La publicidad que promueven las ONGs y las instituciones caritativas se han subido también al carro de las nuevas formas publicitarias. Un ejemplo reciente es la serie "#Encrucijada", una acción de branded content llevada a cabo por Cruz Roja con el objetivo de reconocer y fomentar el voluntariado.
Esta mini-serie de 4 capítulos breves (4-6 minutos) está protagonizada por actores de renombre, como Jaime Blanch, Ruth Díaz, Lucía Caraballo y Emilio Buale, estrenada primero en la web de Cruz Roja, después en Movistar+ y ahora disponible en Youtube.
Cuatro historias reales, realmente emotivas, sirven de inspiración para esta serie producida por The Mediapro Studio, con guion de Pablo Lara y dirección de Borja Crespo. Como han explicado Belén Viloria y Moisés Benítez, directora de Comunicación y director de Voluntariado en Cruz Roja, respectivamente, es “presentar quiénes son y cómo son los voluntarios”. “Queríamos mostrar la verdadera cara del voluntario, lo que realmente hacen y sienten”. Y, desde luego, la serie ofrece una imagen muy fresca de los voluntarios.
En el primer episodio, “Peones”, vemos cómo la covid-19 ha golpeado la sensibilidad de muchas personas; y algunas, como Raquel, que acaba de superar la enfermedad, son amargamente pesimistas. Su encuentro con un argelino superviviente del barco de rescate El Aquarius, que llegó a España sin nada y ahora es voluntario de la Cruz Roja, llenará su vida de esperanza. Con él descubrirá que “todos somos piezas clave”.
En el segundo episodio, “No tengas miedo”, Emilio sufre la pesadilla del bullying y no sabe qué hacer. Pero un día aparece Carlos, voluntario de Cruz Roja en la Promoción del éxito escolar, que le cuenta su relato personal: él también sufrió una situación parecida; por eso puede decirle con autoridad que no debe tener miedo. Su cercanía acabará por darle la fortaleza interior que necesitaba.
Los otros dos capítulos tienen que ver con otros campos del voluntariado de Cruz Roja, sobre todo con personas mayores o solitarias. Son los capítulos que más gustan y emocionan. Por eso te los pongo aquí . Si te gusta el tercero, “Beep”, mira también el 4º porque es aún mejor: “Aquellos ojos verdes”.
Que disfrutes de esta publicidad original, novedosa y con valores, que pone en primer término el compromiso de la entidad con la tarea que llevan a cabo sus voluntarios. ¡Enhorabuena!
El confinamiento por la pandemia en marzo pasado (¡hace ya casi un año!) produjo en todo el mundo una inmediata y drástica reducción del consumo. Las tiendas y las grandes superficies no podían abrir, y la población no podía comprar –salvo lo indispensable- ni gastar en ocio o entretenimiento.
Ante esta situación, la respuesta de las marcas fue muy dispar. Muchas, anunciaron que pausaban su publicidad. Pero algunas, las más responsables, afrontaron la doble situación de crisis sanitaria e hibernación del consumo, y decidieron asumir su papel como agentes de cambio social. Es decir, volcaron su amplia capacidad de persuadir para remar en la dirección que marcaban las autoridades sanitarias.
Había que repetir –una y otra vez– que nos quedáramos en casa. Y, a la vez, había que subir la moral de la audiencia y hacerles sentir un poquito de felicidad. Pero, ¿cómo hablar de felicidad en un momento de crisis, con la población encerrada y con el número de muertos creciendo de día en día?
Una de las campañas que mejor lo hizo fue la de Bankinter: “El banco que ve el dinero como tú”. La entidad supo apelar a la preocupación de la gente por la pérdida de trabajo y la incertidumbre económica: “Queremos decirte con hechos que esto pasará y que estaremos contigo y con los que crean empleo”.
Estamos acostumbrados a que las marcas nos indiquen un camino desde la otra orilla, que nos hablen proponiendo soluciones desde una situación de estar a salvo. Pero, en este spot, Bankinter cuenta una preciosa historia desde el mismo lado del televisor: viendo las cosas como las vemos nosotros. Eso ayudó a conectar de manera más poderosa con el mensaje, y estableció una gran cercanía. Nos hablaba alguien que caminaba a nuestros lado y nos acompañaba, que vivía y sentía lo mismo que nosotros, y que lo sufría de la misma manera. El tono nos acogía, nos abrazaba.
Estrenado el 8 de abril, suscitó una oleada de entusiasmo y el apoyo unánime del público. Gustó su originalidad, su emotividad y su acierto para “ver el dinero de otra forma”. En las redes pudimos leer comentarios como estos: “Hacía tiempo que no veía un anuncio tan bonito”, “Habéis creado un icono, este anuncio creo que ya es eterno”, “La canción me hace llorar”.
Un anuncio bello y técnicamente impecable. Pero, sobre todo, un mensaje lleno de esperanza y emotividad, que supo promover los valores auténticamente humanos de la economía y del dinero. ¡Un diez por esta campaña!
A la vuelta de las Navidades, Fundación Mapfre ha lanzado una campaña televisiva para promover los valores solidarios que los españoles hemos demostrado durante la pandemia. Esta campaña ha sido diseñada por la agencia Tangoº con la producción de PRIMO y bajo la realización de Dani Fortuny.
La campaña empieza con un encuentro casual en un tren. Una niña mira con curiosidad la maleta de su compañero de compartimento, un hombre maduro que parece guardar un misterioso secreto. Aprovechando que su madre atiende una llamada en el móvil, se atreve a preguntarle por la maleta, y el hombre abre su contenido y le muestra su valioso tesoro... que no es otro que el tesoro de la solidaridad.
El objetivo de la campaña es despertar la preocupación por los que nos rodean, y hacernos ver el poder de las personas cuando se unen para superar juntas las dificultades, como hicimos el pasado año frente a la pandemia, y lo estamos haciendo ahora ante las nuevas restricciones.
Con el lema “Construyendo un futuro más humano” se subraya la importancia de los valores humanos para superar crisis y garantizar un futuro innovador y sostenible.
Personas ayudando a personas y trabajando juntas. Ese es el espíritu que anima a Fundación Mapfre, que lleva 45 años persiguiendo su objetivo solidario en más de 30 países. Ese es también el espíritu que resume el anuncio.
¡Bienvenida sea la publicidad con valores en este nuevo año 2021!
La Navidad llega este año rodeada de incertidumbre. No sabemos si podremos reunirnos todos, si podremos celebrarlo con los abuelos, si podremos –siquiera– trasla-darnos para el tan ansiado encuentro. Pero la pandemia que tanto nos inquieta ha sacado de nosotros, nuestra mejor cara, y ha hecho que descubramos el valor auténtico de la solidaridad. Médicos y enfermeras que se dejaban la piel por salvarnos a todos, vecinos que antes apenas se conocían y ahora cantan de balcón a balcón, y se hacen amigos para siempre; jóvenes que se vuelven más responsables y cuidan de sus abuelos y de los más vulnerables…
En este “redescubrimiento” de lo que es importante en la vida, las campañas adelantadas para la Navidad están teniendo un papel importante. Entre ellas cabe destacar la de Amazon, titulada “The show must go on”, que refleja ese apoyo vecinal –del barrio, de los amigos, de las familias– que nos ha hecho fuertes durante la pandemia y ha evitado que nos vengamos abajo.
El spot cuenta la historia de una joven bailarina de ballet que ha sido elegida para el papel protagonista de la función de su escuela. Pero, cuando está preparando la obra, la pandemia llega y la tan ansiada función se queda en suspenso. No obstante, ella asume el desafío y continúa ensayando en el vecindario, con la esperanza de que las cosas vuelvan a la normalidad. Finalmente, la actuación se cancela y en un momento dramático, le vemos llorar desesperanzada.
Pero, como dice el título del spot (y la canción interpretada por Melina Matrsouka, del grupo Queen), el show debe continuar. Por eso, su hermana, sus familiares y todos sus vecinos se reúnen en secreto para conseguir que la bailarina pueda actuar frente a una audiencia y pueda mostrar lo que lleva semanas practicando. Esa función especial, a la que asisten todos sus amigos desde los balcones -una imagen que ha sido recurrente durante el confinamiento- es una auténtica metáfora de la solidaridad y el cariño que nos ha hecho crecer y madurar en estos meses pasados.
El anuncio, creado por Lucky Generals, está protagonizado por la bailarina francesa Taïs Vinolo, que revive en esas imágenes su historia de superación: de niña y adolescente tuvo que vencer muchos obstáculos para convertirse en bailarina de ballet precisamente por el color de su piel.
La Navidad está en el fondo y en el espíritu de este anuncio. Como relata Simon Morris, vicepresidente de creatividad global de Amazon, «nuestra campaña navideña está inspirada y rinde homenaje al espíritu humano inmejorable y al poder de la comunidad que hemos presenciado tan a menudo este año».
Como todos los años, la Navidad nos ofrece lo mejor de la publicidad: los mejores anuncios, los más emotivos. Se diría que en estas fechas todas las empresas pugnan por encontrar la creatividad más selecta y lograr un mensaje que cale en la gente y toque la fibra más sensible. Hemos publicado ya algunos anuncios preciosos que han aparecido en estos días, pero el que he seleccionado hoy me parece especialmente hermoso y sensible. Lo más sorprendente es que viene… ¡de una empresa de servicios financieros!
La campaña de Erste Group Bank está conquistando los corazones de todo el mundo porque alude a dos de los temas más preocupantes en el ámbito de la infancia: la aceptación de los diferentes y el acoso escolar. En realidad, una misma situación vivida no pocas veces por los menores extranjeros. De ahí que nos lo cuente desde la imaginación de un niño.
El anuncio animado tiene como protagonista a un pequeño erizo que llega a un nuevo colegio. Desde el principio, se da cuenta de que es “diferente” al resto: sus púas no son bien recibidas por sus compañeros, y nadie quiere compartir con él juegos ni asiento. Su forma de ser, que en absoluto pretende ser áspera ni hiriente, es percibida así por los demás. Y aquí entra en juego el segundo tema: el bullying, que se cierne sobre él de forma clara, aislándole de todos y acentuando la diferencia con los demás: una velada alusión a la discriminación étnica.
Sin embargo, ésta no es la última palabra. El espíritu de la Navidad se hace presente en esos mismos compañeros que antes le arrinconaban. Y ese amor lleno de comprensión es capaz de encontrar la solución al problema: de forma ingeniosa, encuentran el modo de suavizar su aspecto áspero y de hacer posible la convivencia.
#BelieveInChristmas: eso es lo que nos propone la campaña. Una propuesta que tiene como correlato la pregunta que nos lanza en su cabal de You Tube: “¿Qué sería de la Navidad sin amor?”. Realmente, un mensaje inspirador en estos días que reclaman nuestro afecto.
Ojalá todo el año tuviéramos una publicidad como ésta. Una publicidad con valores.
Ya está aquí el nuevo anuncio de Loterías de Navidad. Desde que tomara el relevo de turrones El Almendro, que antaño marcaba el inicio de la época navideña, la campaña de Lotería Nacional nos da cada año el pistoletazo de salida para esta publicidad que quiere tocar nuestro corazón: pronto empezaremos a ver anuncios emotivos y cargados de valores que nos animan a sacar lo mejor que hay en nosotros.
El protagonista, un cerrajero solitario y egoísta que está siempre de mal humor (una clara evocación del avaro Scroge, de Cuento de Navidad), amanece cada mañana en el bucle del 22 de diciembre, el día del sorteo. La víspera ha comprado un décimo por la insistencia de una tendera, pero no tiene esperanzas de ganar, y mucho menos de compartir su premio. Así que, cuando le toca el gordo el día 22, decide disfrutarlo él solo y olvidarse de los demás. Al día siguiente despierta… ¡de nuevo el día 22! Y al comprobar que sucede todo lo que ha vivido el día anterior, corre a comprar los décimos que haya en el mercado para aumentar sus ganancias. Así un día y otro, hasta que se harta de que le toque el premio, porque vuelva cada día a despertar en su soledad. Pero un día, poco antes del sorteo, vuelve a ver a una vecina que no tiene un duro, y cuyo padre está gravemente enfermo. De repente, su corazón se enternece, y se decide a compartir con ella el décimo que sabe que será premiado.
Instantes después sale el Gordo en la televisión y a la joven casi le da un patatús. "¡Le ha tocado!", exclama incrédula. "Nos ha tocado a los dos", le corrige Juan, que después de 14 años atrapado en el 22 de diciembre logra –por fin- salir de su bucle y de su egoísmo, y puede volver a disfrutar de la vida gracias a la alegría de compartir.
Este nuevo spot ha sido ideado por Javier Ruiz Caldera, director de películas como Superlópez o 3 bodas de más, y su guión –deliciosa mezcla comedia y sentimiento– nos permite descubrir una vez más que “El mayor premio es compartirlo”. Un gran lema que debería inspirarnos a todos.
(JUAN JESÚS DE CÓZAR) Que la animación europea se está poniendo las pilas es una realidad. Aun sin poder competir con las grandes productoras norteamericanas y sus mega-presupuestos, el salto de calidad que está experimentando este género en países como España, Francia, Gran Bretaña o Rusia así lo certifican. Precisamente desde Rusia nos llega “Salvando al Reino de Oz”, película que se estrenará en las salas españolas el próximo 19 de enero.
Precedida de un gran éxito en su país, la cinta se basa en un relato de Alexander Volkov, matemático y novelista ruso, que recupera a los personajes que L. Frank Baum hizo famosos en su cuento “El maravilloso mago de Oz”. Volkov había realizado en 1939 una traducción libre del libro de Baum, con algunos cambios y añadidos para salvar los derechos de autor. Años más tarde reinició su afición literaria a través de una serie de secuelas de su propia obra; la primera de ellas, publicada en 1963, se titula “Urfin y sus soldados de madera” y es la base del filme que reseñamos.
“Salvando al Reino de Oz” nos presenta al astuto y malvado Urfin, que pretende coronarse como rey del fantástico Reino de Oz, apoderarse de Ciudad Esmeralda con sus soldados de madera y cambiarle el nombre a Urfinville. Para impedirlo se pondrá en acción Dorothy, la pequeña y dulce niña con zapatos mágicos, que contará con la ayuda de sus amigos: el perro Toto, el Hombre de Hojalata, el Espantapájaros y el León Cobarde. Pero para poder derrotar a Urfin deben descubrir antes quién es realmente.
Entre aventuras y golpes de humor, la película es un canto a la amistad, a la solidaridad y al esfuerzo, para que la bondad pueda finalmente reinar en esa maravillosa tierra de Oz, que siempre ocupará un lugar de privilegio en nuestro imaginario cultural.
En fechas navideñas, es frecuente ver campañas de dibujos animados que destilan ternura en relatos conmovedores. Hace dos años, por ejemplo, Lotería de Navidad nos contó una historia preciosa: la de Justino, un guardia de seguridad de una fábrica de maniquíes que un día ve recompensada su generosidad durante años por parte de aquellos a los que ha servido de forma callada.
La animación permite engrandecer los pequeños objetos y hacer adorables las pequeñas criaturas. Quizás por eso este año ha sido un recurso bastante popular: hemos visto spots protagonizados por un pan de jengibre, por osos de peluche y hasta por decoraciones del árbol de Navidad.
Sin embargo, ésta que ahora presento es la idea más inusual de todas: una cadena de supermercados de Suiza, Migros, imagina a un pequeño y simpático gnomo viviendo en el interior del escáner de la caja del supermercado. Resulta que esta pequeña criatura es responsable de hacer esos "pitidos" que los clientes escuchan mientras hacen sus compras.
El anuncio, animado por Passion Pictures para la agencia Wirz BBDO, nos muestra al gnomo escapando una noche de su caja y descubriendo la belleza de la Navidad. La pena se apodera de él cuando ve que no puede salir del supermercado y presiente que estará solo en esos días alegría y felicidad. Sin embargo, la repentina ayuda de una cajera le permitirá pasar una noche verdaderamente feliz… Y es que, como nos recuerda el eslogan final, “nadie debería estar solo en Navidad”.
(JUAN JESÚS DE CÓZAR) Dice Isabel Coixet que en la protagonista de “La librería”, su último film, hay mucho de ella misma. En primer lugar como mujer: esa mezcla de ingenuidad y de coraje, de bondad y de pasión, de idealismo y de aceptación pacífica de la realidad, parece definirla de alguna manera.
Y en segundo lugar como amante de la buena literatura: cuando en 2007 leyó la novela homónima que la británica Penelope Fitzgerald publicó en 1978, decidió que algún día la adaptaría a la pantalla grande. Una década después, el pasado 10 de noviembre, Coixet estrenó su película en España.
Fitzgerald utiliza a lo largo de todo el relato una fina ironía típicamente british que no siempre es fácil trasladar a la pantalla. De ahí que Coixet, autora también del guión, se haya permitido algunas licencias que compensen esta dificultad y beneficien al espectador. El resultado es una cinta con encanto, apacible, culta, de sabor agridulce pero con final esperanzador.
“La librería” está ambientada en 1959 y se centra en el personaje de Florence Green (Emily Mortimer), una joven viuda de guerra sin hijos que se instala en Hardborough, un pequeño pueblo de la costa británica. Florence tiene un sueño: abrir una librería en un histórico edificio local lleno de humedad y casi ruinoso. Es un sueño inspirado por su afición a la lectura y, sobre todo, por el permanente recuerdo de su marido al que amó tiernamente y con quien trabajó en una librería. Pero Florence no lo tendrá fácil, porque su proyecto chocará con los intereses de Violet Gamart (Patricia Clarkson), la aristócrata del pueblo, que intentará boicotear el plan de Florence. En el lado bueno contará con el apoyo del misterioso Mr. Brundish (Bill Nighy) y de la pequeña y espabilada Christine (Honor Kneafsey).
La interpretación de Emily Mortimer es de lo mejor de la película y a través de ella contemplamos a una Florence delicada y sensible, pero no débil; generosa frente a la mezquindad que le rodea, pero nunca resentida; decidida pero no impositiva; firme y a la vez serena. Jean-Claude Larrieu es el responsable de la espléndida fotografía, reconfortante en los cálidos interiores y naturalista en la representación de una climatología a veces desapacible, como un reflejo del trato que recibe Florence en Hardborough.
Cualquier proceso creativo tropezará con obstáculos, parece querer recordarnos Coixet, pero el noble esfuerzo por superarlos desarrolla nuestra propia humanidad; y al mirar hacia atrás quizá descubramos que no estamos solos, que hay otros que nos siguen...
Tomando pie del inicio del Ramadán, que siguen millones de musulmanes en todo el mundo, y aún con los ecos del brutal atentado terrorista en Manchester, la empresa de telecomunicaciones árabe Zain Telecom ha difundido un anuncio antiyihadista que en apenas una semana se ha convertido en viral. En Youtube acumula 5'2 millones de visualizaciones y ha sido compartida infinidad de veces en Facebook.
Publicado el 26 de mayo, el vídeo pretende promover la tolerancia y rechazar la violencia terrorista en un momento, el Ramadan, que llama a los fieles a la piedad y al recogimiento.
El espot, protagonizado por ciudadanos de países árabes, muestra a un terrorista suicida preparándose para un atentado. Al kamikaze le sigue una multitud que proclama "venera a Dios con amor y no con terror". "Habéis llenado los cementerios con nuestros niños y vaciado las clases de nuestras escuelas", dice un niño en un claro mensaje a los yihadistas. "Sé amable en tu fe", "enfréntate a tu enemigo con paz, no con guerra", son otros mensajes. Y el más importante es éste: "bombardeemos la violencia con el perdón, el odio con el amor".
Zain, uno de los gigantes de las telecomunicaciones, tiene presencia no solo en Kuwait, sino también en Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Irak, Jordania, Líbano, Sudán y Marruecos. Sin duda, esta campaña pacifista va a darle más notoriedad y prestigio que las campañas centradas en sus productos.
Un brindis para que siga creciendo la publicidad con valores.
Para los Juegos Olímpicos de Río, la empresa Canadian Tire Corporation–dedicada a la venta de productos deportivos y para el hogar–diseñó un anuncio (“Wheels”) que emocionó a medio mundo. Hace ahora seis días, la compañía canadiense volvió a lanzar el anuncio, que en esta “segunda vida” está obteniendo resultados aún mejores que en la primera. De hecho, se ha convertido en una pieza viral (con un relato muy emotivo, y un storytelling en línea con sus valores) que acumula ya 44 millones de reproducciones en Facebook y cerca de 145.000 en Youtube.
Cuando fue creado por la agencia Cleansheet Communications, la intención del spot (promovido en unión con la plataforma “We all play for Canada”) era situar a Canadá en el podio… ¡de los países éticos!, destacando los valores de compañerismo e inclusión social que deben prevalecer en la práctica del deporte. Y, en efecto, está siendo utilizado en muchos colegios e institutos de ese país como ejemplo inspirador para los jóvenes deportistas.
En la primera escena, nos muestra a un grupo de chicos jugando al baloncesto en un patio vecinal. De repente, un fallido lanzamiento a canasta hace que el balón se escape más allá de la pista improvisada, entre muros de casas y puertas de garajes, hasta detenerse frente a la casa de un niño en silla de ruedas. El joven que se acerca a por la pelota, y el niño minusválido le saluda con un caluroso "hola" y una sonrisa amigable.
Al día siguiente, el niño discapacitado descubre en el porche de su casa una pelota de baloncesto, y decide devolvérsela a los chicos que jugaban con ella. Al llegar al lugar donde juegan los demás niños, el joven de la silla ve cómo sus vecinos han puesto ruedas ('wheels', en inglés) a triciclos, cajas u otros objetos, para jugar en sus mismas condiciones... El anuncio termina con un mensaje esperanzador: “Cuando aflora lo mejor de nosotros, nuestra nación se vuelve más grande”.
Ojalá que esta publicidad con valores vuelva a ocupar un puesto de honor en la actual programación televisiva. Brindo por ello con este post. Que lo disfrutéis.
(JUAN JESÚS DE CÓZAR) A Paco Arango habría que hacerle un monumento. “He tenido mucha suerte en la vida –afirma–y hace unos años tomé la determinación de donar tiempo a los demás”. Estos “demás” son sus queridos niños y niñas enfermos de cáncer, a los que ayuda través de la Fundación Aladina de la que es presidente. De modo que este director y productor español de origen mexicano decidió que su cine siempre sería solidario. Ya lo demostró con “Maktub” (2011) –su magnífico primer largometraje–, cuya recaudación se dedicó a construir un centro de trasplantes de médula ósea en el Hospital Infantil Niño Jesús de Madrid: en poco más de dos años, ya se han realizado allí 171 trasplantes.
Pues bien, el próximo 17 de febrero estrena en toda España su segunda producción, titulada “Lo que de verdad importa”. La cinta cuenta la historia de Alec, un ingeniero mecánico inglés que arregla aparatos eléctrico y un “cabra loca” en palabras de su tío Raymond. Cuando el pequeño negocio de Alec está al borde la quiebra, su tío le propone un trato: pagará todas sus deudas si se traslada un año a Lunenburg, un pueblecito de Nueva Escocia (Canadá) del que procede su familia. Allí conocerá a la guapa Cecilia y a los demás habitantes de la localidad, y tendrá que plantearse “lo que de verdad importa”.
El guión, también de Arango, armoniza comedia, drama y realismo mágico, a través de unas divertidas y emotivas escenas, con un claro sentido de la trascendencia pero sin “sermonear” al espectador. Todo en el filme destila calidad: el cuidado diseño de producción, donde objetos y animales –escaleras, lámparas, cuadros, libélulas, cuervos…– están cargados de significado; la preciosa fotografía de Javier Aguirresarobe, ganador de 6 premios Goya; la vibrante banda sonora de Nathan Wang; y unos actores convincentes: Oliver Jackson-Cohen, Camilla Luddington, Kaitlyn Bernard, Jorge García y el veterano Jonathan Pryce.
La recaudación ayudará a sufragar los gastos de estancia de más de 120 niños con cáncer de toda España en Barreststown (Irlanda), uno de los campamentos terapéuticos de la Serious Fun Children’s Network, institución fundada por Paul Newman. A la causa se ha sumado la Fundación Lo que de verdad importa, comprometida desde hace 10 años en la transmisión de valores a los jóvenes españoles, y que ha tenido mucho que ver en el título final del filme.
Vale la pena convertirse en “embajadores” de una película que gustará a todo tipo de público, 100 % positiva y desinteresada: detrás de cada entrada que se compre hay un rostro humano.
Las cross promotions (o promociones cruzadas) entre una marca y un filme en su lanzamiento, son muy habituales en los Estados Unidos. Para el estreno de "Rogue One: A Star Wars Tale" se han creado algunas muy buenas, el anuncio de Duracell en que un grupo de rebeldes galácticos “rescata” a una niña enferma, recluida en un hospital –como si fuera la Princesa Leia– y la libera justo el día de Navidad.
La promoción cruzada que he seleccionado para este blog es una conmovedora campaña de la compañía filipina de telecomunicaciones Globe. Creada por Publicis JimenezBasic, narra la historia de dos hermanos, uno mayor y responsable, y la otra pequeña y aparentemente alocada, que se niega a ir a ninguna parte sin usar su casco imperial, tipo Darth Vader.
La acción se desarrolla a lo largo de un día, en el que vemos cómo la niña lleva puesta su máscara blanca en su trayecto al cole, en el desayuno, montando su bicicleta… ¡hasta cepillándose los dientes! Todos la miran con displicencia, pero su hermano mayor está siempre a su lado, y mantiene ante los demás una sorprendente actitud de lealtad y apoyo.
Al día siguiente se plantan de nuevo en la escuela. Pero esta vez, cuando entra en el aula, todos llevan una máscara blanca de Darth Vader. Al ver su solidaridad, ella se quita la máscara... y el final nos sorprende, a la vez que nos arranca una lágrima.
El spot, dirigido por Joel Limchoc de Film Pabrika, anima a los consumidores a #CreateCourage y a publicar fotos de ellos mismos con ese hashtag y luciendo un casco blanco tipo Vader. También pide su colaboración con el Hospital General de Filipinas para llenar de ilusión y coraje a los pacientes infantiles que allí se tratan.
Una campaña con valores que promociona un filme a la vez que nos hace pensar y nos conmueve.
(JUAN JESÚS DE CÓZAR) Podrá gustar o no, pero hay que reconocer que Mel Gibson es un valiente. A pesar de los palos recibidos desde que realizara esa obra maestra titulada “La Pasión de Cristo”, vuelve a la dirección con otro film comprometido. Se trata de “Hasta el último hombre”, un biopic bélico sobre la figura de Desmond Doss, un objetor de conciencia que participó como improvisado médico en la II Guerra Mundial. Fiel a sus creencias cristianas, pero sobre todo a su conciencia, Doss se alistó voluntariamente en el ejército en 1942 advirtiendo que no utilizaría ningún arma y que se dedicaría sólo a tareas sanitarias.
El aviso que sigue al título en los créditos iniciales es contundente y revelador: “Una historia real”. Porque Gibson –cabezota o fiel a sí mismo, según quien lo mire– cuenta lo sucedido a Doss sin complejos en lo argumental y con su estilo hiperrealista en lo formal. Y así, por un lado nos quiere mostrar al hombre cabal, generoso y coherente con su fe; y por otro, incomoda al espectador con unas imágenes brutales que exigen un buen “estómago” para soportarlas. De modo que “Hasta el último hombre” podría calificarse paradójicamente como una película pacifista muy bélica.
Las impactantes escenas de guerra resultan sobrecogedoras y muy poderosas visualmente, y están concebidas para que duelan y conmuevan a la vez. La fotografía de Simon Duggan y la banda sonora de Rupert Gregson-Williams completan la formidable calidad del apartado técnico. Andrew Garfield brilla en su papel de Desmond Doss, y le acompañan unos secundarios de lujo: Vince Vaughn, Teresa Palmer, Sam Worthington, Rachel Griffiths…
“Señor, ayúdame a salvar uno más”, rezaba una y otra vez Desmond Doss. Mientras otros destruían, él arriesgaba su vida para atender a los heridos: una misión que entendió como la voluntad de Dios para él. Sus jefes y sus compañeros, que al principio le consideraban un cobarde o un loco, acabaron reconociendo su enorme valentía y le vieron como un héroe; incluso más, como alguien dotado de un halo sobrenatural, una persona que infundía esperanza y que nunca abandonaba a los demás.
Insisto en que la película puede herir sensibilidades debido a la crudeza de las imágenes, pero quien se anime a verla tendrá también la oportunidad de disfrutar con la delicada historia de amor que vive el protagonista, y se conmoverá hasta las lágrimas con el emotivo final.
Hace diez o quince años, la Navidad llegaba a nuestros hogares con campañas emotivas de turrones El Almendro, que narraban la vuelta a casa por esas fechas y el feliz reencuentro en el hogar. Desde hace tres años, sin embargo, Lotería de Navidad parece haber cogido el relevo, y este tiempo mágico y entrañable parece llegar con el lanzamiento de su nueva campaña.
En el anuncio de de 2014, se nos encogió el corazón con las lágrimas de Manuel, cuando descubre que el dueño del bar donde siempre toma café le ha guardado un décimo premiado. En 2015, aunque en versión animada, fue Justino, el guardia de seguridad de una fábrica de maniquíes, quien nos conmovió con su historia al ver recompensada su simpatía y generosidad por todos aquellos a los que sirvió de forma callada durante años.
Este año la historia tiene aún más fuerza, y parte de su encanto procede del lugar donde se ha rodado: Villaviciosa,un pueblo asturiano encantador y lleno de gente amistosa que parece haber sido hecho para este bello relato. La protagonista es Carmina, una maestra jubilada que, el 21 de diciembre, mientras la televisión emite imágenes del Sorteo del año anterior, cree que le ha tocado el Gordo. Rápidamente sale a la calle a celebrarlo. Su hijo intenta detenerla, pero al ver lo contenta que está y lo feliz que está haciendo a sus vecinos, decide no romper ese momento mágico. Los paisanos del pueblo, conscientes de la ilusión de Carmina, se unen con afecto al juego de seguirle la corriente.
El dueño del bar que pone copas de cava para celebrarlo, la peluquera con la que se funde en un abrazo y hasta el lotero que se viste con la camiseta del «Primer premio vendido aquí». El hijo y el nieto de Carmina se encargan de ir poniendo sobreaviso a todos los habitantes, para que se sumen a la fiesta. Y hasta la Guardia Civil se presta a escoltarlos en una alegre procesión hacia el faro, donde el pueblo entero celebra “el Gordo”. Al final, ese juego acaba por tocar sus corazones, y ese ejercicio de altruismo y de bondad hace que todos salgan de alguna forma renovados.
Lotería de Navidad ha vuelto a confiar en la agencia creativa Leo Burnett y en el director Santiago Zannou (ganador de un Goya), que ya se encargó del anuncio de 2014. Y, de forma aún más entusiasta que en años anteriores, la respuesta de los internautas ha sido fabulosa: sólo hace dos días que se publicó en la Red y ya contabiliza 3’8 millones de visitas.
«Anda que... como nos toque mañana...», dice una de las vecinas en la fiesta del faro. El anuncio se cierra con el lema de las últimas campañas: «El mayor premio es compartirlo». Y así nos hace llegar su mensaje de alegría, ilusión y solidaridad para estas fechas navideñas.
Una vez oí esta expresión en labios de una persona sabia: "El amor es ingenioso". Con el tiempo, he podido comprobar la profunda verdad que encierran esas palabras.
Cuando alguien siente un verdadero afecto hacia otra persona (el marido hacia la mujer, la mujer hacia el marido; un amigo hacia su amigo, hacia su padre o su hijo) la inteligencia se agudiza, la imaginación se explaya. El amor da alas a la memoria, al ingenio y a la prudencia. Y se sabe cómo acertar, cómo agradar al otro.
En la historia que nos narra este spot, una mujer cualquiera que pasa por la calle se siente movida por la triste situación de un vagabundo. Su amor le lleva a ver lo que otros no ven, a calar en una situación lamentable que a otros les pasa inadvertida. Pero no sólo se percata: el amor, que es ingenioso, le lleva a dar con la clave para solucionar la indigencia de aquel hombre.
Cuando el afecto se enriquece con la imaginación, ¡qué energía tan grande se libera en nuestras mentes!, ¡qué capacidad descubrimos en nosotros para resolver los problemas de los que amamos!
En este anuncio descubrimos también el inmenso poder de las palabras. Con ellas podemos herir, difamar, destrozar, aniquilar la reputación de alguien... y también llevar a cabo las acciones más elevadas: alabar, educar, compartir, comunicar, instruir, ayudar, deleitar, dialogar... Y, sobre todo, amar. ¡Qué importante es que el amor se exprese también en las palabras, que sepamos siempre usarlas en beneficio de los demás!
(JUAN JESÚS DE CÓZAR) Fundada en 1986, ha producido 17 largometrajes que han cosechado 16 premios Óscar, ocho Globos de Oro, 11 Grammy… Se trata de Pixar, la productora de referencia del cine de animación actual. El secreto del éxito de Pixar no está sólo en la deslumbrante calidad técnica de sus películas, ni en el enorme talento de sus creativos. El aspecto diferenciador hay que buscarlo en su filosofía empresarial: cohesión, colaboración, participación, libre comunicación, respeto y estima hacia los recursos humanos.
Pixar anima a sus trabajadores a llevar una vida equilibrada, a evitar la adicción al trabajo y a cuidar la dedicación a la propia familia, no sólo como estrategia para lograr un mayor rendimiento laboral sino porque pretende ser una empresa con rostro humano. El principal responsable de esta clarividencia antropológica es John Lasseter, miembro fundador de Pixar y actual productor ejecutivo. Por sus manos pasan todos los proyectos, de modo que los guiones, el diseño de personajes, el tipo de conflictos y el modo de resolverlos mantengan ese sello distintivo que se aprecia en todos los filmes de la compañía.
Este merecido prestigio convierte cada uno de sus estrenos en un acontecimiento mundial, ávidamente esperado por espectadores y exhibidores. Es lo que ha vuelto a ocurrir con “Buscando a Dory”. Esta secuela de “Buscando a Nemo” (2003) quizá no llegue al nivel de su predecesora, pero es algo que no parece importarle al público: los casi 400 millones de dólares recaudados en todo el mundo durante los primeros 10 días así lo atestiguan.
Dirigida también por Andrew Stanton y con música de Thomas Newman –que repite como compositor–, “Buscando a Dory” es una delicia que incorpora nuevos personajes originalísimos: un pulpo mimético, un tiburón ballena miope, una ballena con el sistema de ecolocalización estropeado, un pájaro despistado… Junto a ellos una genial Dory, que “sufre pérdidas de memoria a corto plazo”, y que quiere encontrar a sus padres con la ayuda del preocupón Marlin y su impulsivo hijo Nemo.
Todos estos seres imperfectos logran una “solidaridad marina” que ya quisiéramos los humanos. O quizá es precisamente eso lo que nos quiere transmitir la película: que la imperfección no es ningún problema y que la solución está en la actitud generosa.
Como es costumbre, Pixar nos regala al comienzo de la proyección el último cortometraje de la factoría titulado “Piper”: “inolvidable”, que diría Dory.
(JUAN JESÚS DE CÓZAR) “En 1939 la URSS y Alemania firmaron un pacto de no agresión. Solo una semana después comenzó la Segunda Guerra Mundial. En 1940 la Unión Soviética se anexiona Estonia y 55.000 ciudadanos estonios son movilizados por el Ejército Rojo. En 1941 Alemania ocupa Estonia durante cinco años y 72.000 ciudadanos estonios son movilizados por las fuerzas armadas alemanas. En 1944 el ejército soviético se presenta en las fronteras de Estonia.” Con esta información insertada en la pantalla comienza “1944”, una película estonia que fue candidata a los Oscars 2016 por su país y que llegará a nuestras salas de cine el próximo 1 de julio.
Elmo Nüganen, uno de los protagonistas de la excelente “Mandarinas” (2013), es el director de este film bélico que quiere recordar una vez más el sinsentido de la guerra. Y lo hace presentando los puntos de vista de unos soldados estonios condenados a combatir en bandos diferentes como involuntarios enemigos. “Esta no es nuestra guerra”, dice uno de ellos, mientras el espectador no puede dejar de pensar en dos de los individuos más perversos que ha contemplado el siglo XX: Stalin y Hitler.
Esta notable cinta coral combina las escenas bélicas –muy bien ambientadas y rodadas– con las reflexiones de los combatientes, sin dejar de apuntar también las dolorosas consecuencias del conflicto para la población civil. Pero si una guerra es capaz de sacar lo peor del ser humano, también es testigo de los comportamientos heroicos de personas corrientes, que muestran una lealtad a su conciencia a “prueba de bombas” y que arriesgan generosamente su vida por salvar las de otros. Es el caso de Karl Tammik (Kaspar Velberg) y de Jüri Jogi (Kristjan Üksküla), paisanos en ejércitos opuestos; este último es además protagonista de una delicada historia de amor.
Al final, los deseos de perdón y de paz quedan expresados mediante la voz en off y los acordes de un precioso Agnus Dei, porque “ninguna es nuestra guerra”. Y es que, como escribió San Juan Pablo II: “El diálogo, basado en sólidas leyes morales, facilita la solución de los conflictos y favorece el respeto de la vida, de toda vida humana. Por ello, el recurso a las armas para dirimir las controversias representa siempre una derrota de la razón y de la humanidad.”
(JUAN JESÚS DE COZAR).- Mohammed Assaf nació en Libia en 1989, pero a los cuatro años se trasladó junto a su familia al campo de refugiados Khan Younis, en la Franja de Gaza. Cantante de bodas en su adolescencia, su pasión por la música y su gran voz le permitieron alcanzar un sueño aparentemente imposible para un palestino de Gaza: participar en Beirut en el Arab Idol, un concurso similar a nuestra Operación Triunfo. La “hazaña” de Assaf, plagada de dificultades, merecía ser llevada a la gran pantalla y eso es lo que ha hecho Hany Abu-Assadal, un reconocido director de cine palestino con ciudadanía israelí que cuenta con dos filmes nominados a los Oscar: “Paradise Now” (2005) y “Omar” (2013).
Estrenada en España hace unos días, la película se mueve entre el realismo y el cuento de hadas, pero predominando siempre lo emocional sobre lo reinvidicativo. El director no oculta su intención de tocar la fibra del espectador desde los primeros minutos, contándonos algunos episodios familiares y la relación con sus amigos de la infancia, a través de unas escenas llenas de encanto y de inocencia. A la vez, no deja de mostrarnos las duras condiciones de vida de los habitantes de Gaza, y –años después– la devastación producida por la operación militar israelí “Plomo Fundido”, que destruyó miles de viviendas entre diciembre de 2008 y enero de 2009.
A lo largo de sus 100 minutos vemos desfilar una galería de bondadosos personajes que, directa o indirectamente, ayudaron a Assaf en su camino: sus padres, su hermana, un comprensivo funcionario, un generoso concursante palestino… Con estos apoyos y su firme determinación, Assaf no sólo persevera en su propósito sino que logra arrastrar a los habitantes de Gaza hacia una suerte de entusiasmo colectivo, uniéndolos a través de la música y de su simpatía. En este sentido, resultan elocuentes las imágenes de archivo que introduce el realizador sobre el seguimiento popular del concurso.
Tawfeek Barhom hace un buen trabajo encarnando al joven Assaf. Entre los secundarios resaltaría la presencia de Nadine Labaki, una actriz y directora libanesa cristiana, que compone un pequeño pero importante papel, y a la que vemos santiguarse en un momento dado: un detalle no superfluo en la línea del entendimiento entre unos pueblos tan necesitados de convivir en paz.
En un mundo en el que las catástrofes, la corrupción y lo negativo ocupa buena parte de los telediarios, se agradece de vez en cuando una bocanada de esperanza y optimismo. No es poca cosa: porque un pequeño acto de bondad, un simple gesto de compasión con el que sufre, puede cambiar toda una vida.
Con esta idea han trabajado los publicistas encargados de elaborar la nueva campaña de True Move, una compañía de comunicación tailandesa líder en el sector que continúa así una línea de publicidad que apuesta por los valores. Hace dos años comentamos aquí otra campaña de esta empresa, “Dar es la mejor comunicación”, que tuvo una extraordinaria aceptación popular: diez millones de visitas en dos semanas. Ahora repiten con otro emotivo vídeo que no deja indiferente a nadie.
Como en esa otra ocasión, la empresa ha decidido no publicitar ningún producto. Le basta con contar una historia (“storytelling”) que condense los valores de la marca. Su mensaje continúa el de la campaña anterior, y ellos lo resumen así: “Compassion is true communication”.
Por lo general, cuando una persona vive una situación límite, es capaz de sacar lo mejor y lo peor de sí mismo. Cuando la vida nos maltrata, cuando tenemos un golpe duro e inesperado, o cuando nos sentimos traicionados, nos resulta difícil confiar en los demás: no sabemos ya perdonar, y nos cuesta dar o, simplemente, sonreír.
Sin embargo, esta campaña nos muestra todo lo contrario. Nos dice que es posible cambiar: es posible dar sin esperar nada a cambio. Y nos lo dice sin palabras, por el gesto supera las diferencias de raza, lengua o cultura. Tal y como cuenta la hermosa historia que veréis a continuación, existe un lenguaje universal que trasciende todos los demás: el lenguaje de los gestos. Y un pequeño gesto de amor, de compasión, puede llegar a cambiar nuestra vida. Enhorabuena a True Move.
“Las películas son mucho más que entretenimiento: sirven para reforzar o socavar los valores de una sociedad. Como cineastas, tenemos una gran responsabilidad porque dejamos una impronta de imágenes y pensamientos que duran toda una vida” (David Puttnam, productor de La Misión y Carros de fuego).
“Si bien es cierto la publicidad refleja nuestros valores, lo hace siempre según criterios estratégicos. Esto plantea una importante cuestión: ¿qué valores son impulsados en la publicidad, y cuáles son deliberadamente relegados?” (Richard Pollay, autor de Advertising: The Distorted Mirror).