amor.

Al final, los deseos de perdón y de paz quedan expresados mediante la voz en off y los acordes de un precioso Agnus Dei, porque “ninguna es nuestra guerra”. Y es que, como escribió San Juan Pablo II: “El diálogo, basado en sólidas leyes morales, facilita la solución de los conflictos y favorece el respeto de la vida, de toda vida humana. Por ello, el recurso a las armas para dirimir las controversias representa siempre una derrota de la razón y de la humanidad.”

lunes, 18 de enero de 2016

Spot emotivo: Canto al amor verdadero

Sobre un negro absoluto, el spot arranca con una sugerente voz en off: “Tú que puedes, vive la vida por los dos…”. Se abre el plano y vemos a una mujer en la tercera edad, recostada en la cama de matrimonio. Su mano pasa por encima del lugar en el que antaño dormía su marido, como buscando el recuerdo de su ser más querido. “Ya va para once años que me lo pidió… ‘Y hazlo con la alegría y la hermosura que siempre has tenido’”. El relato sube de tono: “Porque, como me llamo Unce, desde ese Cielo en que tanto crees te estaré contemplando… [Ella mira ahora a lo alto, a través de la ventana]… Y prométeme que no estarás triste más de un minuto. Porque yo seguiré a tu lado”.

Viene entonces la referencia a la familia: “¡Y cuídate!... Porque les harás falta a los niños…”. Pero el consejo va más allá, y toca la fibra del espectador: “Y si conoces a alguien más, sigue tu camino”.  Ella no parece dispuesta a buscar otros afectos: “¡Ay, qué ocurrencias tiene este hombre! Yo, por si acaso, siempre llevo la alianza…”. Y responde con un monólogo chispeante y lleno de ternura, sobre todo cuando recuerda: “Fueron 36 años, 11 meses y 20 días maravillosos… que duraron un suspiro”.

La marca anunciada se desvela al final: es una tienda sencilla, con amplia tradición familiar. Y entendemos entonces que todo ese recuerdo de la protagonista entronca bellamente con el objeto anunciado. Y lo hace con tal naturalidad, con tal emoción, que ese recuerdo nostálgino nos conmueve y nos arrastra.

Habrá quien vea en ello una instrumentalización de los sentimientos. A mí, por el contrario, me parece un canto bellísimo al amor verdadero, ese que no muere nunca aunque muera la persona amada.

domingo, 11 de enero de 2015

"Bastille", de Isabel Coixet: El vídeo que ha salvado matrimonios

Este es un vídeo que ha salvado matrimonios. Es un cortometraje (5 minutos) que formó parte del filme “París, je t’aime”. De los 18 vídeos allí reunidos, éste de Isabel Coixet es el más emotivo. Cuenta una historia sencilla, casi todo a través de un narrador, con un arranque fuerte.

Un hombre queda citado con su esposa en un restaurante. Durante la espera, recuerda en rápidos trazos como el afecto que les unió ha ido desvaneciéndose por la rutina. Esa monotonía, contra la que no quiso luchar, era la causa de que ahora se encontrara allí, dispuesto a decirle a su mujer que había dejado de quererla: que otra mujer le estaba esperando. Pero su esposa, que aparece con un simbólico abrigo rojo (leit motiv de todo el filme), llega con el rostro compungido y rompe en sollozos, porque tiene una enfermedad terminal y le quedan semanas de vida.

Es entonces, verdaderamente, cuando empieza el relato. Una historia que nos habla de volver a amar cuando el amor parece perdido (O, mejor, cuando los sentimientos se han esfumado). Nos habla de “revalorar” al amado (volverlo a descubrir, y a amar) cuando sabemos que habremos de perderlo.

Éste es el pasaje más importante: “Dispensó entonces a su mujer todas las atenciones que ella le había reclamado: colgar los cuadros que esperaban por toda la casa, ir de rebajas con ella pese a detestar las compras… Y, todo, incluso las cosas más insignificantes, tenían otro sabor desde que sabía que era la última vez que podía hacerlas por ella”. 

Entonces la narración alcanza su sentido más profundo: De tanto comportarse como un enamorado, volvió a enamorarse...”.

No os digo más. Tan sólo que lo veáis con vuestro cónyuge, y que lo recomendéis a vuestros amigos. Sinceramente: merece la pena verlo.

domingo, 6 de octubre de 2013

"Bastille", de Isabel Coixet: El vídeo que ha salvado matrimonios

Este es un vídeo que ha salvado matrimonios. Un vídeo breve –5 minutos-, mezcla de emoción sincera y pinceladas tragicómicas, que formó parte de aquel precioso filme  “París, je t’aime”. De los 18 cortos allí reunidos, éste de Isabel Coixet es quizás el más valioso. Cuenta una historia sencilla, casi todo a través de un narrador, cuyo arranque podríamos resumir así:

Un hombre queda citado con su esposa en un restaurante. Durante la espera, recuerda en rápidos trazos como el afecto que les unió ha ido desvaneciéndose por la rutina. Esa monotonía, contra la que no quiso luchar, era la causa de que ahora se encontrara allí, dispuesto a decirle a su mujer que había dejado de quererla: que otra mujer le estaba esperando. Que tenía una amante. Que todo había terminado. Pero su esposa, que aparece con un simbólico abrigo rojo (leit motiv de todo el filme), llega con el rostro compungido y antes de que su marido pueda comenzar a hablar, rompe en sollozos porque tiene una enfermedad terminal y le quedan pocas semanas de vida.

Es entonces, verdaderamente, cuando empieza el relato. Una historia que nos habla de volver a amar cuando el amor parece perdido (O, mejor, cuando los sentimientos se han esfumado). Nos habla de “revalorar” al amado (volverlo a descubrir, y a amar) cuando sabemos que habremos de perderlo. Una vez leí que  “el secreto para dar relieve a lo más humilde, y aun a lo más humillante, es amar” (S. Josemaría). Esa es la clave: amar da sentido a nuestra vida, y da sentido a los sacrificios más costosos, a todo lo que podría ser monótono. Porque las repeticiones, que antes quizás agostaban la ilusión, ahora están llenas de significado.

Éste es el pasaje más importante: “Dispensó entonces a su mujer todas las atenciones que ella le había reclamado: colgar los cuadros que esperaban por toda la casa, ir de rebajas con ella pese a detestar las compras… Y, todo, incluso las cosas más insignificantes, tenían otro sabor desde que sabía que era la última vez que podía hacerlas por ella”. Entonces la narración alcanza su sentido más profundo: De tanto comportarse como un enamorado, volvió a enamorarse”.

No os digo más. Tan sólo que lo veáis con vuestro cónyuge, y que lo recomendéis a vuestros amigos. Sinceramente: merece la pena verlo.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Spot de la semana: "El arte de festejar un aniversario"

Festejar un aniversario es un arte difícil. Requiere esmero y delicadeza. Supone afirmar el valor del tiempo vivido: recordar los momentos compartidos, tal vez menudos y cotidianos, pero que han dado sentido a nuestra vida. Por eso el aniversario se celebra allí donde hay una relación profunda: en la familia, en el matrimonio, en el amor.

El aniversario se apoya en dos columnas maestras. Una de ellas es la nostalgia, ese sentimiento agridulce que nos lleva a revivir acontecimientos pasados: aquel viaje, aquella charla… Aquel día en que te vi, o en que nos conocimos, o en que nos prometimos o compartimos algo…

La otra columna es la fidelidad. En cada nuevo aniversario, mi compromiso con aquel proyecto, con aquel trabajo, con aquella persona… se hace más firme y profundo, más vivo y alegre, más lleno de sentido.

Todo esto me venía a la cabeza al seleccionar esta semana el anuncio con el que una marca festejó en 2011 su 30 aniversario en España. En marzo de 1981, McDolnald’s abrió su primer restaurante en nuestro país. Muchos de sus clientes habituales no habían nacido en esa fecha, pero todos se han sentido interpelados por este breve relato, que hace un simpático guiño a “Regreso al futuro”.

Un joven con ropa de los 80 pasa junto a una cabina y oye sonar el teléfono. Descuelga el auricular y recibe una llamada de sí mismo… ¡treinta años después! Es una voz que le tranquiliza: “Hola, Carlos. No te agobies por los exámenes, te va a ir bien; y trabajarás en lo que te gusta”. “¿Abogado?”, pregunta con desgana (se ve que la decisión no es suya). “No, no hagas caso a papá. Tendrás tu propia empresa en Internet” “¿¿En qué??”…

La nostalgia ha invadido ya el anuncio, y  el paso del tiempo se hace evidente: las cabinas han caído en desuso por los móviles, Internet ni siquiera existía hace 30 años. Ahora, el salto temporal crea un momento divertido: “¡Ah! Y España va a ganar el Mundial”. “¿El del 82?”, pregunta ilusionado el chico.

En la última parte del spot, Mcdonald’s nos recuerda que su marca está implicada con el valor de la familia. El adulto de 2011 le dice al chico que entre en ese nuevo restaurante que se acaba de abrir. Allí le espera Julia: “Cuídamela”.

Este anuncio nostálgico, lleno de sensibilidad, nos habla de la “permanencia” de la marca y de sus valores. Cuando pasen los años y la nostalgia se haya unido a la fidelidad, Carlos y Julia recordarán ese encuentro, que se habrá cargado de sentido. Y querrán festejar su aniversario...