jueves, 19 de mayo de 2011

Los medios configuran el mundo de valores de los jóvenes

(Estracto del libro de Gerardo Pastor, profesor y ensayista, sobre Psicología de la comunicación y difusión de valores, Universidad Pont. de Salamanca, 2009).

Herbert Schiller investigó la conexión entre los medios de comunicación y el "imperialismo ideológico", cómo se puede influir en el cerebro de los ciudadanos a través del control de los mass media; desveló tácticas para la colonización de conciencias.

Si, pues, cabe la hipótesis de que los medios pueden convertirse en generadores de cultura y hasta en productores de acontecimientos, si es plausible la teoría de la “realidad mediática” que pinta a los medios de comunicación como demiurgos o creadores de lo que ocurre, es decir, como dispensadores del certificado de ser (en cuanto que algo o alguien no existiría si no sale en televisión), de lo que no cabe duda es que los medios sí que son transmisores de valores, creencias, ideas, criterios.

Agencias clásicas de socialización fueron siempre Familia, Iglesia y Escuela. Si antiguamente estas tres instituciones eran responsables prácticamente de toda la socialización infantil hoy están perdiendo, sin embargo, gran parte de su poder educativo a favor de otras agencias transmisoras de valores alternativos, sobre todo entre adolescentes y jóvenes a quienes afecta más su inmersión en pandillas de iguales y su exposición a los medios de comunicación (particularmente la telefonía móvil y la televisión) que los consejos recibidos de padres y profesores.

Cuando se pregunta por los agentes de socialización que más les impactan, los jóvenes ponen en primer lugar a la familia, en segundo lugar a los amigos (grupos de pares) y en tercer lugar a los medios de comunicación; sorprende el poco valor educativo que otorgan a la Escuela y a la Iglesia. A la pregunta “¿dónde se dicen las cosas más importantes, las ideas e interpretaciones del mundo?”, la respuesta que dieron fue:

—En casa, con la familia (53%)
—Entre amigos (47%)
—En los medios de comunicación (34%)
—En los libros (22%)
—En los Centros de Enseñanza (19%)
—En la Iglesia: sacerdotes, etc. (3%)

Los padres, sin embargo, se quejan de no ser escuchados, que apenas si pueden influir en sus hijos, que no hay nada que hacer cuando las pandillas de amigos les meten en la cabeza otras formas de entender la vida y las costumbres. De modo que, probablemente, los jóvenes, dando respuestas de “deseabilidad social” sobrevaloran el influjo que, de facto, sobre ellos ejerce la familia y, por el contrario, no son conscientes de su extremado conformismo al grupo de iguales.

No es que mientan en las encuestas; simplemente los jóvenes no se dan cuenta de su conformidad a la “tribu urbana” (o cohorte juvenil), no aprecian hasta qué grado extremo se pliegan a su influjo.

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